Cultura

Rafael Anson: "Enseñamos a los niños historia de la Edad Media, pero no a comer"

Rafael Anson, presidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía. (Foto: E.V.).

ENTREVISTA

Eduardo Villamil | Viernes 12 de septiembre de 2025



Rafael Anson (San Sebastián, 1935) cumple 90 años con una trayectoria que combina innovación institucional, comunicación pública y una defensa decidida de la gastronomía como hecho cultural.

Figura clave en el Desarrollismo, fundó en 1963 la primera oficina de relaciones públicas de Europa y un año más tarde el Instituto de la Opinión Pública, germen del actual CIS. Fue director general de RTVE durante la Transición y asesor de Adolfo Suárez, además de impulsar entidades como la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión.

Ha sido uno de los principales promotores de la gastronomía, tanto nacional como internacional en los últimos 50 años. En este ámbito ha creado las 17 academias de España y de Iberoamérica, ha presidido la Real Academia de Gastronomía —de la que hoy es presidente de honor—, la Academia Internacional de Gastronomía y la Comunidad Europea de la Nueva Gastronomía, y encabeza la Academia Iberoamericana.

Reivindica la mesa como espacio de convivencia y sostiene que "la gastronomía siempre ha sido cultura". Asegura que "la actividad humana más importante de la historia ha sido crear alimentos" y está convencido de que la alimentación debe entenderse como salud, sostenibilidad, solidaridad y placer, porque, al final, de lo que se trata es de que seamos felices.

Mirándole, nadie podría adivinar que son ya 90 los años que cumple. ¿Cuál es su secreto?

Como es natural, el código genético influye mucho: tengo un hermano con 91 y otro con 93 años. También es muy importante la alimentación; siempre he procurado comer de todo, poco y muy equilibradamente. Y en tercer lugar, la ilusión, que en mi caso, se llama Inmaculada, con la que llevo 45 años y pretendo estar otros 45.

Nació en San Sebastián en 1935 y estudió en el Colegio del Pilar de Madrid. ¿Qué recuerdos conserva de su infancia y de aquella etapa escolar?

Como digo en las memorias que estoy escribiendo, mi primer recuerdo gastronómico es pasar hambre, pues nací justo antes de la Guerra Civil y luego empezó la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo mucho la importancia que tenía para mí la familia; mis hermanos eran un poco más mayores, y, creábamos nuestro propio entorno familiar para distanciarnos de lo que estaba pasando.

Cursó Derecho en la Universidad Complutense, se formó en la prestigiosa ENA francesa (de la que fue el primer enarca no francés) y aprobó la oposición para el Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo. ¿Qué le impulsó a orientarse hacia la administración pública?

Aunque desde 1956 ya estaba con López Rodó en la Presidencia del Gobierno y mis dos hermanos trabajaban, mi madre decía que quería que alguno de sus hijos tuviera "algo seguro", así que hice esas oposiciones sin estudiar y las saqué (por suerte), pero nunca llegué a tomar posesión.

Fue uno de los impulsores de los Planes de Desarrollo en los años sesenta. ¿Qué supuso aquella experiencia para la modernización de España?

Lo primero que hicimos con López Rodó fue la reforma administrativa con una idea genial: crear un Estado Mayor civil, es decir, que mientras unos señores se pelean, otros piensan. Ahí nacieron las secretarías generales técnicas. De ahí salieron todas las leyes: desde la citada reforma administrativa a la de régimen jurídico. En el año 1969 nos dimos cuenta de que el tema económico era tan importante como el administrativo, así que imitando al modelo francés, una vez más, establecimos los Planes de Desarrollo. Tuve dos papeles muy divertidos: en la ponencia de Desarrollo Regional ya incluí el tema de la gastronomía. Además, fui director general de planes provinciales, con la misión de llevar a los pueblos agua, luz y teléfono, y, de paso, almorzaba y conocía la comida de esos lugares. Como ves, todo tiene mucho que ver con la alimentación.

Asimismo, fundó y dirigió el Instituto de la Opinión Pública, precursor del actual CIS...

Cuando creamos la Oficina de Relaciones Públicas en 1963 descubrí que necesitaba conocer cómo era la gente a la que me dirigía. Lo mismo que sucede ahora con las campañas electorales: no es lo mismo estar en Francia, que Alemania o España. Así fue concebido el Instituto de la Opinión Pública, que más tarde derivaría en el Centro de Investigaciones Sociológicas.

