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Los constituyentes de la Pepa

Manuel Ramírez Jiménez
domingo 11 de marzo de 2012, 20:58h
Es justamente lo que estamos conmemorando en este mes de marzo: el recuerdo de la que fuera nuestra primera Constitución, elaborada en las Cortes de Cádiz y que, por aprobarse definitivamente el 19 de marzo de 1812, festividad de San José, pasó a ser conocida coloquialmente como “La Pepa”. Como es harto conocido, Napoleón se había llevado a Francia al hasta entonces reinante Fernando VII y el trono estaba ocupado por José Bonaparte, hermano del Emperador. Desde que ello ocurriera, se desata “la guerra contra el francés” (no pasó a denominarse “guerra de independencia” hasta entrados los años veinte). Napoleón encarnaba todos los males, dada su naturaleza diabólica, según constaba en el Catecismo Civil que se elabora y extiende pronto por toda Europa. El pueblo español mira hacia arriba y, al no ver a su querido soberano Fernando, se encuentra en una especie de “status naturae”, como bien estudió el profesor Díez del Corral; y entonces vuelve su vista a sí mismo y se percata de que es él quien resulta el único dueño de la soberanía. Con José quedan quienes posiblemente no tenían más remedio y pasaron a ser denominados como “afrancesados”. Y allá, hasta el sur (San Fernando-Cádiz), van llegando quienes no aceptaban al francés. Esto, lo francés, era la cuna de todos los males. Aunque, sin embargo, estaban poseídos de las ideas revolucionarias del país vecino, por lo que se les denominaría “afrancesados ideológicos”.

En la iglesia de San Felipe Neri se refugiaron todos los que discrepaban del establecido monarca. Muy pronto advirtieron que su labor tenía que consistir en elaborar un texto constitucional que iba a perseguir dos fines esenciales. Por un lado, reivindicar la vuelta del Rey Fernando. Por otro, acabar con los privilegios de los estamentos que sostenían al Antiguo Régimen. En este menester aparecen divididos: quienes únicamente querían la lealtad a Fernando (conservadores, serviles, persas) y los liberales, que iban más allá. La habilidad de los liberales consistió en hacer creer a los reacios que nada nuevo se iba a implantar; se trataba de restaurar principios y virtudes dañadas por los reyes anteriores. Era la denominada “coartada histórica”. Algo que se unió a la mayor juventud y a las mejores figuras y oradores: Argüelles, Muñoz Torrero, Toreno. Triunfaba de esta forma el primer sector de burguesía de nuestra historia.

El 19 de marzo de 1812 estaba la labor terminada, y a su contenido tendremos que volver próximamente.

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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