Opinión

La RDC, Ruanda y los acuerdos de paz

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 07 de diciembre de 2025

El conflicto en el este de la República Democrática del Congo (RDC) es uno de los escenarios más persistentes de violencia armada a escala global, con la concurrencia de actores estatales, grupos rebeldes y redes transnacionales de economía ilícita. En este contexto, los Acuerdos de Washington por la Paz y la Prosperidad, suscritos el pasado 4 de diciembre de 2025 por los presidentes de la RDC —Félix Tshisekedi— y de Ruanda —Paul Kagame— suponen un punto de inflexión para la región de los Grandes Lagos. En realidad, son una nueva estación en el proceso que comenzó con el acuerdo de paz entre la RDC y Ruanda firmado en Washington el 27 de junio de este año.

Sin embargo, la dimensión declarativa de«paz y prosperidad» a la que se refieren los acuerdos firmados esta semana se cohonesta con una agenda menos visible pero fundamental para la pacificación de la región: asegurar para Estados Unidos y sus socios occidentales un acceso estable y priorizado a los minerales críticos congoleños (cobalto, cobre, coltán, litio), fundamentales para la transición energética y la industria tecnológica. Así, no estamos sólo ante una iniciativa de resolución de conflictos, sino como un mecanismo de gobernanza de recursos en clave geopolítica.

Por una parte, la RDC es el primer productor mundial de cobalto, un importante proveedor de cobre y posee reservas significativas de coltán y otros minerales estratégicos. En la última década, empresas chinas han adquirido posiciones dominantes en la extracción y el procesamiento de varios de estos recursos. La política estadounidense de «seguridad económica» ha identificado la diversificación de suministros de minerales críticos como una prioridad estratégica, en particular en el África Central. Ruanda, a su vez, se ha convertido en un aliado clave de los Estados Unidos en la región, pero también en un intermediario mundial en cadenas de exportación de minerales. Han sido recurrentes las acusaciones de que parte de esos minerales procedían, de forma ilícita, del territorio congoleño, lo que ha dado lugar a reiteradas acusaciones de«saqueo indirecto» del este del Congo. La rivalidad entre la República Democrática del Congo y Ruanda con Estados Unidos operando como mediador recuerda la posición de garante de la estabilidad que, durante los años de la Guerra Fría, se atribuyó a Francia en el África Occidental y Central en lo que se llamó «Françafrique». La propia RDC sufrió la injerencia belga y estadounidense en la cuestión de Katanga.

Los acuerdos firmados esta semana prolongan los alcanzados en el Acuerdo de Paz entre la República Democrática del Congo y la República de Ruanda suscritos el pasado 27 de junio en Washington por los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países en presencia de representantes estadounidenses, cataríes -el papel de Catar como mediador daría para otra columna- así como de la Unión Africana. Aquel texto de junio fijaba compromisos que ahora han cobrado la máxima relevancia: la retirada de las fuerzas ruandesas del este de la RDC, según un calendario acordado y supervisado, el desarme y la reinserción de los grupos armados no estatales, con la obligación de las partes de poner fin a cualquier apoyo estatal a organizaciones terroristas y paramilitares, la creación de un Mecanismo Conjunto de Coordinación de Seguridad - Joint Security Coordination Mechanism (JSCM) - responsable de coordinar las medidas de seguridad, y de un Comité Conjunto de Supervisión -Joint Oversight Committee (JOC) - responsable de supervisar la ejecución global del acuerdo.

A esta estructura se sumaba el mandato para establecer un Marco de Integración Económica Regional - Regional Economic Integration Framework (REIF)- en cooperación «según corresponda» con el gobierno y los inversores de Estados Unidos. Esto es importantísimo y recuerda las cláusulas que se han introducido, por ejemplo, en distintas negociaciones como las relativas a Ucrania. Los Estados Unidos están empleando, una vez más, la mediación diplomática para dar entrada a sus empresas.

El REIF supone un marco para fomentar la cooperación en sectores como energía, transporte, parques nacionales, turismo, salud pública y, de forma destacada, minería y minerales críticos con vinculación al desarrollo de los acuerdos de paz, es decir, el cumplimiento de las obligaciones de seguridad (retirada de tropas, desarme de grupos armados, fin del apoyo estatal a milicias) se convierte en condición para el despliegue de inversiones y proyectos impulsados por Estados Unidos y otros socios. Esto da a las empresas estadounidenses y a su gobierno una ventaja inicial respecto a otros competidores; por ejemplo, las multinacionales chinas.

Una de esas ventajas es la promoción de corredores de exportación orientados a reconfigurar la geografía de salida de los minerales congoleños. El más conocido es el corredor de Lobito, un eje ferroviario que conecta la región minera productora de cobre y cobalto en la RDC con el puerto de Lobito (Angola) sobre la costa atlántica. Los Estados Unidos y la Unión Europea recurren a este corredor como alternativa a otras rutas con fuerte presencia china.

Así, los acuerdos firmados esta semana confirman un modelo de pacificación y desarrollo económico tendente a favorecer a los Estados Unidos al tiempo que a traer la paz a la región. En este proceso se combinan tres aspectos: la desescalada del conflicto entre la RDC y Ruanda y la creación de mecanismos conjuntos de seguridad, la reconfiguración de la gobernanza de los minerales críticos congoleños; y la proyección de poder de Estados Unidos en un espacio estratégico frente a la influencia china.