Algo se mueve en Rusia
domingo 11 de diciembre de 2011, 09:00h
Las manifestaciones que tuvieron lugar ayer por toda Rusia denunciando las irregularidades de las últimas elecciones suponen un hito en la historia del país. Desde el intento de golpe de estado dado por los comunistas contra el entonces presidente Mijaíl Gorbachov en 1991, no se recordaba una movilización callejera semejante. Especial relevancia tuvo la celebrada en Moscú donde, desafiando las múltiples amenazas gubernamentales, miles de personas alzaron su voz contra una manipulación electoral cada vez más evidente.
Putin tiene un problema. Que no es, como repite machaconamente, la ingerencia norteamericana que, a su juicio, es la que está agitando a las masas, sino las carencias democráticas de Rusia. Unas carencias provocadas en buena medida por sus métodos aprendidos al frente del KGB; dicho de otro modo, una suerte de totalitarismo con barnices democráticos. La represión de ayer tuvo tintes tan siniestros como ridículos: sin ir más lejos, se amenazó con juzgar por tribunales castrenses a los jóvenes que “alborotasen” y estuviesen en edad militar, y desde las autoridades sanitarias se desaconsejó la asistencia a las protestas “por el riesgo que comportaban las bajas temperaturas”.
El problema, pues, es el sistema en sí mismo. Bien es verdad que la digestión del comunismo es harto complicada, pero entre la corrupción por un lado y los tics totalitarios del pasado por otro, a la sociedad rusa le cuesta mucho avanzar. Lo ha intentado en estas últimas elecciones, mostrando su descontento en las urnas, pero el “establishment” ruso -casi habría que decir “soviético”- lo ha impedido. Y ya va siendo hora de que en Rusia haya una democracia como es debido.