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Preocupación por el liderazgo de Rubalcaba

viernes 09 de marzo de 2012, 13:44h
La victoria por la mínima de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso del PSOE no ha acabado con las inquietudes internas de ese partido sobre su liderazgo. Sectores claramente desmarcados de él se mantienen en sus trece, y los más tibios buscan tímidamente alternativas y, desde luego, no se someten incondicionalmente a las directrices del líder.

En el primero de los casos, Tomás Gómez, con su victoria en Madrid, aunque ajustada, ha transmitido que Rubalcaba no manda en algunos enclaves y puede ser derrotado. En el segundo, el emergente Emiliano García Page, líder en Castilla-La Mancha, demuestra cada día que tiene un discurso propio, no rebelde, pero sí diferente.

Rubalcaba, por su parte, ha visto en la Reforma Laboral la posibilidad de oro para recuperar a su partido, extraordinariamente debilitado en todos los aspectos (cuadros, militantes), pero, sobre todo, tocado del ala en su poder institucional, prácticamente desaparecido. Y eso es lo más grave, porque sin el aglutinante de los cargos públicos, o la esperanza de lograrlos, es difícil motivar a la adhesión a las siglas.

Sin embargo, Rubalcaba aún está preso de su reciente pasado, y en parte también, de su carácter. Lo primero debilita sus argumentos ante el Gobierno, y lo segundo le lleva a proclamar el deseo de oposición constructiva, lo que no siempre casa con la identidad izquierdista de sus bases, que quieren más calle y menos Parlamento. Porque en la calle se pinta mucho con una pancarta, y en el Parlamento se pinta poco con una derrota tras otra.

Precisamente por no decidirse en este debate, Rubalcaba parece ir a remolque en su labor de oposición, porque quiere sumarse a las pancartas, manifestaciones y huelgas, pero tiene que hacerlo con la boca pequeña, para no perder tampoco la sustancial base electoral que todavía le queda, y que no es la del radicalismo izquierdista más propio de IU.

Por eso, Rubalcaba se tiene que sumar a los sindicatos, y no sumar a los sindicatos a su iniciativa. Y esto tiene el peligro de poner al PSOE como un partido sucursalista y arrastrado por y a la izquierda. Una posición que es muy ruidosa, pero electoralmente poco rentable, como se ha demostrado siempre con la marginalidad de la izquierda más señalada, en la órbita más o menos comunista.

Lo que sucede es que esta tibieza de Rubalcaba, en la que tira la piedra y esconde la mano, no le da crédito en su batalla por el liderazgo interno. Si tira más de éste, el secretario general socialista se puede alejar de los votantes, y si hace lo contrario, puede desaparecer como líder.

Aún hoy, las encuestas dan más posición de centro izquierda que de izquierda al PSOE (ver las del CIS de Andalucía y Asturias). Por el contrario, la percepción sobre el PP es más de derecha que de centro derecha. Cuanto más se aleje Rubalcaba del centro, más lo tomará el PP (que, de hecho, ya lo ha tomado en su práctica, aunque no tanto en la visión de los ciudadanos, según estos sondeos).

La próxima huelga general puede ser decisiva en este proceso. A mayor éxito sindical, más alejamiento del centro del PSOE. Pero, cuanto más fracaso, más sensación de inutilidad socialista. Esta huelga no sólo será un problema para el Gobierno.
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