Paso a paso hacia el partido único
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 08 de abril de 2008, 20:39h
El día no era propicio para ejercer la oposición, es cierto. A poco que dijera Rajoy, que dijo poco, podía salir Zapatero, como salió, argumentando: "Oiga usted, yo he ganado. A mí no me diga nada, dígaselo a los españoles que me han votado más que a usted"
Pese a ello, había dos modelos de alegato opositor. El primero, el que podríamos definir como el discurso de la cesta de la compra. "Lo que realmente interesa a los españoles", en palabras de Rajoy. Un esquema que vale tanto cuanto dura el problema concreto, y que tanto sirve para una crítica hoy como puede tornarse en un obligado elogio mañana, dependiendo del precio de los garbanzos. Para entendernos, y recordando las hemerotecas, una oposición muy fraguista, de la que se puede recordar una señalada pieza oratoria cuando la derecha transitaba por la oposición eterna sobre, precisamente, los garbanzos.
El segundo discurso, tan incómodo como perentorio era sencilla y exclusivamente sobre el futuro de España como Estado unido y solidario, frente a la idea sentimental de España de Zapatero, disuelta en la plurinacionalidad, plurisoberanía, plurieconomía y plurijusticia que empezó a diseñarse en la pasada Legislatura y que terminará en las siguientes.
Las sombras chinescas del parlamentarismo formal engendran monstruos. "No se moleste, señor presidente, pero tiene usted un poquitín de inflación". "De ninguna forma, señor Rajoy, mi inflación está estupenda, y usted tuvo más hace once años". "Como parece que discrepamos, le ofrezco un pacto de Estado". "De ninguna forma, el pacto se lo propongo yo. Y cinco más".
Y así empieza la Legislatura, con la bandera del consenso.
Y ¿qué significa el consenso? Pues que el Gobierno propone, y la oposición acepta o, si no lo hace, es intransigente y antipatriótica. Y si el pacto sale, pese a todo, aparece la indispensable pregunta: ¿para qué hace falta la oposición, esa institución democrática llamada a controlar los abusos del Gobierno y no para hacerle la ola mientras manda?
Si en España se resuelven todos los problemas con pactos de Estado, realmente es más barato tener un partido único, aunque con distintas corrientes y sensibilidades internas sobre el precio de los garbanzos.
Y si no es así, que no lo es, es exigible pedir al Gobierno que gobierne, y no haga eslóganes sobre la paz, la decencia y la ley de dependencia. Y a la oposición, que se oponga, en lugar de mandar respetuosas instancias a La Moncloa para ver si le hace algún caso alguna vez.
No digo que el trabajo de Rajoy sea fácil, y menos cuando tiene el patio trasero por ordenar. Pero también creo que le votaron más españoles por defender una determinada idea de España y un modelo de gobernación que los que lo hicieron por la hipoteca.
Los asesores de Rajoy pueden tener razón, y no yo. Los garbanzos pueden ser la clave. Bien defendida esta idea se podría llegar al "pacto del cocido" con el PSOE, a condición de que la carne se la coma Zapatero ésta, la próxima, la siguiente Legislatura y hasta que el cuerpo le aguante el atracón.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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