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RESEÑA

Marta Sanz: El frío

domingo 26 de febrero de 2012, 16:18h
Marta Sanz: El frío. Caballo de Troya. Barcelona, 2012. 137 páginas. 12,90 €

En La delgada línea roja, James Jones narra su experiencia en la batalla de Guadalcanal y nos sitúa a la perfección en un escenario en el que se hace patente lo fácil que resulta traspasar la débil frontera entre la locura y la cordura. Pero esa “delgada línea roja” no solo existe en situaciones límite y referida a esa frontera. Especialmente en las relaciones sentimentales –que tienen mucho de campo de batalla- esa línea se encuentra en el frágil equilibrio entre el amor y el desamor, en lo precario del enamoramiento, que puede desembocar a pasos agigantados en una acumulación de reproches, mudos o explícitos, en un memorial de agravios, en un frío desencanto.

De ese momento donde el amor se reviste de un gélido barniz trata precisamente esta novela de Marta Sanz. En ella, una mujer regresa a su casa en un autocar tras haber visitado a Miguel, su pareja, recluido en un centro psiquiátrico. Asistimos así a un viaje físico, en el que el frío real está muy presente, y, a la vez, ambos elementos –viaje y frío- encierran un significado simbólico: el viaje al helado territorio del desamor. Porque en este periplo, que resultó fallido –“cientos de kilómetros desperdiciados”–, pues cuando la mujer llega al hospital su novio le da la espalda y no le deja ni decir una palabra, afloran recuerdos, situaciones, sentimientos, que van conformando una historia surcada por varias etapas en las que la voz narradora –la de la mujer a quien su novio ha rechazado en esa visita- nos va sumergiendo. Una historia que posee su primer centro en una entrega absoluta, casi enfermiza, de la mujer: “Lo importante, que tú te encontraras a gusto, que yo me hiciera imprescindible, que estuviese dentro de tus deseos y poderlos preparar de antemano. Yo no tenía otra cosa que hacer. Solo ser mejor que tu madre, mejor que tu hermana, mejor que la mejor de tus amigas, la amante más solicita y predispuesta”. El amor como obsesión, aunque, paradójicamente, con no poco de buscada y asumida, que, finalmente, se trasmuta en hondas recriminaciones: “Yo no te he importado. Ni siquiera ese primer día, en el que te dije te quiero, te importó. O sí, no sé. Desde mi palabra, decidí. Con toda mi firmeza. El mundo ya estaba construido. Cada acontecimiento se concatenó con el siguiente, de acuerdo con esas solas sílabas. Los espacios de la vida cotidiana fueron tuyos”.

Paralelamente a esta voz narradora –que alterna la primera persona con la observación distanciada de sí misma volcada en tercera-, se intercalan capítulos en los que se describe, también en tercera persona, episodios de la estancia de Miguel en el sanatorio y del trabajo de una de las enfermeras del centro, que tiene a Miguel a su cargo. La novela ejercita así varios registros que se contrapuntean de manera lograda en esta narración desolada, que es viaje al pasado y construcción de un futuro diferente: “Conquistar nuevamente mi espacio y defender lo mío para que un mendigo vestido de paisano no me robe el equipaje. Como una posición ante la vida reproducida en miniatura”, dice la mujer al llegar a la estación de autobuses, después de la frustrada visita. Esa estación que, como el viaje y el frío, adquiere un carácter que traspasa el realismo. Es sitio de paso, encrucijada de caminos, en la que podemos estancarnos, o ser la antesala de algo nuevo: “No sé si alguna vez saldré de aquí. Tengo las suelas pegadas al pavimento. Oigo las bocinas de los coches en los pasos de cebra. Camino hacia la salida con la mente en blanco”.

Publicada originariamente en la colección “Punto de Partida” de la editorial Debate en 1995, con El frío –hoy acertadamente recuperada por Caballo de Troya- Marta Sanz daba comienzo a su proyecto literario. Un consistente debut que revelaba a una escritora con personalidad propia y que hacía presagiar una brillante trayectoria, felizmente hoy confirmada en novelas como, entre otras, Los mejores tiempos – Premio Ojo Crítico de Narrativa 2001-, Animales domésticos, Susana y los viejos –finalista del Nadal 2006-, La lección de anatomía, Black, black, black, y el recién publicado Un buen detective no se casa jamás –que se presenta este martes 28 en la librería madrileña Tipos Infames-, junto a la extraordinaria e insustituible antología y estudio de la lírica española contemporánea Metalingüísticos y sentimentales, y los poemarios Perra mentirosa/Hardcore.


Por Rafael Fuentes


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