No voy a comenzar con una concesión a lo políticamente correcto. La civilización islámica ha alumbrado creaciones maravillosas pero el Gobierno de Irán está cometiendo hoy atrocidades que deben conmover e indignar por igual a todos los seres humanos. Profanando el nombre del Islam, el régimen iraní comete crímenes que ningún Dios ni ninguna Revelación pueden justificar. Si no puede haber coacción en materia de religión, los teócratas de Irán parecen haberlo olvidado hace mucho, muchísimo tiempo.
Yousef Nadarkhani es un joven de la provincia iraní de Gilan casado con dos hijos que se convirtió al cristianismo y se hizo pastor protestante. Lleva encarcelado desde 2009. Ahora, El Tribunal Supremo de la República Islámica de Irán debe decidir si su conducta merece la pena de muerte. El joven Yousef se ha negado a apostasiar del cristianismo y ha asumido las consecuencias de su decisión sabiendo que puede suponerle la horca. A medida que pasan los días, crecen los rumores sobre su inminente ejecución.
Sin embargo, aún podemos salvar a Yousef Nadarkhani. El régimen de los ayatollahs, que prodiga con macabra generosidad la horca y la lapidación para homosexuales y supuestas adúlteras, teme verse desacreditado una vez más por sus propias acciones. Ahmadineyad recorre el mundo buscando uranio entre sonrisas y abrazos mientras en Irán ejecutan a un muchacho que decidió hacerse cristiano. Los ayatollas son fanáticos pero no tontos: ellos saben que si los ciudadanos y los gobiernos reaccionan estas cosas pueden tener un alto precio. No les importa la vida ajena pero sí el nombre propio. Los recientes atentados terroristas evitados en la India, Georgia y Tailandia han socavado aún más la imagen de un régimen que teme desmoronarse cuando su propio pueblo supere el miedo.
Por eso, debemos reaccionar. El Ministerio de Asuntos Exteriores debe interesarse por la suerte de Yousef Nadarkhani y que transmita la preocupación por esta nueva violación de los derechos humanos cometida por quienes se sirven de la religión para oprimir a su pueblo. La asociación pro derechos humanos
NO A LA BOMBA ha lanzado una iniciativa para salvar a Yousef que se está canalizando a través de
Facebook y de la plataforma
Actuable. En los Estados Unidos y en otros países hay varias iniciativas ciudadanas para evitar este crimen en ciernes que no sería el cumplimiento de una sentencia sino la consumación de un asesinato.
Quienes creemos en la dignidad del ser humano, en la libertad, en la razón y en la democracia no podemos presenciar impasibles esta atrocidad. Los ciudadanos debemos actuar y mostrar allí donde sea posible que los ojos del mundo están fijos en la provincia de Gilan y en el destino de este joven muchacho que decidió abrazar el cristianismo hasta sus últimas consecuencias. La experiencia de los disidentes soviéticos demuestra el poder de las reacciones internacionales para defender los derechos humanos.
Ojalá no sea demasiado tarde.