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Corrupción en Baleares

martes 28 de febrero de 2012, 00:24h
A medida que se van conociendo detalles del maratoniano interrogatorio a que fue sometido don Iñaki Urdangarín aumenta la sensación de irregularidad que rodea a todo el caso “Palma Arena”. Pieza separada o no, lo cierto es que hay sobre la mesa una serie de indicios que ponen de relieve una serie de comportamientos de todo punto inadmisible por parte de los imputados en el común de la causa, y que dejan en una situación bastante comprometida al yerno del Rey.

De las 22 horas que duró el interrogatorio de don Iñaki Urdangarín pueden extraerse dos conclusiones principales: la primera, el celo con que se conducen juez y fiscal, y la segunda, la presumible cantidad de elementos de prueba que podrían incriminar al duque de Palma -un juez no hace quinientas preguntas a alguien de cuya inocencia no se duda-. A tenor del citado celo judicial, llama la atención la polémica -artificial, por lo demás-, suscitada en este sentido. Quizá sea el momento de romper una lanza en favor de la independencia judicial y confiar en que la administración de justicia no siempre tenga porqué estar politizada.

Si el juez instructor es metódico en su trabajo, mejor que mejor. Lo importante no es la relevancia social de los imputados en el caso “Palma Arena”, sino que se haga justicia con independencia de quiénes sean los imputados. Y que sean los tribunales quienes dicten sentencia en el momento procesal oportuno, por más que para cierto sector de la opinión pública resulte tentador llevar a cabo juicios paralelos con un interés más mediático que de justicia.
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