Hillary Clinton, de gira por el Magreb
EEUU quiere domesticar la 'primavera árabe'
sábado 25 de febrero de 2012, 18:07h
La intervención norteamericana en las llamadas “primaveras árabes” ha sido hecha al más alto nivel. Tanto el presidente Barack Obama como la Secretaria de Estado Hillary Clinton han invitado en su momento a los dictadores árabes, una vez que éstos fueron objeto de las manifestaciones populares exigiendo su dimisión, a someterse a “la voluntad de los pueblos”. Cuando cayeron los déspotas en Túnez, Egipto y Libia, Estados Unidos saludó “los cambios”.
Desde la opinión publica árabe, solidaria con el pueblo palestino que sufre la exclusión y la segregación por parte del Estado de Israel, el gran aliado norteamericano en la región, se observa con desconfianza la “nueva amistad” norteamericana con la primavera árabe. Detrás de la misma se sospecha que hay intereses geopolíticos de envergadura centrados en torno a los hidrocarburos. Argelia, Libia, Arabia Saudita, las monarquías del Golfo y Egipto son exportadores de petróleo y gas a Occidente. El canal de Suez, el estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb, son tres vías de tránsito petrolero irrenunciables para Occidente y para su guardián Estados Unidos. La gira de la señora Clinton por el Magreb no escapa a esta consideración.
Si Estados Unidos, al igual que Europa, fueron cogidos desprevenidos por la irrupción de las revueltas árabes y su alcance, hoy quieren recuperar posiciones. Hillary Clinton sabe que el apoyo norteamericano a la primavera árabe ha generado simpatías, y quiere capitalizarlas. Si bien su presencia en Túnez, Argelia y Marruecos, no hay que tomarle como un cheque en blanco. Washington desconfía de los movimientos islamistas que tienen el viento en popa y han llegado al gobierno en Túnez y Marruecos, y podrían verse asociados al mismo en Argelia.
Pero la gira de la Secretaria de Estado tiene también otros objetivos. La Casa Blanca quiere dinamizar sus mecanismos de intervención en todos los países susceptibles de verse afectados por el tsunami de las revueltas contra las dictaduras. Los EEUU disponen de una multitud de organismos oficiales y oficiosos que tienen como misión “exportar la democracia americana” en todo el mundo, es decir construir el entramado de relaciones político-económicas con el resto del planeta para mantener los intereses estratégicos y geopolíticos de la Primera potencia mundial. En contra de lo que se ha dicho esa red norteamericana no previó la primavera árabe, aunque se alineó discretamente con ella a posteriori.
La mayoría de estas agencias y ONG americanas están implantadas desde hace años en el mundo árabe. Las más conocidas y emblemáticas son la USAID (Agencia de EEUU para el desarrollo internacional), la NED (Dotación nacional de fondos para la democracia), el IRI (Instituto internacional republicano), el NDI (Instituto nacional democrático para asuntos internacionales) o la Freedom House (Casa de la libertad). Pero también hay organismos financiados con fondos privados como la Fundación George Soros, la OSI (Instituto para una sociedad abierta), y otros.
Algunos medios de comunicación árabes proclives a sustentar la teoría del complot, han estimado que la mayoría de estos organismos han estado implicados en las llamadas “revoluciones naranjas” que se sucedieron en Europa del Este, en los Balcanes y en Asia central, y que lo mismo habrían hecho en la primavera de los pueblos árabes. Sin embargo, a pesar de estar presentes en el mundo árabe, ninguno de ellos fue protagonista líder en las revueltas árabes, desde Túnez hasta Siria.
Tras la victoria de la revolución del jazmín que derrocó al dictador tunecino Zine Ben Ali y después al gerontócrata egipcio Hosni Mubarak, Washington ha incentivado la intervención de sus agencias y ONG especializadas para “acompañar el proceso democrático”, al tiempo que ha puesto en marcha un programa especial para influir en las redes sociales de todo el mundo. Los ciberactivistas oficiales utilizan entidades como la Alianza de Movimientos de la Juventud (transformada hoy en Movements.org) para entrar en relación con los usuarios de las redes sociales en el mundo árabe que han jugado un papel pionero en las revueltas. No es casualidad que entre los fundadores de este portal “independiente” esté Jared Cohen antiguo consejero de Condoleezza Rice y de Hillary Clionton, así como Jason Libman contratado por el Derpartamento de Estado y el de Defensa. La Administración norteamericana se ha volcado en Google, Facebook, Twitter y Youtube, con el fin de reorientar sus contenidos y actividades conforme a sus intereses.
Los cables dados a conocer por Wikileaks han mostrado que la Administración norteamericana estaba periódicamente en contacto con todos los grupos opositores de sus “aliados árabes” (Egipto, Túnez, Marruecos, Argelia, Jordania o Siria). En algunos casos, como en Siria y Libia, Washington financió sus actividades.
Hillary Clinton viaja para tantear el terreno magrebí. La alianza antiterrorista es una prioridad para Washington que quiere participar en la lucha contra Al Qaeda en el Sahel con unidades especiales y logística. Pero también el mantenimiento de los intereses estratégicos en los tres países. Sin embargo, lo que no está en la agenda de Hillary Clinton es algún tipo de mediación entre Argelia y Marruecos sobre el conflicto del Sahara Occidental y los contenciosos bilaterales. Esa es al menos la opinión del exministro argelino y exembajador en España, Abdelaziz Rahabi.
“La aceleración de la Historia en nuestra región – subraya Rahabi – ha sorprendido a todo el mundo, incluidos norteamericanos y europeos. Pero han sabido acompañarlo preservando lo esencial de sus intereses diplomáticos y económicos”. Según el exministro argelino, “los occidentales son pragmáticos: sólo sus intereses condicionan su actitud”. Y hoy la preservación de los mismos pasa por el apoyo al gobierno islamista de Túnez, al régimen argelino de Abdelaziz Buteflika o a la monarquía de Mohamed VI.