Un Bicentenario
sábado 25 de febrero de 2012, 18:22h
Estamos durante estas fechas recordando con celebración el bicentenario de aquellas famosas Cortes de Cádiz que dieron a luz la primera de nuestras Constituciones, la de marzo de 1812. Dado el carácter y, sobre todo, el contenido de nuestro primer texto constitucional, hemos de convenir, junto a autores tan insignes como Dawson, que se trata de la primera aportación española a Europa. Y ello porque 1812 constituye un revulsivo político en toda Europa –todavía regida por reinos e imperios nada liberales–, así como también en los numerosos países de Hispanoamérica.
El proceso político bien merece un recuerdo al que tenían que volver los ojos la totalidad de los ciudadanos del momento que vivimos. Resumamos: las tropas napoleónicas han invadido casi la totalidad del país y José I, hermano del Emperador, ha sido colocado como Rey de España. Con él, quienes es posible que no tuvieran otra salida y a los que pronto se llamó “afrancesados”. Frente a él, un notable grupo que acabó instalado en San Fernando y Cádiz. Eran, fundamentalmente, partidarios del regreso al trono de Fernando VII, llevado a Francia por los invasores. De esta forma, la guerra era, principalmente, una guerra contra el francés (la denominación de “Guerra de la Independencia” no aparece hasta los primeros veinte del siglo). El francés era el pueblo maldito y su emperador el terrible tirano con naturaleza diabólica, como se hace constar en el Catecismo que a la sazón se redacta y divulga.
En Cádiz, en la recatada y bonita iglesia de San Felipe Neri, los diputados que allí logran llegar (nunca en número suficiente para firmar la Constitución, labor a la que fueron llamados al final ciudadanos corrientes gaditanos), se proponen la redacción de nuestra primera Constitución. Liberales y serviles acuerdan redactar un texto fundamental no pensando únicamente en el regreso de Fernando, nuestro primer gran rey-dictador, sino, a través de leyes emanadas de la Constitución, pensando asimismo en suprimir gran parte de los privilegios de la nobleza, y romper con la sociedad estamental hasta entonces vigente. El liberalismo hace su aparición con fuerza, en parte por influencia francesa, en parte por la misma evolución histórica de la sociedad de entonces, que ha conocido la presencia y el empuje de la burguesía. Nueva clase todavía muy reducida que, a lo largo de todo el siglo XIX, va a necesitar el apoyo del único sector organizado y con fuerza: el ejército.
El 19 de marzo de 1812 el texto queda aprobado, pasando al parecer de la Regencia. La gran obra de 1812, pese a los vaivenes que sus principios y su espíritu iban a recibir durante todo nuestro constitucionalismo, lanzó a los cuatro vientos (Europa resistente, reinos en Italia, Portugal e Hispanoamérica) cuatro grandes supuestos sin los cuales ya no va a ser posible hablar de Constitución: a) la idea de constitucionalismo escrito, b) el principio de libertad, c) la soberanía nacional y d) la separación de poderes. Sin ello, no habría ya verdadera Constitución.
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Catedrático de Derecho Político
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