Opinión

Lo que enseña una rumba

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 02 de julio de 2023

A veces una canción puede enseñarnos mucha historia. Por ejemplo, “Indépendance Cha Cha”, una rumba congoleña que se convirtió en el himno oficioso de las independencias africanas desde 1960. Si el panarabismo tuvo a Um Khaltoum y la emisora “La voz de los árabes”, los africanos tuvieron esta canción de Jospeh Kabasele, apodado “El Grand Kalle”, y su banda “L´African Jazz”. Fundada en 1953 en Leopoldville, la actual Kinshasa, era uno de los grandes grupos de música africana que combinaba los estilos de la modernidad -el jazz, por ejemplo- con las riquísimas tradiciones africanas. En realidad, era como un viaje de ida y vuelta porque el jazz, como el blues y el soul, provenían de los descendientes de los esclavos llevados a América. En realidad, África estaba en el comienzo y el final del proceso creativo.

La letra de “Indépendance Cha Cha”, cuyo ritmo pegadizo y un poco juguetón invita al baile y la charla, va enumerando a los líderes de los distintos movimientos que condujeron a la independencia. No faltan Patrice Lumumba (1925-1961), cuyo asesinato es uno de los episodios más terribles de la Guerra Fría, ni Moise Tshombe (1919-1969), que proclamó la independencia del rico territorio de Katanga. En 1960, sin embargo, el Congo rebosaba de esperanza. La Mesa Redonda Belga-Congoleña que se reunió entre enero y febrero y entre abril y mayo de 1960 concluyó con la aceptación de la independencia del país africano. Los grandes movimientos congoleños, la Alianza Bakongo, de Joseph Kasa-Vubu, (1917-1969), primer presidente de la República, y el Movimiento Nacional Congoleño, de Patrice Lumumba, vertebraron un frente que condujo al Congo a la libertad el 30 de junio de 1960. La canción los menciona junto a los líderes. A Tshombe, por cierto, le faltó tiempo para proclamar, menos de un mes después, la secesión de Katanga. El Congo aspiraba a la independencia, pero no conocería la paz. Al contrario, se convirtió en uno de los campos de batalla de la Guerra Fría. Allí se ensayó con terrible crueldad y violencia el nuevo modelo de dominación: el neocolonialismo. Las influencias de los Estados Unidos de América, la URSS y Bélgica -donde los intereses industriales estaban simbolizados por la Unión Minera del Alto Katanga, uno de los grandes apoyos de Tshombe en su proyecto secesionista- condicionaron la evolución del país desde el mismo momento de la independencia.

Desde entonces, la República Democrática del Congo, que se llamó Zaire durante el tiempo de Mobutu Sese Seko (1930-1997, presidente entre 1971 y 1997), viene librando una lucha política, económica y social por la independencia. Podríamos recordar, por ejemplo, la intervención militar cubana entre 1964 y 1965, donde participó el Che al frente de un destacamento, pero tenemos ejemplos más recientes. Desde 1996, en que Laurent Desiré Kabila (1939-2001), con apoyo de Uganda y Ruanda, derrocó a Mobutu Sese Seko hasta la actualidad, el país ha sufrido pérdidas humanas que superan los seis millones de personas. A esa Primera Guerra del Congo (1996-1997), le siguió una Segunda Guerra del Congo (1998-2003) y, desde entonces, la injerencia extranjera no ha cesado ni, por lo tanto, lo ha hecho la violencia, que ahora está reducida a la provincia de Kivu del Norte, donde la organización terrorista Movimiento 23 de Marzo, de nuevo con apoyo extranjero, trata de desestabilizar la zona de frontera con Uganda y Ruanda. No son pocos los que siguen aspirando a las riquezas del Congo desde los diamantes y el oro al coltan, la casiterita, el cobalto y el zinc.

Sin embargo, la esperanza encarnada en aquel 30 de junio de 1960 sigue resonando en esta rumba que los congoleños bailan cada 30 de junio para celebrar la independencia. Cuando uno los ve celebrando ese día, hay algo de aquellas décadas pasadas, de aquel deseo de libertad y progreso, que no ha desaparecido. En Europa se dice a veces que las identidades nacionales africanas son artificiales dando a entender que el clan, la tribu o el pueblo prevalecen frente a la nación. Me parece que el caso de la República Democrática del Congo lo desmiente. Más allá de las diferencias culturales que pueden existir entre sus habitantes, la terrible experiencia de la colonización belga, el anhelo de libertad y el sufrimiento de las décadas de guerras y conflictos, han forjado una verdadera identidad nacional.

Sin embargo, el nacimiento de la República del Congo aquel 30 de junio de 1960, que después pasó a llamarse República Democrática del Congo, era algo más que la llegada de un nuevo miembro de la comunidad internacional. Se trataba del símbolo de una nueva etapa en la historia del continente. Al poco tiempo, en diciembre de aquel año, llegaría la Resolución 1514 (XV), que ha pasado a la historia como la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”. Así, el camino a la independencia de la mayor parte de África comenzó al ritmo de esta rumba alegre y optimista, cuyo estribillo dice “independencia cha-cha, la hemos ganado/ independencia cha-cha, la hemos logrado”.

Esta columna celebra hoy la independencia de la República Democrática del Congo.

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