Tal día como hoy hace 80 años tuvo lugar en Berlín el desfile conjunto de las fuerzas soviéticas, estadounidenses, británicas y francesas; en total unos 5000 hombres con carros de combate y cañones autopropulsados. La parada militar se sumaba a las exhibiciones que se habían celebrado en Moscú y Londres, donde por cierto no habían marchado tropas soviéticas, y ampliaba algunas marchas aisladas de efectivos aliados como el desfile británico del 21 de julio de 1945. Los grandes impulsores de estas muestras de poder fueron los soviéticos, que las amplificaban en la propaganda que se difundía en la URSS y, a través de los partidos comunistas, también en Occidente. Quizás el más vistoso de los desfiles -y desde luego el más famoso- había sido el de Moscú del 22 de junio de 1945, ordenado personalmente por Stalin y en el que participaron más de 40 000 hombres. En él se arrojaron al pie del mausoleo de Lenin, en señal de victoria, 200 estandartes de distintos regimientos derrotados.
Sin embargo, aquello de Berlín era distinto porque el espíritu de cooperación entre los aliados se iría resquebrajando a lo largo de 1945 y los años posteriores hasta desembocar en la primera gran crisis de la Guerra Fría: el bloqueo de Berlín de 1948-1949. Los que habían sido camaradas de armas entre 1941 y 1945 se irían distanciando, primero, y enfrentando después. La Operación Paperclip -el empeño de reclutar científicos y técnicos alemanes de los programas de cohetes del Reich para emplearlos en los Estados Unidos y el Reino Unido- comenzó en febrero de 1945 y se prolongaría hasta 1959 aunque su periodo de mayor actividad sería entre 1945 y 1947. La operación comenzó antes de que la guerra hubiese terminado y eso ya indicaba que se estaban haciendo preparativos para el mundo que vendría después de la derrota del Reich y del Japón.
Por supuesto, los soviéticos también desplegaron operaciones semejantes. Entre 1943 y 1945, agentes soviéticos se infiltraron en el equipo del proyecto Manhattan, que trabajaba en el desarrollo de un arma atómica bajo la dirección del general Leslie R. Groves (1896-1970) y del físico J. Robert Oppenheimer (1904-1967). En torno a una decena de científicos y técnicos mantuvieron informados a Moscú de los progresos que los estadounidenses iban haciendo en pos del arma nuclear. Además, los servicios de inteligencia de la URSS desarrollaron la operación Osoaviakhim en octubre de 1946, en la que deportaron a más de 2 500 científicos, ingenieros y técnicos alemanes para ponerlos a su servicio. A diferencia de Paperclip, aquí no hubo un reclutamiento -lo que implicaría cierta voluntariedad por parte del reclutado- sino una deportación forzosa en la que el deportado no tenía margen de decisión. Junto a ellos, por cierto, fueron deportadas también sus familias de modo que la presión para trabajar en los programas científicos militares -el nuclear y el espacial principalmente- resultaba muy intensa.
Sin embargo, en el campo de batalla, hasta mayo de 1945, en Europa, y septiembre del mismo año en el Oriente, los aliados occidentales y los soviéticos lucharon juntos contra el Eje. Con reticencias, con desconfianzas y con divisiones como la operada en 1943 cuando se descubrieron las fosas comunes de la matanza de Katyn, los aliados -las Naciones Unidas como se llamaban desde la declaración homónima del 1 de enero de 1942- habían librado un esfuerzo común que este desfile de hace 80 años simbolizaba. Sin embargo, los movimientos que desde febrero de 1945 se venían realizando pronto revelarían una división que marcaría la segunda mitad del siglo XX: la división del mundo en bloques.
En realidad, esa división, de algún modo, ya se entreveía en las autoridades que acudieron al desfile: por los soviéticos, nada menos que Gueorgui Konstantínovich Zhúkov (1896-1974), el defensor de Leningrado, Moscú y Stalingrado y el vencedor de Berlín. Los aliados occidentales, en cambio, rebajaron el nivel de la representación: el estadounidense Eisenhower, el británico Montgomery y el francés De Lattre de Tassigny declinaron asistir y enviaron representantes. Fue un error porque, además de desairar a los soviéticos, Zhukov presidió el desfile y le dio una impronta soviética que, de otro modo, tal vez no hubiese tenido.
De este desfile se habla poco. Suelen recordarse más bien el de Moscú o el de Londres, que de alguna forma ya indican la fractura del bloque aliado. Sin embargo, en septiembre de 1945, todavía marcharon juntos los que habían combatido contra el Reich durante más de tres años. Cierta esperanza de un entendimiento con la URSS, que se respiraba tras las conferencias de Teherán (1943), Yalta (1945) y Potsdam (1945), se desvaneció pronto. Soviéticos y occidentales se enfrentarían en el mundo que surgiría después de la derrota del Eje.
Esta columna recuerda hoy el último desfile de los aliados en Berlín.