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RESEÑA

Leonard Cohen: A mil besos de profundidad. Canciones y poemas. I (1956-1978). II (1979-2006)

domingo 11 de marzo de 2012, 14:37h
Leonard Cohen: A mil besos de profundidad. Canciones y poemas. I (1956-1978). II (1979-2006). Traducción de Alberto Manzano. Visor. Madrid, 2011. 251 y 185 páginas. 16 y 14 €
Parece una canción
cuando se deja reposar,
una canción de Leonard Cohen…


Hilario Camacho


Estos dos volúmenes de poemas y canciones de Leonard Cohen (Montreal, 1934), publicados por Visor –que ha editado otra media docena de poemarios suyos– y seleccionados y traducidos por Alberto Manzano –igualmente reincidente en su atención a este autor–, serán con seguridad del gusto de sus seguidores de habla española, y también de aquellos que se acerquen a descubrirlo. La antología abarca toda su trayectoria artística desde su primer libro (1956) hasta 2006. Conviene recordar aquí la confesada cercanía de Cohen con España. Al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras llegó a decir que su poesía y su música eran nuestras, pero que le habíamos permitido poner su firma al final. Esta galantería se apoya en su gran admiración –“fraternidad”, dice Cohen– por Federico García Lorca; en una guitarra española que conserva con cariño desde que la adquirió en 1960; y sobre todo en el hecho de que fuera un español, a quien conoció tocando la guitarra en la calle, quien le enseñara los primeros acordes.

Leonard Cohen gusta y ha gustado a muchos, de hecho, su último disco, Old Ideas, esta siendo número uno en ventas en España ¿Por qué? ¿Es quizás su voz envolvente y grave, o su tono pausado, o el que nos hayamos enamorado con sus canciones, o el taciturno anhelo de sus notas, o sus letras inquietantes...? Creo que hay mucho más. Creo que sus canciones y poemas son simplemente la vida, “la vida cantada como una balada interminable”. Expresan esa extrañeza ante el mundo que a todos nos asalta.
Los temas de Cohen se inscriben en el diario del tiempo y lugar que nos ha tocado vivir: el amor, el sexo, las relaciones de pareja, los estados del espíritu, la religión, la política… Pero no se detiene en un proselitismo prepotente ni en la facilona crítica del discurso. Y no lo hace, y le damos la razón, porque “hay algo arrogante y bélico en la noción de un hombre poniendo orden en el universo”.

Podríamos decir que la suya es la voz de la posmodernidad, de ese siglo XX que ha debido sobreponerse a las guerras mundiales, al nazismo, al estalinismo, al Gulag, al miedo atómico de la guerra fría, a los ideales traicionados, al napalm derramado sobre los sueños de justicia e igualdad. Pese a ello, a sus 77 años y a su personalidad rebelde y depresiva, se aleja del lamento, no entra éste en sus “instrucciones de vida”. Quizás sí, quiere expresar la derrota, porque nos ataca a todos, pero siempre “en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza”.

Leonard Cohen ha escrito sus versos y ha cantado sus canciones desde la humanidad, la cercanía, la comprensión…, instalado en un alguien cualquiera que simplemente necesita expresarse, porque al fin y al cabo “todos venimos de la misma niebla”. Alejado de dogmatismos, solo se hace eco de las contradicciones todas del alma humana. Y, es evidente, lo hace desde el corazón.

Por eso confiesa que pulió su lengua “con la piedra pómez de la luna”. Por eso, cuando leemos sus poemas y oímos sus canciones, a veces, también nos falta el aire: “No puedes respirar. Porque ese mundo es tuyo y no es tuyo. […] No puedes respirar. Porque dejaste que el mundo se interpusiera entre tú y yo. […] No puedes respirar. Porque quieres elegir el camino. No puedes respirar. Porque el mundo está sellado con orden, como un lacre de cera amorfo. […] No puedes respirar. […] Porque tomas aire a través de la máscara de la pureza. […] No puedes respirar”.

Y también por eso, yo que ahora estoy escribiendo y usted que ahora lee, al igual que Leonard Cohen, al igual que muchos, queremos decir también que “estamos cansados de ser blancos y estamos cansados de ser negros, y ya no vamos a ser blancos ni a vamos a ser negros. Ahora vamos a ser voces, voces incorpóreas en el cielo azul, agradables armonías en las cavidades de tu angustia”.

Yo no sé lo que harán ustedes, pero yo ya me puse a cantar…


Por Inmaculada Lergo
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