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Los mártires de Uganda

miércoles 14 de marzo de 2012, 21:28h
Uno de los vídeos más vistos en la historia de You Tube -supera ya los 78 millones de descargas en todo en mundo- es el documental sobre Joseph Kony, cabecilla del “Ejército de Resistencia del Señor”. Dicho “ejército” no es sino un grupo paramilitar que lleva operando en Uganda desde los años 80, con una escalofriante lista de aberraciones a sus espaldas. En todo este tiempo, se calcula que entre 20.000 y 30.000 niños han sido secuestrados, para convertirlos a ellos en soldado y a ellas en esclavas sexuales. Ese es el motivo principal que ha impulsado a los autores de la campaña a convertir a Joseph Kony en una celebridad mundial, con objeto de hacerle reconocible y que sea más fácil apresarle.

La intención es buena, aunque no parece que la iniciativa en cuestión tenga muchos visos de tener éxito, al menos en su fin primero. Sí, en cambio, ha logrado llamar la atención sobre una realidad, la de los “niños soldado”, tan habitual como ignorada. Cuando aparecen imágenes de algún conflicto en Africa, no nos resulta extraño ver a niños -algunos de corta edad- empuñando un Kalashnikov. Pocos reparan en que esos niños han sido previamente secuestrados, obligados a asesinar ellos mismos a sus propias familias y que, por lo general, están siempre drogados para que la dependencia hacia sus captores sea aún mayor. Con el paso del tiempo, ni sienten ni padecen, y eso les convierte en auténticas máquinas de matar: aúnan disciplina y carencia total de remordimientos. Con todo, hay que decir que estas prácticas no son exclusivas de Uganda. En Sierra Leona, Sudán o el Congo este mismo fenómeno se ha repetido bajo parámetros similares. Fuera de Africa, Irán utilizó a niños en su guerra contra Irak para detectar posibles campos de minas, y los palestinos los usan como escudos humanos. También en Palestina, Hamas los emplea para transportar explosivos en sus mochilas escolares, al igual que se sirve de las ambulancias para movilizar a sus activistas.

A finales del siglo XIX, un grupo de jóvenes de entre 13 y 26 años fueron asesinados del modo más cruel por perseverar en sus creencias cristianas. El rey Mwanza inició una feroz persecución religiosa, y aquellos 12 chicos fueron de los primeros en dar su vida, al negarse tanto a renunciar a su fe como a mantener relaciones homosexuales con miembros de la corte real. Habría muchos más muertos, aunque no tantos -se estima que entre 100.000 y 500.000, nada menos- como los que se atribuyen al terror puesto en práctica por Idi Amin. Los primeros fueron canonizados por Benedicto XV, celebrándose su festividad, la de los “Santos Mártires de Uganda”, el 3 de junio. Aparte de la acepción cristiana, la RAE define a los mártires como “personas que mueren o padecen mucho en defensa de otras creencias, convicciones o causas”. En el caso de los niños soldado, no hay creencia, convicción o causa que justifique tamaña aberración. Por eso es bueno que la campaña de dar a conocer a Joseph Kony nos conciencie a todos de esa terrible realidad.
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