Traducción de Dolors Udina. Salamandra. Barcelona, 2023. 624 páginas. 24 €. Libro electrónico: 9, 99 €. Se recupera una de las mejores novelas de la escritora canadiense, un brillante puzle con elementos de suspense, metaliteratura, historia familiar y amorosa, distopía... que se alzó, entre otros, con el Premio Booker.
Por Ángela Pérez
“Diez días después de terminar la guerra mi hermana Laura se despeñó con el coche desde un puente en reparación: se llevó por delante la señal de peligro. El coche se precipitó unos treinta metros por el barranco, atravesó las mullidas copas de los árboles, cubiertos de hojas nuevas, y a continuación se incendió y rodó hasta el riachuelo del fondo. Sobre el coche cayeron varios cascotes del puente. De Laura no quedaron más que restos calcinados.
Del accidente me informó un policía: el coche era mío y habían comprobado la licencia. Su tono era respetuoso: sin duda había reconocido el nombre de Richard. Me dijo que probablemente los neumáticos hubiesen resbalado en las vías del tranvía, o que al coche le hubieran fallado los frenos, pero también se sintió obligado a comunicarme que dos testigos —un abogado retirado y el cajero de un banco, gente fiable— habían declarado haberlo visto todo. De acuerdo con su testimonio, Laura había dado un volantazo deliberado y había caído por el puente sin más sobresalto que si se hubiera bajado de la acera. Se habían fijado en las manos que sujetaban el volante porque llevaba guantes blancos.
No fueron los frenos, pensé. Tenía sus motivos. No se trataba de los mismos motivos que tienen todos los demás. En este sentido, era completamente inflexible”. Con este atractivo comienzo arranca El asesino ciego, una de las mejores novelas de Margaret Atwood (Ottawa, 1939) que, entre otros galardones, se alzó en 2000 con los premios Booker y Hammet, y que ahora felizmente recupera Salamandra que cuenta en su catálogo con buena parte de la producción de la autora canadiense, quien, sin duda, ese Nobel en cuyas quinielas suele aparecer.
Recordemos que Margaret Atwood es célebre sobre todo por El cuento de la criada, cuya fama se intensificó gracias a una exitosa serie televisiva. Esta novela, de la que haría una continuación, Los testamentos, ha quedado como hito de la literatura distópica. Una literatura distópica muy del agrado de Atwood y muy presente en su obra, como en su trilogía formada por Oryx y Crake El año del diluvio, y Maddaddam.
En El asesino ciego no deja de haber elementos distópicos y de ciencia-ficción, pues es una novela de compleja arquitectura, lo que no impide una muy satisfactoria experiencia de lectura. Aunque no es quizás ese elemento el más sobresaliente sino el contar una historia repleta de secretos que, no obstante, no pueden permanecer siempre ocultos.
Quien habla en ese principio de la novela es Iris Chase, y comienza recordando el traumático hecho de la muerte de su hermana Laura, que quizá intentando hacer ver que fue un accidente se suicidó arrojándose con el coche desde un puente, poco más de un semana después del final de la Segunda Guerra Mundial. Ha transcurrido mucho tiempo, e Iris, albacea de una novela que ha dejado su hermana, El asesino ciego, evoca el pasado, a su hermana, a su familia, a su exmarido, el empresario Richard Griffen, y su desgraciado matrimonio con él: “Cuando me miro en el espejo veo a una mujer vieja; o vieja no, que ahora ya no está permitido ser viejo, sino anciana, quizá”, apunta Iris, con una irónica lanzada a lo políticamente correcto, algo con lo que Margaret Atwood no comulga, como vimos en su espléndida colección de ensayos Cuestiones candentes, que incluye “¿Soy una mala feminista?”, donde se posiciona, desde un ideario feminista, contra el linchamiento sin pruebas a acusados de agresiones sexuales.
Todas las piezas del puzle que forman El asesino ciego, con elementos de suspense, metaliteratura, historia familiar y amorosa, distopía... se van armando brillantemente hasta alcanzar un impactante y sorprendente final. Una novela que vuelve a dar cuenta de que Margaret Atwood es una de las voces imprescindibles de las letras actuales.