Posicionamientos enfrentados en Oriente Medio (II)
viernes 24 de febrero de 2012, 21:32h
El gobierno que encabeza Erdogan en Turquía ha pasado de ser un agente aglutinador de sinergias internas a un propulsor de iniciativas fecundas en los asuntos medio-orientales. Lo pudimos comprobar entre 2010-2011 en lo que afecta a tres escenarios regionales muy delicados: a) la política inmisericorde de Israel en la franja de Gaza y el ensayo exterior de solidaridad humanitaria con la población palestina; b) las elecciones generales que tuvieron lugar en Iraq en 2010 y que no sonrieron al candidato sunní, Tariq al-Hashimi, ni a su congénere político Ayad Allawi, de inspiración pan-iraquí. Al-Hashimi, respaldado por Ánkara, se refugió en “santuarios” kurdos situados en el noreste de Iraq cuando Nuri K. al-Maliki, de signo religioso chií y, por ende, afecto al gobierno clerical de Irán, obtuvo la mayoría necesaria para intentar enderezar un país tan abatido como lo es Iraq; c) finalmente, Erdogan no ha dejado de llamar a la puerta de Damasco para mediar en el ¿conflicto civil? que está causando estragos en toda Siria a causa de la represión exterminadora por parte del gobierno.
De estas tres iniciativas turcas en la Región -en Gaza, en Iraq, y en Siria-, Teherán sólo ha aprobado -y sólo tácitamente- la que concierne al apoyo turco a la flotilla que intentó desembarcar en Gaza para socorrer a la población palestina. Reténgase que en la propaganda oficial generada por el régimen iraní desde que culminó la revolución que lo aupó al poder, Estados Unidos e Israel, de un lado, y la Unión Soviética, de otro, constituyeron la “tríada satánica” por excelencia para los ayatollahs. Estados Unidos es, en consecuencia, el actor regional más vilipendiado por los medios de difusión iraníes; Israel está situado a la par, con la diferencia de que entre ambos países hay una distancia no inabordable para el dispositivo bélico de misiles de alcance medio.
Ahora bien, ni el ayatollah Khamenei, ni su primer ministro Ahmadineyad parecen halagados por el intervencionismo turco en Iraq y Siria, países donde la variante chií del Islam posee inveterado asiento popular y apoyo específico del libanés Partido de Dios (“Hezbollah”).
Para contrarrestar a Turquía y su aspiración a convertirse en el eje de rotación regional, del que dependerá el soñado “Gran Oriente Medio”, Irán ha reforzado dos “demonios” históricos de Turquía: el irredentismo del pueblo kurdo, valiéndose del PKK, o Partido de los Trabajadores del Kurdistán, en primera línea; y el sentimiento anti-estadounidense que está difuso a lo largo y ancho del Oriente Próximo y Medio.
Con respecto del primer “demonio”, se trata de una vieja cuestión nacional turca reavivada en el verano de 2010 desde dentro y alimentada desde fuera -por Irán, particularmente-. Un ejército especial de Turquía fue desplegado “in situ” para ahogar en el nido -de nuevo- la movilización nacionalista a favor de un futuro Kurdistán, del que tanto se viene comentando desde el final de la primera guerra mundial. No le tembló el pulso a R. Taïeb Erdogan cuando llegó la hora de legitimar la operación de castigo. ¿Pero será ésa la única política factible y “productiva” de Turquía para enfocar distintivamente la cuestión nacional kurda?
En cuanto al papel mediador que está asumiendo Ánkara entre un Oriente musulmán regenerador y los intereses estratégicos de la OTAN instalados en Anatolia (rádares de última generación para detectar misiles agresivos), Teherán no ceja en su bombeo permanente de propaganda hostil a Turquía en cuanto presunto caballo de Troya del imperialismo occidental en la Región, Golfo Pérsico inclusive.
No faltan, como hemos visto, ingredientes explosivos de última hora en el proceso de extrañamiento actual entre Turquía e Irán. Es decir, en lo que cabría bautizar como edición renovada de un antagonismo histórico que se remonta en sus orígenes al siglo XVI y que, desgraciadamente, resucita ahora en un caldo de cultivo envenenado como el que se está cociendo en la Región. Y aunque el sentido común siga siendo el menos común de los sentidos, es muy probable que el gobierno de Turquía no esté dispuesto a emprender una escalada enemiga con Irán; como, por el contrario, sí parece ser el caso de Israel, alarmado estos días -más que nunca- por la “visita” de una flotilla de guerra, de pabellón iraní, al puerto sirio de Tartus.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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