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Italia, ¿técnicos o políticos?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 11 de marzo de 2012, 21:01h
Semana tensa en Italia entre los políticos y los técnicos. Las razones de este malestar creciente y recíproco parecen múltiples, aunque el detonante de tal situación han sido las palabras del ministro de Cooperación Nacional y de integración, Andrea Riccardi, que, en una conversación privada y sin percatarse de la presencia de un micrófono, confesó que le daba “asco una cierta manera de hacer política”, refiriéndose al plantón institucional del portavoz del partido de Berlusconi a una reunión en la que se debían debatir problemas serios (como la reforma del sistema judicial, de las telecomunicaciones, etc..), no gratos al cavaliere. Aunque el ministro se disculpó públicamente posteriormente, sus palabras confirman que el clima ya no es tan idílico y se agrandan celos y reticencias mutuas.

Por un lado, los políticos se están dando cuenta de que los técnicos, llamados en socorro de Italia, no sólo están aplicando las reformas necesarias para mejorar la situación del país, sino que estas medidas están dando buenos resultados (prima de riesgo inferior a la española y en constante mejora, recuperación de la credibilidad internacional, inversiones…). Ante la avalancha de consensos hacia los tecnócratas, empiezan a temer por su futuro: la clase política, atemorizada, empieza a percibirlos como una amenaza en futuras elecciones. Monti pasa de salvador a posible competidor político y temen que, en lugar de marcharse en 2013, pueda forzar su permanencia. E incluso sufren el duro golpe de descubrir que las redes sociales y la opinión pública comparten las amargas y críticas palabras de Riccardi, aplaudiéndolo “por decir las cosas como están”. Mientras las encuestas premian el actual Gobierno, su seriedad y competencia, crecen la irritación y el nervosismo tanto en el Partido de Berlusconi (mayormente) como en el Partido Democrático.

Por otro lado, los técnicos se dan cuenta de que ocupan su cargo en virtud del voto de confianza del Parlamento y que tal situación les convierte a veces en rehenes de los “elegidos”. Por eso, miran con desconfianza a sus predecesores considerándolos como “alumnos díscolos”, con poca voluntad de aprender y más bien preocupados por sus pugnas personalistas y clientelares.

Los italianos muestran su desconfianza por la clase política de los últimos años, considerada incapaz y egoísta, que, ante la gravedad de la crisis, ha seguido anteponiendo sus intereses particulares al bien común. Una autentica casta, intocable e inoperativa. Mientras el llamado sentimiento antipolítico crece, es innegable que muchos elementos no contribuyen a mejorar la opinión de los ciudadanos de los políticos y entre ellos: la presencia de casi 90 diputados investigados, procesados y condenados, que permanecen en el Parlamento gozando de una serie de privilegios e inmunidad; la negativa a aprobar una severa ley anti-corrupción a pesar de los dramáticos datos publicados por el Tribunal del Cuentas; el rechazo a excluir de las listas electorales a posibles candidatos investigados o condenados, etc.

Las palabras del Ministro hacen eco de un sentimiento difundido en las calles italianas, recogen el mixto de desconfianza y celo hacia una clase privilegiada, lejana de los problemas reales del país, que ahora se indigna. La misma clase que no sintió ningún tipo de vergüenza cuando votó, en un acto parlamentario, creer a Berlusconi cuando afirmaba haber actuado a favor de Ruby porque ingenuamente creía que era la sobrina de Mubarak. Aún así, la afirmación de Riccardi se suma a una larga colección de frases “pocos acertadas”, “poco técnicas” de este Gobierno. Los diferentes incidentes mediáticos de este Gobierno están confirmando su fama de no ser “buenos comunicadores”.

Finalmente, en este contexto, la anomalía italiana perdura, viendo a los tradicionales protagonistas políticos relegados a una posición subalterna respecto a los profesores. Cabe recordar que el recurso a la competencia técnica y a la gestión de un político “no profesional” no representa una novedad para Italia ya que en otras ocasiones (el Gobierno Amato o el Gobierno Dini por ejemplo) ante una situación difícil, de debilidad del sistema político nacional, se decidió recurrir a la competencia de personalidades consideradas capacitadas para salvar el país. Además, la presencia de profesores en la escena política nacional no resulta una novedad (Aldo Moro era Profesor de Derecho Penal): lo que cambia es el tipo de compromiso ya que los antecesores de los actuales profesores se dedicaban esencialmente a la política y su profesión era un “valor añadido”. Se registra un cambio en la dinámica relacional entre políticos/técnicos: mientras anteriormente los políticos recurrían a los técnicos para recibir sugerencias o consejos y luego decidir, hoy parece al revés, ya que los técnicos consultan a los políticos antes de tomar una decisión propia. Aún así, la distinción entre políticos y técnicos se diluye en el momento en que estos últimos “hacen” de políticos, actúan gobernando el país. Han intervenido ante la incapacidad del anterior Gobierno y de la vieja política de ofrecer una respuesta a un periodo de grave crisis, colmando el evidente déficit de la política nacional. Una vez dentro de los mecanismos políticos, se convierten ellos mismos en políticos: en sus Consideraciones de un impolítico, Thomas Mann escribía que “la antipolítica es también una política, ya que la política es una fuerza terrible: con sólo saber que existe, ya estamos dentro, perdimos para siempre nuestra inocencia”. Como suele afirmar Monti, con esta experiencia, “nada será como antes”: puede ser mejor, pero también peor y en Italia hacer una previsión es siempre un azar.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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