"En el mundo actual las encuestas no son demasiado trascendentales"

¿Cómo entiende el papel de la sociología en la vida política?

Creo que en el mundo actual las encuestas no son demasiado trascendentales; por dos motivos: primero, porque a través de internet se tiene una información casi al día, empleando algoritmos y otros sistemas. Y en segundo lugar, porque se hacen encuestas con preguntas de las que la gente no sabe nada. Cuando fue el Brexit más de cinco millones de ingleses entraron a buscar en Google qué era la UE y votaron que no, por decir que no (risas). En estos momentos es muy difícil encontrar unas preguntas que puedan contestar 40 millones de españoles. Hay una estrofa de Antonio Machado que me encanta: "En preguntar lo que sabes / el tiempo no has de perder... / Y a preguntas sin respuesta / ¿quién te podrá responder?".

¿No le parece paradójico que, en plena era de la información, los ciudadanos tengan esa falta de interés?

Sin duda. Porque ven que no influye para nada. Casi da lo mismo votar a uno que a otro porque no saben a quién están votando. La política actual se ha personalizado más que nunca.

En 1976, Adolfo Suárez le nombró director general de Radiotelevisión Española. ¿Cómo vivió el reto de abrir la televisión a los nuevos tiempos democráticos?

Después de que el Rey Juan Carlos I expresase a Torcuato Fernández-Miranda su deseo de que fuera presidente del Gobierno, Adolfo Suárez me comunicó que me quería para dirigir RTVE, cargo análogo al que él mismo había ostentado unos pocos años antes como director general de Radiodifusión y Televisión, por lo que sabía de qué iba el asunto. Yo propuse a mi hermano Luis María (Anson), pero mi petición fue declinada porque éste apoyaba a Don Juan (de Borbón) como pretendiente a la Corona. Así que me nombraron director de RTVE, y a Luis María, presidente de la Agencia EFE.

Fue la etapa más bonita, tecnológicamente hablando, porque, aunque la democracia la traen el Rey y Adolfo Suárez, sin televisión hubiera sido imposible. En un año, la gente pasó de ser en un 90% franquista, a decir 'sí' a la democracia en el referéndum de diciembre de 1976, con un 97% de votos favorables. La Transición política sucede entre julio del 1976 a julio de 1977. La vida de España no cambia con la Constitución, cambia con la ley para la Reforma Política que elaboró Fernández Miranda, aprobada por las Cortes franquistas en noviembre de 1976 y sometida a referéndum un mes más tarde.

Rafael Anson | E.V.

La política española siempre ha oscilado como un péndulo, como prueba, por ejemplo, el buen número de Constituciones, de un signo y su contrario, que han ido sucediéndose desde 'la Pepa' de 1812. Desde el punto de vista de la comunicación pública, ¿Cómo consiguieron, tras la Transición, mantener un cierto equilibrio a la hora de informar a los españoles?

La televisión tenía una influencia enorme; el Telediario lo veían 22 millones de personas... Toda la gente, tanto de radio como de televisión, contribuyó a que viniera la democracia. Me acuerdo que Adolfo me dijo: "Ten cuidado porque allí la mitad son franquistas y la mitad comunistas". Sin embargo, no hubo ningún problema. Por otro lado, todos los partidos políticos querían que todo saliera bien, en parte por miedo a que se volviera a una dictadura militar. Ahora, como todo el mundo quiere que todo vaya mal para perjudicar al que gobierna, todo va mal.

Cada vez que veo por internet programas de esa época, como La clave, suelo fijarme en los comentarios de los usuarios. Todos van en la línea de estos, extraídos del programa 160 ('Muerte de García Lorca'): "Fantástico programa. Nací en el 90 y estoy descubriendo esta maravillosa televisión gracias a YouTube. Si comparamos el nivel del director y los tertulianos con lo que tenemos hoy resulta increíble cómo se ha ido degradando todo. La televisión pública debería ser esto y no el vacío general en el que está el televidente"; "Programas como éste no se repetirán jamás, puedo asegurarlo sin equivocarme"; o "Esto era televisión de calidad: respeto, formación de los tertulianos y mesura... Genial trabajo...".

