Calvario
sábado 12 de abril de 2008, 21:13h
No hay nada como soportar una fila de más de dos horas en una fría madrugada para entender el verdadero alcance de una cuestión, en este caso la inmigración. Esta semana tuve que renovar mi tarjeta de residencia comunitaria (soy inglés) por cuarta vez porque ya había caducado (dura cinco años). Lo que fue sencillísimo en 2003, en esta ocasión fue un calvario.
Gracias a Internet, encontré la dirección en Madrid del lugar donde renovar mi carnet -Plaza del Campillo del Mundo Nuevo, 3- y los números de teléfono para pedir cita (322 69 19/322 68 35 y 322 68 76). Me pasé muchos días marcando esos números pero siempre estaban ocupados así que me personé en las oficinas. El policía de la puerta me confirmó que a través del teléfono era muy difícil conseguir cita y que lo mejor era lo que hacía todo el mundo -hacer fila para obtenerla. Me recomendó, para mi horror, que si quería tener garantizado uno de los 60 números que se daban cada día, debería estar en la fila hacia las 6 y media. Con cierto enfado, le dije que era un sistema tercermundista y el me replicó que si me sentía así mas valía que regresase a mi propio país.
Así que debidamente madrugué y a las 6.45 me encontré que ya había 16 personas en la cola. Delante de mí había una mujer de Ecuador y detrás un español que hacía fila por su novia italiana. Esta oficina recibe con todos los inmigrantes salvo los de Rumanía y Bulgaria. Las interminables colas de la calle General Pardiñas (el lugar anterior para estos trámites) provocadas por la entrada de Bulgaria y Rumanía en la UE obligaron a abrir la oficina de la plaza del Campillo, pero aún así el tiempo de espera es considerable. Según las ultimas cifras oficiales, ¡hay casi 550.000 extranjeros empadronados solo en (el número de extranjeros empadronados en toda España ha pasado de 637.000 en 1998 a 4.482.568 en 2007). No me sorprende que los teléfonos comuniquen continuamente ni la fila tan larga.
A pesar de un leve problema de espalda que arrastro desde hace años y un problema temporal en mi oído izquierdo que de vez en cuando me causa una sensación de vértigo, me quedé hasta las 9, cuando los afortunados 60 fuimos dentro, con los pasaportes en nuestras manos. La fecha de mi cita es el 23 de junio y ese día me darán un papel verde (ya no es una tarjeta con foto, que es mucho mas útil y conveniente) en la que aparecen mis datos. Un papel que debo de conservar como oro en paño, pues es el único documento que justifica mi residencia legal en España.
Al menos, yo fui más afortunado que la mujer ecuatoriana y el chico español: a ella le dijeron que ya había debido recibir la documentación y consideraron que debía ir a otra oficina para resolver su caso y el español no consiguió la cita por no llevar el pasaporte de su novia.
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Escritor
WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano
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