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Novela

Margaret Atwood: Los testamentos

domingo 29 de diciembre de 2019, 18:41h
Margaret Atwood: Los testamentos

Trad. de Eugenia Vázquez Nacarino. Salamandra. Barcelona, 2019. 448 páginas. 21 €. Libro electrónico: 12, 34 €.

Por Luisa Martínez

En la muy poblada selva de la literatura distópica, sin duda 1984, de George Orwell -donde se asoma ese Gran Hermano que tanto juego ha dado-, ocupa un lugar de privilegio. Precisamente en 1984, la escritora canadiense Margaret Atwood (Otawa, 1939) -autora, entre otras obras, de Ojo de gato, El asesino ciego, La semilla de la bruja, Alias Grace o Nada se acaba- comenzó a escribir un título que por derecho propio ha pasado a ser una de las novelas distópicas más influyentes y célebres: El cuento de la criada. Una distopía donde a la propuesta de Orwell se le da una nueva perspectiva. En un artículo sobre el autor británico y su relación con él, Margaret Atwood explica que cuando era una niña leyó Rebelión en la granja, que le produjo gran inquietud, y luego, tiempo después, leyó varias veces 1984, para desembocar en que, confiesa Atwood, “Orwell se convirtió en un modelo directo para mí mucho más tarde en mi vida: en el verdadero 1984, el año en que comencé a escribir una distopía algo diferente, El cuento de la criada. Para entonces tenía 44 años, y había aprendido lo suficiente sobre los despotismos reales que no necesitaba confiar solo en Orwell. La mayoría de las distopías, incluida Orwell, han sido escritas por hombres y el punto de vista ha sido masculino. Cuando aparecen mujeres en ellas, suelen ser autómatas sin sexo o rebeldes que desafian las reglas sexuales del régimen. Quería probar una distopía desde la visión femenina”.

El experimento de Margaret Atwood se publicó al año siguiente con buena acogida, aunque no sería hasta décadas después cuando El cuento de la criada se convirtió en un boom, gracias sobre todo a la versión televisiva en una serie que alcanzó tres temporadas. El cuento de la criada se convirtió en un fenómeno que sobrepasó lo literario. Así, no ha sido extraño ver en manifestaciones feministas o contra Donald Trump a algunas de sus participantes vestidas con túnica roja y cofia blanca, la ropa característica de las mujeres oprimidas en la República de Gilead. Un país donde, recordemos, se ha instalado un gobierno teocrático, totalitario y tiránico, que se hizo con el poder con subterfugios, recurriendo a la coartada de luchar contra el terrorismo islámico. La libertad brilla por su ausencia, se suprimen prácticamente todos los derechos y las mujeres serán las principales víctimas, consideradas y tratadas como objetos. El Gobierno controla de manera absoluta toda su vida y la mujer solo es tenida en cuenta para procrear. La que no lo consigue es castigada e incluso asesinada.

En la República de Gilead, las mujeres son criadas que se asignan a una casa, donde viven en un régimen de esclavitud. Así, la protagonista de la novela, Defred, quien intentó escapar de Gilead pero no lo consiguió y es la criada del comandante Fred y de su esposa Serena Joy. Defred es la voz narradora de la historia, escribiéndola a escondidas con la esperanza de que pasado el tiempo alguien la encuentre. Estaba cantado que un éxito de este calibre y con tantas connotaciones no podía quedarse en una sola entrega. Llega así Los testamentos, que vuelve a sumergirnos en el siniestro régimen de la República de Gilead. Al respecto de esta segunda entrega, Margaret Atwood ha comentado: “Queridos lectores y lectoras, vuestras preguntas sobre Gilead y su funcionamiento interno han sido la fuente de inspiración de este libro. ¡Bueno, casi todo! La otra es el mundo en el vivimos”.

Los testamentos se desarrolla quince años después de los hechos sucedidos en El cuento de la criada, que terminaba con un final abierto. El régimen opresor de la República de Gilead se mantiene, pero hay signos de que entra en declive. Ahora no habrá una sola narradora, como en El cuento de la criada, sino tres: Daisy, Agnes y Tía Lydia, que nos proporcionan tres puntos de vista. Daisy está fuera de Gilead y es muy activa en las protestas contra su régimen, Agnes, por el contrario, solo conoce el sistema de Gilead, donde vive como una privilegiada. Tía Lydia es una de las poderosas mujeres que forman en Gilead una especie de ejército de tías, solteras y sin hijos, y que suministra munición ideológica al régimen. De las tres, sin duda, la voz más interesante es la de Tía Lydia, personaje lleno de aristas y no en blanco y negro.

En Los testamentos se acentúa un elemento de thriller y la novela consigue absorber. Quizá un peldaño por debajo de El cuento de la criada, pero sin que Margaret Atwood deje de demostrar su calidad como autora -que le ha valido numerosos galardones, entre otros el Príncipe de Asturias de las Letras-, máximo teniendo en cuenta la presión de escribir la continuación de una obra tan icónica y mediática como la precedente.

“Los totalitarismos pueden desmoronarse desde adentro, cuando fracasan en el cumplimiento de las promesas que los llevaron al poder; o pueden atacarse desde fuera; o ambas cosas. No hay fórmulas certeras dado que muy poco en la historia es inevitable”. apunta Margaret Atwood en el apartado de “Agradecimientos” al final del libro. En efecto, “nada en la historia es inevitable” y en nuestras manos está no bajar nunca la guardia frente a la amenaza, que jamás deja de asomarse, de toda suerte de totalitarismos muy hábiles para presentarse a veces con piel de cordero y bonitas promesas.

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