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Crisis del euro

La recesión pone a todos contra la austeridad de Merkel

lunes 20 de febrero de 2012, 17:24h
Alemania, principal economía europea y ‘locomotora’ que arrastra a todas las demás, obtuvo el compromiso de limitar los déficits de los países miembros de la Unión Europea, excepto de Reino Unido y República Checa. Ahora, los líderes de los distintos países europeos tantean cómo convencer a Merkel de que se puede lograr la ‘cuadratura del círculo’ y aunar recortes para sanear las cuentas, a la par que se toman medidas de estímulo para la economía.

En el caso español, las prioridades han virado: la contundencia con que se defendía que se cumplirá el objetivo de déficit, se ha pasado a insinuar que el objetivo del déficit es negociable y que son necesarias políticas de estímulos al crecimiento.

¿Las razones para este golpe de timón? Son claras: el Banco de España prevé que la economía caerá un 1,5% en 2012, mientras que el Fondo Monetario Internacional, decrecerá un 1,7%. En 2011, con un crecimiento exiguo –pero crecimiento-, del 0,7% se destruyeron unos 600.000 empleos, por lo que en una recesión se espera que caigan muchos puestos de trabajo más. Y todo ello en un contexto de récord de parados en España. En todos los manuales de Economía se conviene que los ajustes son medidas restrictivas y, por tanto, destruyen empleo, con lo que conviene cierto cambio de rumbo.

Pero el ahogo de la economía debido al ajuste duro impuesto por Merkel no es tan sólo un problema español. Cada vez más voces están en contra de la radicalidad de Alemania. Entre ellas el FMI, que, ante la deceleración de la recuperación económica, aboga por suavizar los ajustes y dar prioridad a medidas de estímulo.

Son muchos los críticos con las medidas que impone Alemania al resto de la eurozona. Uno de los primeros que se opusieron desde el principio a la austeridad alemana fue el premio Nobel Paul Krugman, que conecta desde su tribuna habitual en el New York Times la recesión europea con las medidas que impone Angela Merkel. En su opinión, no se deben hacer recortes cuando la economía está en recesión sino en etapas de bonanza, momento de ajustar el déficit.

El Gobierno de Barack Obama, que también tuvo sus particulares problemas con las cuentas públicas, al alcanzar el límite de endeudamiento y conseguir ‘in extremis’ el permiso del Congreso y el Senado para poder seguir emitiendo deuda, tampoco está de acuerdo con la política austera que se practica en Europa, a la que ve con gran preocupación.

Pero ya en España otras voces se adelantaron a los posibles efectos perniciosos de la austeridad a cualquier precio. El economista Ramón Tamames dijo a este diario el pasado verano que “hacen falta estímulos, sólo con la austeridad vamos a otra recesión inducida por el Gobierno”.

Las razones de Alemania
Pero Alemania tiene sus razones para la severidad. Los déficits y las deudas ingentes de los países desarrollados provienen de las medidas de estímulo para combatir la crisis en primera instancia, allá por 2008. Todos los países del euro se comprometieron a no rebasar el 3% de déficit anual, y el 60% de deuda total, unos porcentajes que no cumple ninguno de los países desde que la crisis comenzó a hacer estragos en todo el mundo. Excepto Alemania. La ‘locomotora’ europea consiguió reducir su déficit, que en 2012 se sitúa en el 1%. Sin embargo, otras economías potentes, como la francesa, que actualmente registra un 4,4%, tampoco conseguirán llegar al objetivo deseado en 2013, según el FMI.

Es decir, los supuestos macroeconómicos que sostienen una moneda tan fuerte como el euro, entre las tres divisas principales del mundo, no se cumplen desde hace tres años. Esta circunstancia, unida a la ‘quiebra’ de facto de Grecia y a los problemas de otros países como Irlanda, Portugal o la propia España, pone en duda que el euro sea viable.

Pero los críticos con las políticas de endeudamiento público, cercanos, por ejemplo, a los economistas de la escuela austriaca, como Friedrich Hayek, gran rival de John Maynard Keynes, van más allá: el estímulo público no funciona.

Es la postura de jóvenes economistas como Álvaro Lodares que, en declaraciones a este diario aseguran que “esta crisis ha demostrado el fracaso del intervencionismo y de lo que conocemos popularmente como ’Estado del bienestar’, creo que se ha demostrado que las políticas expansivas de gasto dan muy mal resultado, por no decir catastrófico”.

Sin embargo, la urgencia de algunas sociedades como la española por crear empleo han llevado a intentar ganar el favor de Merkel para flexibilizar los objetivos de déficit y poner las cuentas por detrás de los ciudadanos y el empleo.
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