Confusión en Turquía
sábado 07 de enero de 2012, 09:34h
Hay muchas más sombras que claros en la detención esta semana del ex jefe del Estado Mayor turco, Iker Basbug. Al militar se le acusa de sedición y de intentar desestabilizar al gobierno con la creación de varias páginas web con un contenido altamente subversivo. No es el único; militares de alta graduación, intelectuales y algunas personalidades relevantes han sido igualmente puestas bajo arresto, con el argumento de que podrían estar también involucrados en la intentona golpista.
De un tiempo a esta parte, Turquía ha sabido hacerse un hueco en la escena internacional. Erdogan se ha arrogado para sí la representación del islamismo “moderado” -con todos los matices y salvaguardas que tal término comporta-, adquiriendo un protagonismo que va en aumento cada día y que empieza a corresponderse al peso del país. Ese protagonismo sería aún mayor si Ankara avanzase por la senda de la democracia con mayúsculas, en lugar de abusar de su posición.
Geopolíticamente, la importancia de Turquía es incuestionable. Aún así, le queda mucho por hacer. La transparencia informativa brilla por su ausencia; razón ésta por la que resulta complicado inferir hasta qué punto la intentona golpista es real o se trata de una purga encubierta del gobierno contra quienes piensan diferente. El tema de los derechos humanos sigue siendo una asignatura pendiente y, de cara a Occidente, el discurso antisemita de Erdogan y sus críticas hacia Europa no ayudan en absoluto. Es imprescindible que haya estabilidad en Turquía. Pero también lo es que avance, en lugar de querer volver a la época de los “Jóvenes Turcos” del pasado siglo. La noción del Ejército como representante de la Voluntad General (de la Patria) es una legado roussoniano anacrónico que pudo ayudar a occidentalizar al país hace casi un siglo pero ahora no hará más que retrasar la incorporación de Turquía al lugar que le corresponde.