Grecia, es la hora de la responsabilidad
martes 21 de febrero de 2012, 19:15h
En la madrugada de hoy martes, todas las partes llegaban a un acuerdo que salvaba a Grecia del abismo de la suspensión de pagos o de la ruptura del euro por el eslabón más débil, que es el heleno. El acuerdo es humillante para aquél país. Y, sin embargo, responde a una lógica aplastante, a la luz del comportamiento de los sucesivos gobiernos griegos.
En primer lugar, la responsabilidad es de los gobiernos que permitieron, y alimentaron, un crecimiento elefantiásico del Estado, sin hacer las reformas que hubieran dado a aquélla economía la oportunidad de ser productiva. Luego de los gobiernos que prometieron recortes que no llevaban a cabo, que recibían dinero de rescates para destinarlo donde no debían y que utilizaban su propio desastre como argumento para no asumir más sacrificios. Ese comportamiento ha forzado al FMI, el BCE y la Comisión Europea, la famosa troika, a asumir un control creciente de la gestión económica de Grecia. ¿Soberanía, gritan muchos griegos?. Y, en efecto, cuando uno es deudor de una manera aguda y se comporta de manera irresponsable, pierde soberanía.
Pero así como Grecia ha caído en el chantaje de quemarse a lo bonzo por medio de la salida del euro y la devaluación, Europa ha acabado por rescatarse a sí misma, pues no quiere ver cómo el gran proyecto económico común, que es la moneda única, se viene abajo. Sin embargo, no se ha llegado al punto final del asunto, sino a uno de tantos puntos y seguidos que quedan aún por escribir. En primer lugar porque, como ya se dice, Grecia necesitará todavía más dinero para salir adelante. En segundo lugar porque los recortes probablemente tampoco sean suficientes. Y en tercer lugar porque todavía está por atenderse el más grave de los problemas de aquél país, que pasa por conseguir que su economía sea verdaderamente productiva.
Y aún entonces, cuando se encaucen estas tres claves, cuando le sobrevenga al país el empobrecimiento generalizado fruto de las malas decisiones y de los excesos del pasado, todavía quedará por atender el problema fundamental. Que no es otro que la asunción, por parte del pueblo griego, de que no puede ni debe pedir a la clase política beneficios sociales que no puede asumir con los frutos de su trabajo. Que tienen el derecho y la oportunidad de encontrarse con la prosperidad, pero que para ello tendrán que cambiar radicalmente la moral de subsidio, pillaje y ocultación en que se han movido en las últimas décadas. Si no afrontan con honradez ese debate, no habrá rescate europeo que pueda ser eficaz.
Es evidente que hay muchas divergencias de comportamiento entre Grecia y sus socios europeos. Pero –no nos engañemos- también hay similitudes; incluso, con los más prósperos y ordenados: los europeos tienen que comprender que, con la pirámide de edades que presentan sus sociedades, no se puede mantener unos beneficios sociales de esta envergadura. Los europeos tendrán que elegir porque todo no se podrá subvencionar.