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SERIE ESPAÑOLA DE LA II GUERRA MUNDIAL

El audiovisual español saca las armas lejos de España

jueves 23 de febrero de 2012, 20:30h
Con la resaca de los Goya aún desvaneciéndose, la industria cinematográfica española sigue sacando pecho sobre el argumento de la variedad de géneros y estilos que parece ir calando en sus planteamientos. Y no sólo el cine toma nota de nuevas fórmulas que desbanquen a ‘la españolada’ o ‘las dos Españas’ como dictadores de los argumentos. Las series de producción española también van, poco a poco, desmarcándose de la ‘dramedia’ fácil y para toda la familia que ha venido ocupando las últimas décadas, con variaciones de Farmacia de guardia o Los Serrano, y de las tramas de instituto para adolescentes sobre los pasos de la ya mítica Al salir de clase.

El último, y quizá más claro, exponente es Alleine (Solo, en alemán), una innovadora serie en fondo y forma que verá la luz en menos de dos meses y que se desarrolla en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Impulsada por el creativo César G. Pérez, director de la agencia de publicidad dsp Creativity, Alleine insufla aire fresco al horizonte de las ficciones televisivas de nuestro país con una propuesta que bebe de las series británicas y norteamericanas sobre el desastre mundial de 1945 y nada tiene que envidiar a aquéllas en fotografía, efectos especiales o ‘trucos’ de posproducción.



Sin embargo, y pese al prometedor planteamiento, la famosa fuga de cerebros pesa en estos tiempos de crisis, y aún está por determinar si la emisión de la serie será para España o para el extranjero. “Nos iremos donde podamos trabajar más a gusto”, aclara Pérez a este periódico sobre los procesos de negociación en los que están inmersos.

La mirada de Alleine, exenta de ese tipo de patriotismo tan común en muchas de las películas bélicas, pone el acento en la a veces no tan nítida división entre buenos y malos. “En una guerra, cualquiera que te dispare a ti, es el malo… pero la tendencia es dibujar siempre al alemán como el gritón, come-salchicas y mala leche, y al americano como una especie de miembro del Equipo A, que de un tiro mata a quince”, expresa. “Aquí se ve como en el bando alemán también había niños de 16 años a los que su propio ejército amenazaba con hinchar a tiros si volvían en retirada”, explica el publicista.

Alleine lleva al espectador de la mano junto a una división del ejército americano que, tras el desembarco de Normandía, tratan de alcanzar Berlín y “cruzan media Europa” para terminar recibiendo órdenes de “dejarle” la capital alemana a los rusos. El sinsentido de las guerras acompaña a los personajes de la serie, en especial al protagonista cuyas motivaciones no son políticas ni ideológicas, sino que acepta la misión “por una chica”.

El fondo de la serie plantea, según Pérez, “una crítica” al mundo actual, “en el que parece que todo se soluciona con una guerra”. Tal y como explica el creativo, la Segunda Guerra Mundial fue la probeta de una idea que se ha ido fortaleciendo hasta nuestros días: la rentabilidad de un conflicto armado. Después de la contienda “se vio como países que estaban en una profunda depresión arrancaron a base de industria armamentística y aeronáutica”, justifica Pérez. “Los culpables de estas situaciones son cuatro o cinco capullos que están en un despacho y deciden el destino de la gente… los que menos culpa tienen son los que salen perdiendo”, termina.

¿Una industria emigrante?
Alleine se sale de lo comúnmente asociado a la televisión española, y no sólo por amasar en su argumento el conflicto internacional. El resultado visual también se coloca en el terreno de lo vanguardista gracias a la narración a través de planos en primera persona –cámara subjetiva-, el empleo de las nuevas tecnologías en el rodaje, como técnicas de tres dimensiones y, sobre todo, un cuidado casi obsesivo de la posproducción, de la magia de convertir la sierra de Córdoba en la Normandía francesa, multiplicar soldados o dibujar un cielo agorero encima del sol.



Todo, con un presupuesto “extremadamente bajo, como una cuarta parte de lo que puede costar un episodio de Águila Roja, Cuéntame o El internado”, explica Pérez.

Al ‘teaser’, rodado el pasado mes de noviembre, le están dando las últimas pinceladas en todo este proceso y el capítulo piloto está en fase de rodaje. Mientras, las negociaciones están prácticamente cerradas, a falta de decidir entre dos cadenas extranjeras y una española, que están interesadas en emitir Alleine.

“Nos iremos donde nos traten mejor”, asegura Pérez, quien opta por establecer un equilibrio mesurado entre la lucha y el realismo. “Hubo una productora de Madrid que, a las 48 horas de enviarle la propuesta, nos expresó su interés por comprar la idea”, cuenta Pérez, y explica que este tipo de ofertas en las que se vende un concepto, muchas veces no se cobran. “Son muchos años intentado sacar adelante un proyecto… no se puede regalar”, justifica.

Sin embargo, el creativo admite que es muy difícil rodar en España sin una gran productora detrás. “Ahora mismo buscar inversores es muy complicado, incluso la gente que tiene dinero te dice que no es el momento”, afirma. De ahí que Pérez juegue sus cartas para alcanzar la solución menos dolorosa. “Cuando entras en una televisión, ya hay un equipo formado con el que tienes que trabajar, pero espero llegar a un acuerdo para no deshacerme de ciertas personas”, confiesa.



En este sentido, el también murciano Alfredo Navarro es la apuesta segura de Pérez para manejar la batuta de la dirección de Alleine. Ambos rozan la treintena y, según el creador de la serie, están acostumbrados a trabajar con ciertas tecnologías que aseguren el resultado, “con un poquillo de vida”, que quieren para su producto: una especie de Hermanos de sangre o The Pacific, solo que sin Spielberg ni Tom Hanks.

Alleine es un buen ejemplo de las inquietudes y capacidades de una nueva generación audiovisual. “Es una serie que esperemos sirva para llamar la atención, para demostrar lo que podemos hacer”, dice Pérez. Pero también ilustra el desfase de la industria de posproducción de nuestro país con respecto a otros lugares del mundo. “Tenemos otro proyecto que llevamos años preparando, mucho más gordo, pero que probablemente tengamos que rodar fuera de España”.

¿Qué puede llevar a emigrar después de conseguir recrear el desembarco de Normandía en mitad de Córdoba? “Según están las cosas ahora mismo, te sale más barato que te traigan a Morgan Freeman que a Mario Casas y es más rentable enviar unas imágenes en 3D a la India para renderizar que hacerlo aquí”, indica. “Quitando el Reino Unido, hay cosas que salen mucho más baratas en el extranjero e incluso en Estados Unidos te dan muchas más facilidades que aquí”, lamenta Pérez.



Por cuestiones de negociación, no podemos saber los nombres de las cadenas que podrían emitir Alleine en un par de meses. Lo que sí se sabe, es que sólo un tercio de las posibilidades inclina la balanza hacia la emisión en nuestro país. Parece que el audiovisual español se mueve, bulle, innova, arriesga… y se ve obligado, muchas veces, a salir de nuestras fronteras en busca de mejores panoramas.
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