afirmación continuista
Análisis: El nuevo viejo Gobierno
viernes 11 de abril de 2008, 23:24h
El presidente recién investido ha decidido, según las informaciones que debe ratificar oficialmente ante el Rey, cambios fundamentalmente cosméticos en la periferia de su Gabinete. Así, mientras mantiene su línea estructural, manda un mensaje de impulso modernizador en materias contemporáneas, tanto en lo técnico como en lo social, en las que se inscriben los nuevos Departamentos de Innovación y de Igualdad.
En ese contexto, el cambio más llamativo es en Defensa, el único de los grandes ministerios que exigía relevo por el nombramiento de su anterior titular, José Antonio Alonso, como portavoz del Grupo Parlamentario del PSOE. Zapatero ha querido ser original, y ha nombrado, como Sarkozy hizo en Francia, a una mujer, por primera vez en la historia de España, como jefe de las Fuerzas Armadas: Carme Chacón. En ella se premia, simbólicamente, el buen resultado del PSC en las pasadas elecciones, además de dar una imagen rompedora e igualitarista, como quiere el líder del PSOE.
El nuevo equipo lleva incluido, como sucede en los nombramientos de Gabinete, un capítulo de agradecimientos y amistades. En este caso, el agraciado ha sido el fracasado candidato a la Alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián. Por lo demás, Zapatero ha buscado un perfil de competencia técnica en Cristina Garmendia (Innovación), con personalidades femeninas de relativa segunda línea en Igualdad (la jovencísima Bibiana Aído) y Vivienda (Beatriz Corredor).
Asunto aparte merece el nombramiento de Celestino Corbacho, también de la cuota de los socialistas catalanes, que releva abruptamente a su antiguo amigo Jesús Caldera, quizá el más damnificado del Gabinete. Con él han caído, como estaba previsto, Joan Clos, y la discutida ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona.
De la Vega y Solbes eran bazas seguras para Zapatero. Rubalcaba, también, aunque amagase con deshojar la margarita. Sin embargo, el mantenimiento de Mariano Fernández Bermejo en Justicia demuestra que, más que un empecinamiento sentimental con el polémico ministro, es una declaración de intenciones en una materia en la que se va a dirimir una fuerte batalla política en la Legislatura. Con Bermejo, Zapatero parece dar un aldabonazo, más que ofrecer una imagen de consenso para facilitar los supuestos pactos en la Justicia de los que se habló durante la investidura. La línea Bermejo, salvo un cambio insospechado, es más compatible con un deseo de tomar todo
el poder posible en los órganos judiciales que están en juego (Consejo del Poder Judicial, Tribunal Constitucional) que de pactarlos con la Oposición. También es una muestra de resistencia a las críticas el mantenimiento de Magdalena Álvarez en Fomento.
La continuidad de Moratinos, en fin, no sorprende en un presidente que ha dejado muy en segundo plano la política exterior. Tampoco la del recién llegado Bernat Soria, en Sanidad, que ha mejorado su imagen investigadora con una aguerrida militancia en la campaña socialista. Ni la de César Antonio Molina en Cultura, por su perfil poco polémico. Mientras, Mercedes Cabrera tiene el premio de ampliar su Ministerio de Educación e incorporar Asuntos Sociales, y lo mismo sucede con Elena Espinosa, que suma competencias medioambientales a su Departamento de Agricultura.
Un Gabinete, en suma, nuevo en lo periférico, pero viejo en lo nuclear.