Hay que tener en cuenta que en aquella época no sucede cómo ahora, que dependes de la audiencia. TVE está haciendo programas absurdos para mejorar esas audiencias. El televidente no sabe qué ver ni a qué hacer caso. Todos los canales hablan de cosas que creen que les darán audiencia: la dana de Valencia, de Gaza o de la guerra en Ucrania... Cuando no había más que una televisión (o dos) tú hacías lo que creía que la gente debía saber. Si la gente debía saber lo que opinaba Rafael Alberti o Santiago Carrillo, yo los sacaba. El tono general que tenían la televisión y la radio determinaba el tono de la gente, porque si no tenían un rechazo absoluto. Lo que tenemos ahora es un espacio de peleas e insultos... El ambiente era muy distinto al de ahora. Por ejemplo, en las elecciones generales de 1977, ningún partido utilizó a Franco. A Franco lo sacó Zapatero.

Viendo esos programas antiguos, uno tiene la sensación de que, tanto el presentador como los invitados hablaban con mucha más libertad y menos impostura que sus análogos actuales...

Pondré un ejemplo: cuando el director de la BBC vino a Madrid, le puse el Telediario que hacía Lalo Azcona y cuando vio las cosas que hacía me preguntó si todo eso era en diferido, a lo que contesté negativamente. "Tendréis un bucle", me replicó. Volví a decirle que no. "¿O sea que este chico de 26 años puede decir lo que le dé la gana durante media hora?", añadió incrédulo... Eso ni en la BBC. Todos los programas iban dirigidos a explicar que en democracia se vive mejor.

"Adolfo Suárez fue la persona adecuada, en el lugar adecuado, en el momento adecuado"

Además de dirigir RTVE, fue asesor directo del presidente Suárez. ¿Qué aprendió de aquella relación de confianza y de aquel momento histórico?

Adolfo fue la persona adecuada, en el lugar adecuado, en el momento adecuado. No había otro español que hubiera podido hacer la transición como él la hizo.

Ha sido promotor de entidades como la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión o Dircom. ¿Qué importancia da a la comunicación en la construcción de una sociedad moderna?

La comunicación es lo que ha hecho al ser humano. La Biblia dice que "al principio fue la palabra". El primer gran comunicador es Julio César, cuando escribe La guerra de las Galias; la Iglesia Católica crea Propaganda Fide para contarnos las cosas; la imprenta dio lugar al Renacimiento; con la aparición de las linotipias y periódicos en el siglo viene la Revolución Francesa y el capitalismo; gracias a la radio personajes como Hitler que llegan al poder; con la televisión, por supuesto, la difusión es mucho mayor; Obama es un mal producto de las redes sociales; lo mismo que Trump... La comunicación es todo. En EEUU aprendí a hacer bien las cosas y a hacerlo saber, algo que se está olvidando. Si Coca-Cola refrescara mejor, tendría que hacer menos publicidad... Cuando lo que dices está bien, comunicas. A principios del siglo XX, el mundo pasa de que un señor hable y los demás no contesten, a que el emisor único escuche la respuesta. El problema actual es que el emisor es cualquiera. Un camionero con un móvil provoca las protestas de los chalecos amarillos en Francia y un universitario en Egipto da lugar a la Primavera Árabe... Por un lado, el periodismo ciudadano está muy bien, pero por otro es muy peligroso, más aún con el auge de la inteligencia artificial. Ahora cualquiera te comunica algo y no sabes si es mentira.

Tengo la sensación de que, desde los poderes públicos y los medios, se exige al ciudadano actual que sepa de todo: desde protocolos de emergencias por inundaciones a incendios de sexta generación, algo que en realidad no es su trabajo, sino el de los responsables públicos...

El ciudadano tiene fuentes y posibilidades de conocer. Antes no. Tenías que acudir a una enciclopedia. Ahora se busca al instante mediante internet. Y esa es una de las razones que vuelve tan complicada la relación de los niños con internet: por un lado, les facilita información, pero por otro les impide pensar.

Suelo preguntar a los profesores que conozco por los niños de hoy en día, y todos coinciden en decirme que cada vez son más maleducados, más machistas y más tontos... En el caso de los universitarios también comentan que la inmensa mayoría de trabajos están hechos mediante IA. ¿La función crea el órgano y el desuso lo atrofia?

