www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Un contraste entre Francia y España

Víctor Pérez-Díaz
martes 15 de enero de 2008, 20:41h
Los contrastes a veces son odiosos; otras, instructivos. El de Francia y España puede ser hoy esto último. Francia intenta recuperarse de algunas décadas de una cohabitación un tanto paralizante, ponerse en orden para enfrentarse con el reto de la globalización, y hacerlo, de algún modo, todos juntos. Ya veremos lo que consigue. España, en cambio, parece más interesada en romperse y más obsesa con sus peleas locales.

En Francia se confía bastante en el estado. Ahora bien, el estado francés bien trabado y con recursos es posible porque la sociedad está relativamente bien trabada y tiene recursos. Que la sociedad francesa esté bien trabada significa que sus conflictos internos no son tan intensos como parece si se toman los ritos revolucionarios literalmente (como expresión de una voluntad revolucionaria), y no metafóricamente (como Saturnalia). Lo que es otra forma de decir que hay en Francia un grado relativamente alto de solidaridad, quizá mayor que en España, quizá porque allí o se quieran más o se odien menos. Si la sociedad francesa tiene amor sui, si se ama a sí misma, ello implica que en ella se ama bastante al prójimo, y se da en ella un cultivo del arte de amar que supone una educación sentimental: el desarrollo de los buenos sentimientos de la cultura cotidiana, y de la curiosidad que hace fijarse en las cosas y en los seres humanos. Esta educación sentimental sugiere una sociedad relativamente sana (aunque con un trasfondo o un toque de petit bourgeois à la Céline: nadie es perfecto, como dijo el zorro de la fábula).

Países como España son, hoy al menos, relativamente menos saludables, precisamente porque tienen menos amor sui. Quizá tampoco crean los españoles que se merezcan mucho amor con cierta lógica; y parece justo dar a los españoles el mérito de ser lógicos. Lo digo porque tal vez ocurre que, familiarizados consigo mismos (como no puede ser menos), se conocen, y conociéndose (descuidados y un tanto envidiosos, o digamos, poco generosos entre sí), se tienen en baja estima. Además, sin una narrativa de la que sentirse orgullosos (fueron gloriosos pero no entienden las razones que acompañaban su gloria), no se sienten cómodos con su historia ni, por tanto, con la identidad que no es sino el correlato de esa historia. De hecho, dudan a la hora de mencionar incluso el nombre del país, España, que los ilustrados del momento les dicen que, más que un lazo de unión, suena a desafío, a grito de guerra a usos internos: por eso estos ilustrados les proponen expresiones como “el estado español” o “este país”, con el toque minimalista, condescendiente y ligeramente denigratorio que ello implica. Y con eso les callan, y se callan. No se mencionan, pues. Pero el nomen tiene que ver, sustancialmente, con el numen. Sin nombre, el país en cuestión pierde su numinosidad, la fuerza de su presencia, se queda en la sombra de sí mismo, no puede ser llamado ni responder.

Quizá por eso Francia, que se nombra a sí misma de continuo, se atreve con tareas de cierto porte, como esta tarea de la globalización, y se compromete en ellas. España está de espaldas a esas tareas, entretenida en destrozarse a sí misma. Puestos a caer en tentaciones, Francia puede caer en un delirio de grandezas, y España, en un no saber si existe. En Francia, el peligro puede ser la vanidad y la atención obsesa de sí misma; en España, la envidia y tal vez la dejadez, o la acidia. Pero la vanidad es menos destructiva que la envidia; porque mientras que el vanidoso exhibe sus juguetes, el envidioso los destruye.

Ambos casos tienen interés y de ambos se puede aprender. De lo que ocurre ahora en Francia, a cómo se puede recomponer una identidad cuestionada y recuperar la confianza; de lo que ocurre en España, a cómo se consuma una fractura interna, o se la evita.


Víctor Pérez-Díaz

Sociólogo

VÍCTOR PÉREZ-DÍAZ es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Director-fundador de Analistas Socio-Políticos (ASP), Gabinete de Estudios, miembro de la American Academy of Arts and Sciences y doctor en Sociología por la Universidad de Harvard.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios