"Alto el fuego" a la carta
lunes 05 de marzo de 2012, 21:39h
La lista de reporteros destacados en frentes de combate que perdieron la vida por el impacto de la metralla o una bala no siempre perdida, es larguísima: Julio Fuentes en Afghanistán, Jose Couso en Iraq, Juantxu Rodríguez en Panamá... En muchos casos, su trabajo sirvió para dar a conocer realidades atroces que sólo gracias a ellos quedaron documentadas. Por eso, sorprende que una periodista que no está claro que haya entrado legalmente en el país desde el que transmite sus comunicaciones, que se desplaza por el territorio del mismo empotrada en un grupo guerrillero asistido por servicios de inteligencia foráneos y que en la prensa extranjera está poniendo, en sus informaciones, a caldo al gobierno… Sorprende, decía, su pretensión de que el pueblo con cuya libertad supuestamente se encuentra solidarizada de modo tan patente detenga la guerra durante unas horas porque ella se ha partido una pierna y necesita ser operada de urgencia.
Con el debido respeto, y sin pretensión de ser cruel, ¿cuántos no-combatientes, cuánta gente que no viaja empotrada en ninguna columna insurgente, cuántos hombres, mujeres, niños y ancianos han -o habrían- necesitado en las últimas semanas, en Siria, ser intervenidos por heridas muchísimo más graves sin que la prensa pusiera en marcha la cámara para pedir, por ello, un alto el fuego?
Jamás he escuchado hablar de los “alto el fuego” a gusto del consumidor. Los pilotos de carreras encajan unos leñazos de órdago, y no se sabe de ninguna escudería que, en el momento de tener lugar uno de esos siniestros, procediese a solicitar la suspensión del campeonato. Quien abandona la redacción de su periódico para unirse a una guerrilla en un país lejano no es un ingenuo ni un desinformado: sabe perfectamente adónde va, por qué va y bajo qué condiciones le va a tocar desenvolverse (con mayor motivo, si –como aparenta ser el caso- no se está acreditado ante las instituciones del país en cuestión).
Me resultan increíbles las exigencias del señor Sarkozy –quien debiera saber de qué va esto- y de tanta gente indignada por que no se interrumpa la batalla sólo porque así lo pide una señorita nacida en Francia. Gente que, a todas luces, parece conceder a la salud y la vida de esta periodista occidental un valor especial o superior al de los nacidos en Siria, que están aguantando el mismo cruce de bombas y balas que ella.
Para nuestro asombro, quizá hayamos asistido al nacimiento –por lo menos, teórico- del primer invento del siglo XXI: el alto el fuego personalizado.