Tienen información, pero no piensan. La IA da información, pero luego habría que trabajar sobre ella y pensar cómo se transmite. Si se copia directamente, no tiene ninguna gracia...

"Enseñamos a nuestros niños historia de la Edad Media, pero no a comer"

¿Cómo se produjo su acercamiento al mundo de la gastronomía?

Sobre todo por razones políticas y sociales. La mesa te permite tener convivencia, conversación y amistad. Cuando entré en ese mundo la gastronomía era el placer de unos cuantos privilegiados que disfrutábamos comiendo. Ahora es una de las actividades más importantes del ser humano en el siglo XXI. Según (el cardiólogo) Valentín Fuster, el 50% de la salud depende de la alimentación, pero en diabetes cardiovascular y obesidad ese porcentaje se eleva hasta el 86%. Enseñamos a nuestros niños historia de la Edad Media, pero no a comer; y, si le gusta más un dónut que un melocotón, la abuela, para que no llore, le da cuatro dónuts y lo envenena. Antes la alimentación estaba dividida entre nutrición y salud, de la que hablaban los científicos, y la gastronomía, entendida como placer. Pero, para mí, la gastronomía debe abarcar lo que llamo las cinco eses: debe ser saludable, solidaria (acabar con el hambre, y sobre todo con la mala nutrición de los niños por exceso o por defecto); la más sostenible (aparte de las exigencias ecológicas generales, debemos conseguir que el agua y la tierra sigan dando alimento, igual que el mar) y la más satisfactoria (porque la gente comerá lo que debe si le gusta, frase de Grande Covián). A estos cuatro aspectos se añade un quinto: sociability, porque la mesa a día de hoy es el único lugar de encuentro, conversación, convivencia, cordialidad y amistad. La familia existía cuando comían juntos, pero ahora no hay familia.

Ha impulsado una auténtica revolución gastronómica en España. ¿Qué factores hicieron posible que nuestra cocina alcanzara prestigio mundial?

El año pasado España fue líder mundial en turismo y en gastronomía. La gastronomía es la principal motivación para el 50% de los turistas. Tú puedes ir al Louvre y comer en París o venir al Museo del Prado y comer en Madrid; puedes ir a la playa en Turquía o en Málaga... Vienes a Madrid o vas a Málaga porque comes mejor y más barato. España tiene, en estos momentos, la mejor oferta gastronómica del mundo, incluso en materia prima: tenemos cinco mares, muchos territorios con climas diferentes y 17 cocinas tradicionales distintas: hay más diferencia entre la cocina catalana y la murciana que entre la belga, la suiza o la francesa. Además, la gastronomía incluye los cuatro eslabones de la cadena alimentaria: producción e industria alimentaria, distribución y comercio, hostelería y restaurantes; y lo que yo denomino la cocina de la libertad: los cocineros son artistas que hacen su cocina. Ferrán Adrià no hacía cocina catalana, ni española ni francesa. Antes había cocina territorial y la alta cocina de Francia. Ahora, la cocina es de los cocineros. Entre los 50 mejores artistas de la cocina, 20 son españoles; francés no queda ninguno...

Ha defendido siempre la gastronomía como un hecho cultural, no solo culinario. ¿Incluiría la gastronomía en la enumeración moderna, más o menos consensuada, de las nueve artes?

La gastronomía siempre ha sido cultura. La primera vez que se usa la palabra cultura es para hablar de agricultura, porque la actividad humana más importante ha sido, y sigue siendo, crear alimentos. La segunda fue hacerlos comestibles. Primero los hizo masticables, lo que, a su vez provocó que se redujeran nuestros maxilares y el cerebro aumentase de tamaño. Después las hizo digeribles, poniendo, por ejemplo en agua hirviendo cereales o legumbres. El gran Escoffier (considerado como el padre de la cocina moderna), ideó la salsa menier para camuflar el mal aroma de los lenguados que llegaban a París... La gente no entiende que el esfuerzo del ser humano ha sido siempre para comer.

Rafael Anson | E.V.

¿Qué diferencia la cocina de la libertad de la alta cocina?

