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Crítica de arte

Visiones de la India. Pinturas del sur de Asia

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
martes 06 de marzo de 2012, 19:20h
El Museo Thyssen acoge hasta el 20 de mayo la exposición “Visiones de la India”, en la que ha reunido 106 piezas que permiten recorrer la pintura india desde el siglo XII hasta mediados del siglo XIX. La minuciosidad con la que se elaboraron estos trabajos artísticos es apabullante, así como su fantástico estado de conservación. El detallismo de cada una de las escenas unido a su colorido atrae la atención casi sin pretenderlo conformando una propuesta indispensable para quienes quieran empaparse de otros estilos.
De las cerca de 1.500 pinturas del sur de Asia que conserva el Museo de Arte de San Diego, cedidas por el coleccionista Edwin Binney, 106 pueden contemplarse hasta el 20 de mayo en el Museo Thyssen, en una exposición que ha sido titulada Visiones de la India.

Las obras expuestas, que datan del siglo XII a mediados del siglo XIX, permiten al visitante percatarse de la minuciosidad con la que fueron ejecutadas. La posibilidad de contemplar el detallismo que emana de cada uno de estos trabajos, la mayoría acuarelas opacas sobre tabla o papel, es lo mejor de una muestra en la que el colorido también figura como otro de los protagonistas.

El imaginario de países como India, Cachemira, Nepal, China o Irán remite a escenas en las que las divinidades comparten espacio pictórico con personajes históricos, animales y, sobre todo, una abigarrada ornamentación vegetal que engalana techos, tronos, suelos o vestimentas. Representaciones fantásticas, episodios bélicos, hazañas amorosas o retratos son algunos de los temas más repetidos de la pintura india que, según una nota del Thyssen, “presenta considerables variaciones según las regiones, épocas y estratos sociales”.

Así como en Europa durante la Edad Media fue habitual la iluminación de libros, también lo fue en el sur de Asia con la particularidad de que encargar copias de textos era considerado una acción que incrementaba el karma, lo que los convertía en objetos de veneración. Esta tradición, que comenzó en el siglo XI en los monasterios budistas, ha dejado ejemplos tan destacados como Buda como gran sanador, del siglo XV, que muestra a la divinidad sentada en el centro de la escena rodeada por otros seres de menor tamaño; un modo de representación que se repite en otras piezas como Los mundos de los dioses y la salvación, salpicado por una amalgama de personajes, seres fantásticos y motivos zoomorfos.

Pese a que en un primer vistazo la temática del estilo de los pintores indios parece que gira en exclusiva en torno a las divinidades, en el apartado Visiones líricas el visitante se topa con escenas de batalla como Esfandiar matando a los leones o Rustam echa el lazo al kan de China y le derriba un elefante blanco, una de las obras que denota el interés de aquellos artistas por aprovechar al máximo el espacio dada la cantidad de figuras dibujadas.

También un personaje histórico como Alejandro Magno fue objeto de interés por parte de los pintores del sur de Asia. En el siglo X, el conquistador macedonio comenzó a ser percibido como un viajero y un soberano-filósofo y, por tanto, retratado como tal. Nushabeh recibe el retrato de Iskandor, del siglo XV, es una de las muchas obras ejecutadas con acuarela opaca y oro, material que es posible distinguir en el ornamento vegetal que adorna el suelo y las paredes de la escena. En Alejandro moribundo en su lecho de muerte es posible distinguir características pictóricas como la frontalidad de las figuras y el escaso interés por la perspectiva.

Aunque hay obras relevantes de gran formato como Noticia de una huida repentina: Umar y Landhaur hablando junto a la tienda de Hamza, de gran dinamismo, lo cierto es que las piezas de pequeño formato son mayoritarias. La minuciosidad que debió exigir pintar en tan reducido tamaño engrandece aún más a estos trabajos. Conviene prestar atención a tres piezas que bien pueden etiquetarse como miniaturas y cuya factura es admirable: El asesinato de Khusrow Parviz, Khusrow y Shirin comparten una bebida y Bahran Gur y la princesa griega en el pabellón amarillo.

El recorrido que propone la exposición por la historia de la pintura mogola es una de las partes centrales por tratarse de una de las formas más influyentes y reconocidas del arte indio. “El emperador Akbar (1556-1605) fue en parte responsable de este esplendor al contratar a un centenar de artistas para que trabajaran en el taller imperial bajo la dirección de siete pintores procedentes de la corte de Irán”, explica el Thyssen en una nota, en la que añade que “las obras que realizaron conjuntamente artistas indios e iraníes, sometidas al realismo impuesto por el gusto del emperador, constituyen un excelente conjunto que revela un estilo nuevo, dotado de una vitalidad sin precedentes”. Así ocurre en Tempestad en el mar, en la que la ondulación del agua remite a un efecto de movimiento, y en Krisna parte por la mitad con su disco al demonio Naraka, en la que confluyen elementos arquitectónicos con seres fantásticos cornudos, quienes también están presentes en Demonios en un paisaje agreste, cuyas cabezas zoomorfas recuerdan al estilo de El Bosco en El jardín de las delicias.

La intención de la muestra de hacer entender al visitante de qué manera los artistas indios debieron adaptar su estilo a las corrientes europeas queda patente al haber incluido obras de temática religiosa católica como Salomón y la Reina de Saba, donde el color, la verticalidad de la escena, la vegetación o los animales hacen pensar en la creación típica india, o Los ángeles atienden a la Virgen y al Niño, trabajo en el que los ángeles llevan adornadas las orejas con pendientes.

Otras piezas de interés son Retrato ecuestre de Muhammad Shah, de caza y el retrato Aurangzeb Bahadur con un iris en la mano de pequeño formato, pero en el que es posible apreciar gran cantidad de detalles decorativos en la vestimenta y en el turbante, así como en las joyas que porta en el cuello y en las orejas.

Los animales y los temas vegetales son también objeto de representación por sí mismos, sin acompañar a otros elementos. Es un lujo contemplar, por ejemplo, Dondiegos de noche o la Maravilla de Perú con un fondo en oro ciertamente impresionante.

Cierra la exposición una selección de pintura indobritánica, fechada en el siglo XIX, a través de la que es posible apreciar de un modo inequívoco la adaptación del estilo local al europeo en representaciones que se alejan mucho de lo visto durante el recorrido. Sirven de ejemplos la escena intimista Una mujer aplicándole una ventosa a otra y el paisaje naval Los barcos del nabab de Murshidabad en el Ganges.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen-Bornemisza

Fechas: del 28 de febrero al 20 de mayo.

Horario: de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas / sábados de 10:00 a 23:00 horas.

Precio entradas: general 5 euros / reducida 3,5 euros.
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