Lo primero, las previsiones de crecimiento. La Comisión Europea había previsto un decrecimiento del 1 por ciento. Pero la CE hace las previsiones a políticas constantes, es decir, sin tener en cuenta los cambios en la política económica. El Gobierno español prevé una recesión del 1,7 por ciento, y éste sí tiene en cuenta los efectos que pueda tener la adopción de sus medidas. Cabe decir que esas siete décimas de diferencia son las que imprimen sus decisiones de política económica.
En principio, parece un tiro en el propio pie. Pero la recuperación es el ajuste. Y el ajuste pasa por echarse atrás en las malas decisiones del pasado; hacer emerger las pérdidas reales que antes contabilizábamos como beneficios. Y, por otro lado, una parte del público se contabiliza como contribución al PIB, cuando hay gastos o inversiones que, lejos de añadir, restan valor a la economía. Ahora esas partidas aminoran la contabilización del PIB, pero eso no quiere decir que estemos necesariamente peor.
Lo segundo en que debemos detenernos es en el techo de gasto. Se reduce en un 4,7 por ciento sobre los 122.256 millones fijados para el año pasado:
118.565 millones. Cifra que se reduce a 116.295 millones, una vez descontadas las obligaciones de pago pendientes del año pasado. El presupuesto para los ministerios se reduce en un 12,5 por ciento.
Con el techo de gasto en la mano más sus previsiones de ingresos, el Gobierno tiene ya un objetivo propio de déficit. Propio, sí, porque no acepta el 4,4 por ciento fijado por Bruselas. Una discrepancia tal que el Gobierno ha tenido que hacer referencia a que es una decisión “soberana”. Y que va del 4,4 al 5,8 por ciento del PIB. Son 2,7 puntos del PIB de ajuste:
29.000 millones de euros, no los casi 45.000 que haría falta para cumplir con Merkel. De esos 29.000 millones, el Gobierno hizo ya la mitad del trabajo el 30 de diciembre, con el ajuste de 15.000 millones de euros. De modo que se ha autoimpuesto una tarea que se puede cumplir sin enormes sacrificios. Pero que se puede cumplir.
¿Por qué hace esto Mariano Rajoy? Porque el 4,4 por ciento no es creíble. Ahora el mercado puede creerse la palabra del presidente del Gobierno. Más, cuando Rajoy ha prometido hacer otro esfuerzo de 2,8 puntos del PIB en 2013 que llevarían al déficit español a la estación planeada del 3,0 por ciento a tiempo. Mariano Rajoy se puede indisciplinar ante Angela Merkel. Pero no ante los mercados, que son los que tienen que financiar nuestro camino hacia la reducción del déficit sin tener que recurrir a medidas extremas, como las de Grecia, que provocarían un caos social y político.
Además, Mariano Rajoy tiene un argumento en su mano, que aunque es
insuficiente para la inflexible Unión Europea, sí tiene sentido. Rajoy realizará un ajuste del déficit estructural del 3,5 por ciento. El déficit estructural es el que es independiente de la marcha del ciclo económico. Ese 3,5 por ciento es parte de lo que le había exigido la Unión Europea. Rajoy sólo incumple la parte que, precisamente, depende del ciclo económico. Es una forma de decir que España afronta una situación económica mucho más dura que la que venía reflejada en los libros cuando se marcó aquél 4,4 por ciento. Por cierto, que aquí la previsión de decrecimiento del 1,7 por ciento aparece como parte de un relato, cuya moraleja es “nosotros hemos hecho lo que nos pides, hasta donde las circunstancias nos han dejado”.
Unas circunstancias que se completan, y ennegrecen, con las pavorosas previsiones de paro. Basándonos en las apreciaciones del Banco de España,
calculábamos que se perderán 534.000 empleos. Pero lo que espera el Gobierno para este año es peor: 630.000 parados más, que llevarán el total a rozar los 6 millones de parados, y nos retrotraerán a las épocas de Felipe González, con una tasa de paro del 24,3 por ciento. Pero esa es materia para otra crónica.