Traducción de Isami Romero Hoshino y Ednodio Quintero. Prólogo y epílogo de Ednodio Quintero. Satori. Gijón, 2024. 238 páginas. 24 €.
Por David Almazán Tomás
Osamu Dazai (1909-1948) fue un genio literario con una vida corta, a la que él mismo puso fin. La excelente traducción e introducción de Indigno ser humano que nos presenta la editorial Satori es una manera inmejorable para conocer la vida de este autor, ya que se trata de una novela que refleja casi como una autobiografía los atormentados pensamientos de Osamu Daizai. Indigno de ser humano se publicó en 1948, el mismo año en que Dazai se suicidó. Ya lo había intentado antes varias veces. La principal virtud de Indigno de ser humano es la absoluta sinceridad de la crisis existencial de Dazai en el Japón de postguerra. El protagonista de la novela es un dibujante fracasado que viene de una familia acomodada de provincias y que nunca se adapta a los otros, ni en su niñez, ni en su adolescencia, ni en su edad adulta. Si cambiamos lo de artista por escritor, tenemos el retrato de Osamu Dazai.
La obra se estructura en tres partes, que se corresponden con esas etapas vitales, que comienzan en su localidad natal y acaban en Tokio. Estos tres capítulos se presentan como tres cuadernos de notas que un narrador ha encontrado casualmente. Estos cuadernos, escritos a modo de diarios personales, van precedidos por un prefacio en el que se comentan tres fotografías del protagonista en distintas etapas de su vida y, finalmente, un epílogo en el que el narrador, que no conoció directamente “al loco que escribió estos cuadernos”, recoge las impresiones de una de sus amantes, que lo describe como “un niño parecido a un dios”. Este niño, el propio Osamu Dazai, trató de abrirse camino en el mundo de las letras, al tiempo que quedaba atrapado en un sórdido mundo de alcoholismo y drogadicción. Dazai aspiraba a ganar el prestigioso premio Akutagawa, pero no lo consiguió nunca.
El galardón, que conllevaba cierta suma de dinero, estaba dedicado a la memoria de este escritor, que se había suicidado en 1927. En esta edición, se añaden las cartas que envió Dazai mendigando el premio al jefe del jurado, el futuro premio Nóbel Yasunari Kawabata. No se lo dio. Sin dinero y fortuna, Dazai lanzó al río Tama con su amante, siguiendo una bien arraigada costumbre pasional. Aunque sin duda Dazai tenía un gran talento literario y era considerado una especie de enfant terrible, lo cierto es que le faltó equilibrio para poder orientar su carrera. Por cierto, Kawabata también se suicidó, en 1972. Yukio Mishima no lo aguantaba, si bien la sombra de Dazai se puede distinguir claramente en Confesiones de una máscara. Mishima también se suicidó, en 1970.
La editorial Satori, especializada en Japón, tiene la Colección Clásicos Satori en la que se recogen, con cuidada presentación y encuadernación, una nutrida selección de títulos imprescindibles para acercarse a la cultura nipona. En esta colección encontramos ensayos imprescindibles, como El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, Bushido de Inazo Nitobe y El elogio de la sombra de Tanizaki Junichiro. También están algunos pilares de la literatura clásica, como el Ise Monogatari, El libro de la almohada de Sei Shonagon y el Heike Monogatari, a los cuales sumamos también a algunos autores, como Lafcadio Hearn o Natsume Soseki, que escribieron en la era Meiji (1868-1912), que, al cumplirse un siglo de la publicación de sus escritos, bien podemos considerar clásicos.
También podemos valorar así ya a algunos de los escritores de mediados del siglo XX, unos tiempos marcados por la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación americana. Por esta razón, considero un acierto la reivindicación de Osamu Dazai como un clásico moderno.