Los sindicatos, en huelga
sábado 10 de marzo de 2012, 02:00h
El próximo 29 de marzo es la fecha elegida por los sindicatos para llevar a cabo una huelga general. No han esperado ni los cien primeros días de gracia que lleva Mariano Rajoy en el poder para emprender una actividad que parecían tener olvidada durante estos últimos años. Un período, dicho sea de paso, nefasto en lo que a destrucción de empelo se refiere. Más de cinco millones de parados y un déficit elevadísimo son las dos principales razones que han llevado al Ejecutivo a implementar la política de contención del gasto y recortes por un lado y la reforma laboral por otro. Por lo que hace a esta medida, se entiende –aunque no se comparta- la irritación de los dirigentes sindicales por lo que supone de pérdida de poder pero no deben olvidar el hecho de que la legislación laboral que tanto defienden procede directamente del corporativismo franquista con una evidente inspiración mussoliniana y ha producido una aparente mayor tasa de paro en España en relación a otros países europeos desde hace muchas décadas.
Si ambas cuestiones se hubieran afrontado antes, posiblemente hoy la situación sería diferente. No fue así; en gran medida, por la complacencia de unos sindicatos que veían cómo se disparaba sin criterio alguno el gasto público y cómo aumentaba, día a día, el desempleo sin hacer ni decir nada al respecto. Los resultados, a la vista están. Las medidas adoptadas por el nuevo gobierno han sido bien acogidas tanto por Europa como por los mercados financieros y por organismos y analistas que ponían el acento en la premura de actuar con urgencia. En cambio, los sindicatos optan por hacer una huelga general. Están en su perfecto derecho, tanto como el de aquellos que decidan no secundar dicha huelga. Hay todo un mes por delante para informar de los motivos por los que se convoca esta acción; tiempo suficiente como para que el día 29 no sea necesaria la actuación de “piquetes informativos”.
Pero, por encima de todo, los sindicatos deben entender que no representan más que a sus propios afiliados. El Parlamento, por el contario, es donde se aprueban las leyes porque es donde se residencia la soberanía nacional. Así de contundente.