Un panorama realista y dramático
sábado 03 de marzo de 2012, 10:11h
El Gobierno tiene ya un cuadro macroeconómico que inmediatamente ha compartido con la sociedad española. Traza un cuadro verdaderamente dramático, que nos muestra una dura recaída en la recesión y un aumento del desempleo que arrojará una cifra cercana a los seis millones de parados. Si esta previsión resulta desasosegante, lo es más cuando pensamos que es realista. Esta es la principal diferencia entre el actual gobierno y el anterior. Mientras que José Luis Rodríguez Zapatero actuaba como si el uso de las palabras pudiese enmascarar o incluso transformar la realidad, Mariano Rajoy se aferra a ella, por muy áspera que sea, para no dar pasos en falso.
Tras los fríos datos ofrecidos por el Gobierno trasluce una estrategia a la vez económica y política. Económica porque ha fijado un ritmo de reducción del déficit que arribaría al 3,0 por ciento en 2013, al que se ha comprometido, y que es factible y creíble. Al elegir un camino diferente del que marca Bruselas, pero que entra dentro de lo posible, el mensaje que está ofreciendo Rajoy a los mercados es que tiene criterio y que no va a dejarse llevar por la problema fácil de un objetivo imposible. Lejos de lo que afirman el presidente del BCE y el del Consejo Europeo, los objetivos elegidos por Mariano Rajoy no tienen porqué inquietar a los mercados, sino todo lo contrario.
Y trasluce también una estrategia política porque Mariano Rajoy se presenta ante los españoles como un hombre comprometido con el propósito de sacar a España de la situación de riesgo que vive, que es real, y cuyos perfiles están claros ante nuestros ojos según contemplamos el derrumbe de Grecia. Aparece como alguien de palabras como diamantes: escasas, duras y caras. Y se nos muestra como un político con independencia frente a la todopoderosa Merkel. Cualquiera de las decisiones que hubiese elegido Mariano Rajoy era arriesgada, y parece conducirse con sentido común e inteligencia, dos cualidades que nadie con objetividad le ha negado.
El principal problema –dejando a un lado lo tremendo de la realidad- es que las cifras de Rajoy, por más que realistas, son eso: predicciones. Y lo que de hecho ocurra depende de variables que ni este, ni ningún gobierno, puede controlar. Para empezar, una situación exterior sumamente incierta; en este sentido, no está dicho que las turbulencias en relación a la deuda griega no vuelva a reproducirse en algunos meses.