Destino. Barcelona, 2022. 576 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 10, 99 €. La exitosa autor de la “Trilogía del Baztán”, nos ofrece una impactante trama en la línea del “true crime”, basada en los crímenes del asesino en serie escocés denominado John Biblia. Y crea otro gran investigador, Noah Scott Sherrington, que nada tiene que enviadar a la carismática Amaia Salazar. Por Adrián Sanmartín
Tras estudiar, pero no terminar Derecho, Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) se desenvolvió profesionalmente en el mundo de la gastronomía. Pero, al final, encontró su lugar en el de la literatura, convirtiéndose su Trilogía del Baztán -formada por El guardián invisible (2012), Legado en los huesos (2013) y Ofrenda a la tormenta (2014)-, en un fenómeno que traspasó la literatura e hizo del valle del Baztán, en Navarra, una suerte de territorio mítico, con viaje turístico incluido. Tras una acogida multitudinaria por parte de los lectores, obtuvo el premio Planeta con Todo esto te daré (2016), y tres años después dio a la imprenta La cara norte del corazón
Todos esos títulos se inscriben en el ámbito del policiaco, del que Dolores Redondo ha confesado ser lectora desde su adolescencia. No obstante, su primera novela, Los privilegios del ángel (2009) -con cierto trasfondo de vivencias autobiográficas-, no es de este género, recuperada recientemente al calor de sus éxitos, sobre todo de la Trilogía del Batzán, que incrementó su popularidad gracias a sus versiones cinematográficas de la mano de Fernando González Molina. De los ángeles pasamos a los demonios, sin duda más atractivos literariamente porque como ha señalado la propia escritora donostiarra: “El mal nos fascina porque es un instinto que identificamos en nosotros mismos”.
Al mal se tiene que enfrentar la inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, espléndido personaje creado por Dolores Redondo, y, sin duda, uno de los mayores aciertos de sus novelas. La vemos actuar en la Trilogía del Baztán y en La cara norte del corazón, una suerte de precuela de las anteriores, en la que el escenario del valle navarro se combina con Nueva Orleans, al igual que el pasado –se nos descubre qué le pasó a Amaia cuando de niña se perdió en el bosque- y el presente con su investigación en la ciudad norteamericana. En el universo de lo policiaco, resulta fundamental contar con un investigador que despierte el interés, y hasta la empatía, del lector y que tenga su singularidad. Lo que no es fácil, pues el noir está poblado de detectives, policías... perfectamente perfilados. La lista sería interminable. Sírvanos recordar, sin salir de nuestras letras, a la pareja de la Guardia Civil Rubén Bevilacqua, Vila, y Virginia Chamorro, protagonista de la serie ideada por Lorenzo Silva, cuya última entrega hasta ahora es La llama de Focea.
En La cara norte del corazón, el contexto era una Nueva Orleans golpeada por el huracán Katrina y en Esperando al diluvio nos encontramos con una fortísima tormenta que arrasó e inundó Bilbao en 1983. En el prólogo a la novela, Dolores Redondo recuerda el viaje que de adolescente y sola por primera realizó por esas fechas a Galicia y cómo al volver en el tren se iba acercando a un Bilbao destrozado. Y nos confiesa que empezó a fraguar Esperando al diluvio en ese viaje. De ahí que siempre se defina como “una escritora de tormentas”.
El huracán y el diluvio son el “mal” que produce la Naturaleza, pero quizá peor aún es el que desata el propio ser humano. Como el personaje real al que la prensa llama John Biblia –parece ser que alguien le oyó declamar pasajes bíblicos-, y que entre 1968 y 1969 violó, golpeó y asesinó a tres mujeres, Patricia Docker, Jemima MacDonald y Helen Puttock, en la localidad escocesa de Glasgow, con el mismo modus operandi. Las víctimas tenían entre los 25 y los 32 años, eran morenas, y las contactó en el Barrowland Ballroom, una popular sala de baile de la ciudad, y en el momento de su muerte todas tenían la menstruación. La intensa investigación llevó a pensar a que este asesino en serie era el violador y criminal confeso Peter Tobin, pero finalmente la policía descartó esta hipótesis. Nunca se ha sabido quien es John Biblia ni ha caído sobe él el peso de la justicia por sus horribles crímenes.
En Esperando al diluvio, a Amaia Salazar la sustituye el policía escocés Noah Scott Sherrington, empeñado en dar caza a John Biblia. Justo cuando está a punto de detenerlo, le falla el corazón y el asesino escapa. ¿A dónde? Muy posiblemente al Bilbao de 1983 -donde estallará la tormenta-, escenario, junto a Glasgow, en el que nos sumerge la última novela de Redondo. Hasta la ciudad vasca se desplaza Noah Scott Sherrington, con quien la escritora donostiarra consigue de nuevo crear un excelente personaje que por derecho propio forma ya parte de la galería de grandes detectives
En la línea del true crimen, pero haciendo uso también de una creíble invención Dolores Redondo, nos ofrece una historia repleta de acción, que se lee sin aliento.