Anagrama. Barcelona, 2022. 132 páginas. 16,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Aránzazu Miró
Si teníamos noción de qué y cómo es Benidorm, Esther García Llovet nos ofrece su retrato. Un retrato implacable, donde entenderemos su urbanismo, su vida, su manera de ver pasar el tiempo. «No se enteran de que no hay más que eso, que tiempo». Donde por supuesto hay malos, pelotazos, droga, mafia rusa, y sobre todo corrupción. Tramoya y escaramuzas. Pero también humanidad y rastreo de sentimientos. Y una fascinante caracterización de personajes, de situaciones, de simbologías que nos permiten captar como en una fotografía con sonido la ambientación de ese mundo.
Estamos ante una novela negra con moraleja final y cierta perspectiva positiva de que el amor salvará el mundo. La protagonista es una policía corrupta. Conoceremos sus trapicheos, sus relaciones, su manera de vivir, pero también a su familia, su necesidad de estima.
Estamos ante una novela negra en la que se suceden los absurdos de una trama de corrupción con mafia rusa por medio, amantes, celos y venganzas, y un trasfondo de desamor familiar. Que acabará como no podía ser de otra forma -¿se puede decir?: mal-, pero con briznas de esperanza. Espectacular el final. Espectacular la forma narrativa en que llega a él, en que nos vapulea, en que nos deja con la boca abierta mientras la autora da un giro de tuerca para retrotraernos y contarnos ese otro fin de la historia que sucede en otro lado. La razón de la maldad o que en realidad nadie es tan malo como aparenta, incluso ante sí mismo.
Con Spanish Beauty, Esther García Llovet inicia una Trilogía sobre los países del este tras haber publicado en estos últimos años -también en Anagrama- su Trilogía instantánea de Madrid, (Cómo dejar de escribir, 2017, Sánchez, 2019 y Gordo de feria, 2021) donde había destripado los bajos fondos de esta ciudad, en un proceso de interés creciente. El salto al paraíso de la corrupción urbanística, de los usos y maneras de la mafia y la droga le permite una pintura incisiva y directa de este Benidorm real. Lo consigue con esa escritura de frases cortas, directas, de descripciones brillantes, fotográficas y con diálogos incisivos, que pueden ser simplemente pensamientos en voz alta, pero que resultan reales hasta en la construcción gramatical de la lengua de la calle.
Un resultado excelente. Todo fluye en la descripción de Benidorm, «la ciudad que nunca duerme, la ciudad con todos los husos horarios a la vez, la ciudad de los bares abiertos hasta pasado mañana». Todo fluye, incluso las bromas: «Los rusos muermos se parecen todos pero los rusos alegres se divierten cada uno a su manera».