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La extraña relación entre Zapatero y las mujeres del "Alakrana"

Alejandra Ruiz-Hermosilla
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ruizhermosillaelimparciales/14/14/26
miércoles 11 de noviembre de 2009, 22:56h
Han pasado del “no nos van a callar” al pacto de silencio con el Gobierno en sólo 24 horas. No sabemos qué ha hecho cambiar de opinión a las mujeres del “Alakrana”, a las esposas, madres, hijas y hermanas de los pescadores españoles secuestrados en el Índico por piratas somalíes. Todos lo sospechamos, pero aunque lo supiéramos con total certeza, no deberíamos criticarlo porque cualquiera, en su misma situación, haría exactamente lo mismo: todo aquello que considerara necesario para recuperar sanos y salvos a sus maridos, hijos, padres y hermanos. Además, su actitud debería quedar al margen de toda crítica porque ninguna de ellas tiene responsabilidades de gobierno, ninguna ha sido elegida por los españoles para representar nuestros intereses y ninguna es una mujer de Estado. Podemos no estar de acuerdo con ellas, pero no podemos someterlas a juicio público.

Otra cosa bien distinta es la crítica que a pulso se ha ganado la gestión que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha perpetrado del secuestro del buque español. La petición “exigente” de prudencia y comprensión que ha formulado el presidente del Gobierno no es de recibo ni para la opinión pública ni para la publicada. Rodríguez Zapatero y sus ministros tienen toda la responsabilidad exigible y es necesario exigírsela.

Hagamos memoria. Las mujeres del “Alakrana” permanecieron calladas durante más de treinta días de secuestro, más de cuatro semanas sin una rueda de prensa, sin una manifestación, sin más ruido que alguna declaración individual a la Prensa. Sólo rompieron el silencio cuando sus hombres se lo pidieron, cuando, desesperados y sometidos a enorme presión, les rogaron que levantaran muy alto la voz. Y entonces ellas convocaron a los medios de comunicación y a los ciudadanos para denunciar que los secuestradores se habían vuelto más agresivos, que las condiciones de vida a bordo del barco eran insoportables y, sobre todo, para exigir que el Gobierno pusieran fin a dos actitudes intolerables: su exasperante inacción y su desalentadora incomunicación con las familias. “No nos callarán”, anunciaron a toda España. Pero entonces, 39 días después del secuestro, llegó Zapatero, decidió “implicarse personalmente”, nos mandó a todos callar y convocó a las mujeres del “Alakrana” a La Moncloa. Y el presidente obró el milagro de silenciar a las familias de los marineros que un día antes juraban gritar hasta lograr la liberación. Sin embargo, Zapatero ni ha logrado ni va a lograr silenciar al resto de los españoles. Su gestión ha sido tan errática que nos ha dejado una sola opción, la peor siendo siempre todas malas: ceder en todo a las exigencias de los delincuentes. Ya sólo podemos claudicar, pagar y entregar a los compinches detenidos en España. Y lo haremos porque la vida de 36 pescadores españoles está en juego. Pero más le vale al Gobierno empezar a arrepentirse de sus pecados, hacer acto de contricción y manifestar propósito de enmienda porque el diluvio se cierne sobre su cabeza y amenaza con descargar un segundo después de que los hombres de las mujeres del “Alakrana” pongan por fin sus pies en tierra firme española.

Alejandra Ruiz-Hermosilla

Periodista

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