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NOVELA

Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir

domingo 12 de febrero de 2017, 16:12h
Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir

Anagrama. Barcelona, 2017. 134 páginas. 15,90 €.Libro electrónico: 9,99 €.

Por Daniel González Irala

Decía Ana María Matute algo así como que hay que inventarse la vida, pues acaba siendo verdad. A sabiendas de que esta frase puede parecer irónica para comentar el último libro de Esther García Llovet, malagueña de 1973, quién parece operar más desde la negación como principio general de autoayuda que tienen ciertos best-sellers, desde el punk y esa necesidad de leer y releer a Roberto Bolaño, existe algo cómico en la consideración de estos personajes dentro de una trama en la que pocos de ellos acaban siendo lo mismo al principio que al final. De ahí que la frase de la gran escritora catalana sea aquí convertida menos en referencia, que en sesudo objeto de estudio.

Con una ironía punzante, se nos cuenta la historia de Renfo, un descolocado corredor de fondo (se recorre haciendo deporte gran parte de la ciudad de Madrid) que bebe los vientos (que también terminan por no ser tales) por Claudia. Debido a que es hijo de Ronaldo, el autor de éxito latinoamericano que no sabe cómo dejar de escribir para empezar a actuar, se acercará de forma natural a miembros de la flora y fauna literaria más estrambótica, disímil y excéntrica de la ciudad que es capital de España, refugio aún hoy como todos sabemos de noctívagos y gente (la autora huye del topicazo y eso se agradece) de mal vivir. Entre ellos destaca Curto, un expresidiario a quién la trena le inspiró en su día una novela por la que dejó de escribir y VIPS, un mendigo que encuentra pidiendo en un establecimiento del mismo nombre de la calle López de Hoyos y al que a partir de la loca sospecha de un accidente, Renfo abre las puertas de su empatía. También está el abuelo del protagonista, Pascal, que oficiará como padre, dado que Ronaldo parece estar más ocupado en ser famoso.

Dividida en tres divertidas partes, da la impresión de que estructuralmente todo empieza como acaba; partiendo que estamos más ante un diario o cuaderno de campo que, jugando a desbarrar, servirá a Renfo para acompañar en un futuro a Claudia a su terapia de grupo, la rareza de estilo así como la necesidad de dar voz a un hombre que de tan complejo puede llegar a ser simple, nos hace preguntarnos si es él realmente el protagonista de esta novela, pues lo que en ella aparece son seres, fuerzas cósmicas que cual fuegos de artificio (el logro está en lo que realmente el conjunto de estos movimientos crea en nuestra cabeza) implosionan en el lector menos habituado a la transgresión en literatura.

Seleccionada para su publicación tras el fallo del Premio Herralde de Novela 2016, su autora, que ya ha publicado en otras tres editoriales independientes, juega a no salirse de la economía y concisión en el lenguaje, algo que la hace ser rompedora por principio lector. De hecho todos sus libros son cortitos, lo que da debida cuenta de su propio compromiso vital, que nace casi resquebrajado, como escritora.

Cuando Renfo habla de su padre al comienzo de la novela nos dice: “Yo pensaba en lo poco feliz que era, o al menos en la poca necesidad que había tenido de ser feliz, si es que no es eso desdicha”. Desde este momento su relación con el mundo cambia no necesariamente a mejor.

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