He puesto en marcha un sistema que se llama 'Armonía de la Gastronomía con las Bellas Artes', que será presentado en CaixaForum el día 25 de este mes. El Museo Thyssen ha elegido diez cuadros y yo, diez chefs. Cada uno de ellos ha preparado una receta inspirada en el cuadro. Cuando ves la foto de la receta es casi más bonita que el cuadro, son bodegones del siglo XXI. Hoy en día la cocina es un arte, si el que la hace es un artista. Además, es el único arte que satisface los cinco sentidos. La vista, con los platos bien presentados; el olfato y el gusto, a través del sabor; el tacto, mediante el contacto de los alimentos con la lengua; y, por último, el oído, porque en la cocina creativa, si no te explican lo que vas a comer serías incapaz de adivinarlo, y además, la comida genera conversación. El sordo come peor.

Cumple 90 años con una vida intensa y diversa. ¿Cómo se siente al mirar atrás y ver todo lo que ha recorrido?

Cuando empecé a trabajar en Presidencia del Gobierno en el año 1956, no sé por qué, pensé qué ocurriría en el siglo XXI y llegué a la conclusión de que sería el siglo de la comunicación y de la gastronomía, porque la vida del ser humano iba a depender de lo que comiera. Primero, para que no hubiera hambre, para que los niños tuvieran libertad y para que la comida nos diera salud. Pensamos que la salud es importante cuando la perdemos, yo pretendo que pensemos que es importante antes de perderla. Mi reto es que la sociedad en su conjunto, gobiernos incluidos, entiendan que deben apoyar que la gente tenga una comida con las cinco ‘eses’.

En política, creo que lo que hicimos creó los mejores 40 años de la historia de España, y Don Juan Carlos, como jefe del Estado, es el mejor Rey que ha tenido este país desde los Reyes Católicos. Como persona, ha cometido muchos errores que está pagando, aunque más de lo que debía.

"El ser humano es un proyecto de libertad personal y social"

Si pudiera volver a los 20 o a los 30 años, ¿qué consejo se daría a sí mismo?

Lo que sigo pensando. Luis María (Anson) emplea la frase del Colegio del Pilar: "La verdad os hará libres". El ser humano es un proyecto de libertad personal y social; y eso es lo que he hecho toda mi vida. No he creado este mundo gastronómico para comer mejor; lo he hecho para que todo el mundo lo haga. Apoyé a Franco para que en España se viviera mejor. En los últimos 10 años del franquismo España crecía al 10% anual acumulativo. Pasó de 300 pesetas a 3.000, pasó de no tener viviendas a tenerlas, cosa que ahora no hay. No defiendo a Franco, digo que Franco dejó que se hiciera eso y la democracia permitió hacer más cosas porque la libertad siempre es mejor que la dictadura. Esa fue la misión del Rey: crear un espacio donde se puedan hacer cosas.

¿Hay algo que le hubiera gustado hacer y que aún tenga pendiente?

Probablemente, me hubiera gustado hacer deporte, porque en el colegio me ponían de extremo para que no molestara. La parte física la echo de menos.

¿Qué papel han jugado la familia y los afectos en su trayectoria profesional y personal?

Lo más importante de mi vida se llama Inmaculada y lo que permite pensar que estos son mis primeros 90 años es que no quiero dejar de estar con ella y de quererla. También mi hijo Rafael y mis hijas: todo eso es mérito de mi mujer porque yo no tenía mucho tiempo. Y mi nieta Sofía, con la que soy muy feliz. He sido abuelo por primera vez con 87 años. Todos los días de mi vida cuando voy a cualquier sitio pienso que Inmaculada me quiere, pero yo quiero que me quiera más. Y, por supuesto, mis hermanos Luis María y Paco, que son maravillosos, y mi hermana, que fue la que más me cuidó. Luis María me ha enriquecido, me ha abierto puertas y me las sigue abriendo. Es la única persona que conozco en el mundo igual de brillante hablando que escribiendo.

¿Qué cree que es lo más importante que ha aprendido en estos 90 años?

A querer. Si Descartes hubiera dicho: "Quiero, luego existo", el ser humano sería mucho más feliz. Somos proyectos de voluntad, no de inteligencia.

Cuando se sienta a la mesa hoy, ¿qué significa para usted compartir una comida?

Conseguir que la gente no sólo coma bien, sino que sea más feliz que cuando vino. La gastronomía es la industria de la felicidad.

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