Después de las elecciones presidenciales, Rusia se encuentra en la incertidumbre
Irina Bulgákova
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irishecgmailcom/7/7/13
lunes 05 de marzo de 2012, 21:46h
Los resultados de las elecciones presidenciales celebradas el domingo 4 de marzo en Rusia parece que no sorprendieron a nadie. Según los datos oficiales presentados por la Comisión Electoral Central, con una amplia mayoría absoluta ganó el actual primer ministro de Rusia Vladímir Putin que obtuvo el 63,60% de los votos. A gran distancia se sitúan el candidato del Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF), Gennady Zyugánov, con el 17,18%, y en el tercer puesto se sitúa el multimillonario Mijail Prójorov con el 7,98%. Esa sucesión de los candidatos la podemos ver en las regiones. A su vez, los habitantes de la capital y otras grandes ciudades como San Petersburgo y Ekaterinburgo apostaron por el programa propuesto por el empresario, pues en el ranking podemos observar su candidatura en el segundo puesto. La lógica de la reflexión está clara, se supone que el hombre cuyas pretenciones de enriquecerse ya están sosegadas no puede seguir la línea de la corrupción y va a formar su política basandose en el reparto de los beneficios entre todos. Además, con su candidatura relacionan las aspiraciones de elevar el nivel de la economía y la producción nacional (que en la última década se encontraban en un estado lamentable).
El proceso electoral y los resultados de las elecciones tanto en Rusia como en cualquier otro país siempre suscitan discusiones y debates abiertos en los medios de comunicación y en las calles. El pueblo siempre tiene derecho a expresar su opinión. Sin ir más lejos recordamos las elecciones parlamentarias rusas celebradas el 4 de diciembre de 2011 en las que las sospechas de fraude provocaron las manifestaciones más importantes de los últimos años. En las elecciones presidenciales celebradas ayer se detectaron las contravecciones y de eso se habla sin tapujos. No es un secreto que el presidente ya había sido elegido antes de que empezaran funcionar las urnas electorales.
Como decía Max Weber, las personas no necesariamente pueden determinar la política, pero la política siempre determina a las personas. Sin ninguna duda ahora, más que los años atrás, el pueblo ruso está involucrado en la vida política. Ahora no sólo podemos ver a los políticos que ofrecen sus programas y expresan sus opiniones, sino a cualquier persona que no puede permanecer callada ante la injusticia. Ya no se omite la discordia y no la guardamos en las cocinas de nuestras vivendas. Así pues, en diferentes ciudades rusas la gente sale a las calles para participar en las manifestaciones. Entre ellos los estudiantes, la gente trabajadora, el profesorado y los intelectuales. Se perfila, también, la tendencia de la participación activa en el proceso electoral y en los discursos acerca de los resultados de las personas famosas: artistas, escritores, cantantes y presentadores. Parece que en la actualidad la sociedad rusa realmente experimenta los cambios notorios frente a los acontecimientos políticos: se desprende del miedo traidor y está más abierta a la expresión. A su vez, los gobernantes del monólogo pasaron al establecimiento del diálogo eficiente con el pueblo.
Pese a este significativo avance en el proceso del desarrollo de la sociedad civil, emergen preguntas razonables como, ¿cuál será el rumbo futuro del estado?, ¿cómo van a realizarse las directrices del ganador?, ¿a dónde va el país con la aprobación forzada de los resultados? Ahora los rusos son conscientes de los actos del poder y en la sociedad se habla francamente sobre el estado real de las cosas. Pero todavía está por resolver que vamos a hacer con esta verdadera realidad. Como afrontamos lo desconocido que todavía no elegimos nosotros pero sí, lo admitimos. El regreso de Putin se califica, por un lado, como afirmación de su poder, que va acompañado de las represiones y la política de un militar, por otro lado, como la renovación del estado, relacionada con las reformas necesarias, sobre todo, en el campo económico y político.
Es verdad que la historia de la humanidad se desarrolla en forma de espiral, por lo cual los acontecimientos históricos suelen repetirse. Por lo tanto, para evitar la nueva revolución no es suficiente sólo con ser consciente de lo que acontece en el presente, sino tener en cuenta las lecciones del pasado y tomar las decisiones adecuadas para poder observar el horizonte despejado de nuestro futuro.