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RESEÑA

Ignacio Martínez de Pisón: El día de mañana

domingo 12 de febrero de 2012, 16:35h
Ignacio Martínez de Pisón: El día de mañana. Seix Barral. Barcelona, 2011. 377 páginas. 24 €

Carme Román, uno de los personajes de El día de mañana, señala, refiriéndose a la papelería que tenían sus tíos en la barcelonesa calle Tallers, y en la que ella trabajó: “El sitio me encantaba […] Era aquél un pequeño mundo, ordenado y perfecto”. En contraposición, no es precisamente un universo “ordenado y perfecto” el que se refleja en la última entrega narrativa del escritor zaragozano, afincado en Barcelona, Ignacio Martínez de Pisón. El mundo donde nos sumerge el autor aparece tan complicado, y hasta caótico, como fascinante, por la multitud de aristas y trasfondo que presenta: la novela se desarrolla en los estertores del régimen franquista y comienzos de la Transición, ámbitos en los que ya se internó en anteriores títulos como Dientes de leche y El tiempo de las mujeres. Esta decisiva etapa está poblada de variopintos personajes y numerosos sucesos, antesala de ese “día de mañana”, que abre una nueva época en nuestra reciente Historia.

El protagonista de la novela es Justo Gil, un emigrante que llega a la Ciudad Condal en ese convulso momento, acompañado de su muy enferma y anciana madre, que sufre una lesión cerebral, y a quien su hijo cuida con esmero, preocupándose de encontrarle curación a su dolencia por todos los medios, incluso por los más esotéricos, como acudir a una vidente que supuestamente realiza milagros. Justo Gil tiene que poner su máximo esfuerzo en la supervivencia, por lo que desempeñará todo tipo de trabajos y se implicará en fracasados negocios hasta, finalmente, convertirse en confidente de la Brigada Social, policía política del franquismo, entre la que será denominado “El Rata”.

Para darnos a conocer la trayectoria y el carácter de Justo, Martínez de Pisón ha elegido mostrarlos a través de varias voces de distintas personas que le trataron: Martín Tello, Pascual Ortega, Pere Riera, Carme Román, María Antonia Mir, Elvira Solé, Mateo Moreno, Toni Coll, Eliseu Ruiz, Marc Jordana, Hilario Lazcano, Noel León y Manel Pérez. Parientes, amigos, novias, policías, revolucionarios “a la violeta”, activistas… forman un amplio caleidoscopio de perspectivas que componen una ambiciosa novela coral. Hay que resaltar el acierto de este enfoque, en cuyo fondo subyacen el unamuniano misterio de la personalidad y las siempre inquietantes preguntas de ¿cuántos rostros tiene una persona?, ¿cúal es el verdadero?, ¿podemos conocer realmente a alguien? Es verdad que Justo Gil es un trepa, un arribista, y que su catadura moral deja mucho que desear, no ya solo por su condición de delator- mezclándose además en sus acusaciones motivos personales- , sino por su comportamiento con algunos de quienes incluso le ayudaron. Pero el Justo Gil - que guarda concomitancias, sin perder su singularidad, con el Pijoaparte, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, y con el Onofre Bouvila, de La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza- emergente de ese conjunto de voces no es de una pieza. Martínez de Pisón, y así lo ha demostrado a lo largo de su consistente itinerario narrativo, sabe que un personaje sólido y creíble nunca puede ser de cartón piedra, sin los recovecos que todo ser humano encierra.

No menor acierto en esta novela, para la que el autor de títulos como Carreteras secundarias y Enterrar a los muertos, entre otros, se ha documentado sobre la época –al final del libro se recogen una serie de obras al respecto- es que las figuras que nos acercan a Justo Gil son mucho más que meras comparsas. Cada una de ellas –destacaría en especial a Carme Román y a Mateo Moreno- tiene personalidad e historia propias. El día de mañana ofrece así un conseguido fresco que da cabal cuenta de la destreza narrativa de Ignacio Martínez de Pisón.


Por Rafael Fuentes
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