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AENA puede esperar pero…¿hasta cuándo?

martes 24 de enero de 2012, 01:20h
La ministra de Fomento, Ana Pastor, decidía suspender los concursos para las concesiones de los aeropuertos de Barajas -Madrid- y El Prat -Barcelona-, ante las malas perspectivas económicas de la actual coyuntura. Se pone así fin a uno de las últimas –y cuestionadas- decisiones de la era Zapatero, cuyo titular del ramo, José Blanco, pretendía dejar a AENA sin las dos joyas más importantes de su corona -Barajas y El Prat-, vendiendo su gestión rápidamente al mejor postor: una decisión cuestionable, y quizá precipitada, pero bien intencionada, en la medida que contribuye a disminuir el déficit y a controlar el gasto.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder, AENA era una de las empresas públicas más rentables. Presentaba un balance saneado y sus cuentas eran francamente buenas. Hoy AENA está en números rojos, fruto de una calamitosa gestión plagada de injerencias políticas. Pero sigue teniendo un gran potencial. Precisamente por ello, se ha cuestionado la estrategia de descapitalizarla, privándola de sus dos activos principales.

Con todo, las deficiencias de la política aeroportuaria española no son achacables únicamente a la administración central. Desde ámbitos autonómicos y locales se han auspiciado proyectos tan ruinosos como los aeropuertos de Castellón, Ciudad Real o Huesca entre otros muchos. Una factura demasiado elevada para tan exiguo -mejor dicho, nulo- beneficio. Urge, pues, insuflar algo de racionalidad en un sector a la deriva desde hace ya mucho. Máxime cuando hay facturas de un vencimiento mucho más acuciante: sanidad, seguridad social, etc. Los ciudadanos quieren hospitales y escuelas, que no dedicarse al negocio de puertos u aeropuertos. No se trata de malvender AENA, pero tampoco permanecer gestionando algo de lo que se puede obtener una gran rentabilidad -el aeropuerto londinense de Heathrow, por poner un caso, es de gestión privada, española a la sazón, y ello no implica merma alguna en la soberanía del espacio aéreo británico-. Si la intención espera poner AENA en valor, bien, pero que no se caiga en la tentación de seguir la estela del intervencionismo económico, aferrados a monopolios de otra época que no trajo más que décadas de subdesarrollo y miseria. Eso si, con muchas banderas nacionales ondeando entre la pobreza.
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