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En debate la despenalización de las drogas

¿Canabis y coca “sostenible” en América Latina?

viernes 16 de marzo de 2012, 12:16h
América Latina rompe los tabúes y se abre a abordar el incómodo debate sobre la despenalización de las drogas en una región minada por la violencia de los cárteles. Pese a las posiciones encontradas, cada vez son más los líderes que se muestran abiertos a contemplar la posibilidad de permitir el consumo de determinados narcóticos con el fin de asestar un golpe financiero a los barones del narcotráfico.
Contra todo pronóstico, el recientemente electo presidente de Guatemala, el conservador Otto Pérez Molina, propuso abrir el viejo y espinoso debate sobre la despenalización de la droga como alternativa a la lucha contra el narcotráfico. Todo un tabú en América Latina, que durante años se ha mostrado reacia a abordar una hipótesis tan contradictoria y controvertida que se ha tocado a pie de calle pero no en las altas esferas de la política.

No es nuevo que los cultivos de coca y marihuana han servido en las últimas dos décadas para financiar movimientos guerrilleros y bandas criminales en la región. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o Sendero Luminoso en Perú han recurrido a estas prácticas como mecanismo de financiación, sobre todo tras el vacío dejado en el “negocio” por el gran capo suramericano, Pablo Escobar, abatido en 1993.

Asimismo, la expansión al pasillo centroamericano de importantes cárteles mexicanos como el de Sinaloa, del Golfo, del Pacífico y Los Zetas, que también ha tendido sus tentáculos hacia el Cono Sur a países como, Argentina, Chile, Uruguay o Venezuela, este último considerado actualmente como el paraíso de los narcos gracias a sus cuestionados controles y elevados niveles de corrupción; según deja ver el informe anual sobre narcóticos del Departamento de Estado de EEUU.

Ante la trasnacionalización del crimen organizado y la consolidación del mercado de estupefacientes en la región, en donde Estados Unidos y Brasil se coronan como los mayores consumidores de cocaína en el hemisferio, entre otras sustancias; da la sensación de que se está perdiendo la guerra contra el narcotráfico, pese a los esfuerzos de Washington por frenar el avance de los cárteles a través de programas de cooperación y seguridad como el Plan Colombia o la Iniciativa Mérida en México.



Es por ello que por primera vez en años, Latinoamérica nos descarta poner sobre la mesa un debate abierto para despenalizar el cultivo del canabis o la hoja de coca que podrían estar en la nomenclatura de “legalizable”, debido a que en estado puro han sido utilizadas con propósitos terapéuticos, medicinales e incluso alimenticios. Las mismas que abastecen los bolsillos a los narcos y grupos armados ilegales.

La propuesta del presidente guatemalteco, que ha recibido el apoyo de expresidentes como el brasileño Fernando Henrique Cardoso y figuras del mundo intelectual como los escritores Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Sergio Ramírez, ha chocado contra la administración de Barack Obama, las Naciones Unidas, y sus colegas regionales de México, Felipe Calderón; y Colombia, Juan Manuel Santos, que ponen en duda que legalizar las drogas sea una solución efectiva en la lucha contra el narcotráfico, porque si bien la misma plantea la suposición de un golpe financiero a los cárteles, ello no ataja el problema de la creciente demanda de narcóticos en una América Latina de economía boyante y cada vez más proclive al consumismo de estas sustancias.

Pese a las posturas encontradas Pérez Molina se anotó un tanto cuando los miembros del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), dio luz verde para debatir el tema. Un asunto que también protagoniza la agenda de la próxima Cumbre de las Américas a realizarse en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias los próximos 14 y 15 de abril.

“Acullicu” hasta en la sopa

En este sentido, el presidente boliviano Evo Morales es uno de los más interesados de que se inicie el debate. El primer jefe de estado de origen indígena en su país y excocalero, es uno de los firmes defensores del masticado de la hoja de coca y del uso de esta hierba con propósitos medicinales y en rituales tradicionales.

No en vano viajó el lunes hasta Viena para abogar ante las Naciones Unida por la despenalización del “acullicu”, prohibido en la Convención antidrogas de 1961, instando a que se “repare un error histórico contra el pueblo boliviano”.



La cruzada de Morales le ha llevado a convertirse en el primer promotor de lo que podría definirse como las Pymes de la coca sostenible. El mandatario aimara ha servido de imagen y de “conejillo de Indias” para impulsar el marketing de diversos productos naturales derivados de esta hoja como refrescos, mermeladas, tes, un panettone para las fiestas navideña e incluso un licor fabricado en Holanda.

Una tendencia que se ha visto en el mundo naturista con las hojas de canabis con las cuales se preparan aceites, bebidas, medicinas, inciensos e incluso bolsos y calzados, convirtiéndose en una de las principales atracciones de las ferias de terapias alternativas en el mundo.

Sin embargo, la campaña pro coca del presidente andino ha sido duramente criticada por sectores de la oposición de ese país que tachan la iniciativa de “show político”, debido a que el masticado de esta hoja no es tan masificado como Morales sugiere.

El 58% de los bolivianos de las principales ciudades del país no “pijchea” (mastica) el “acullico” en comparación con el 41% que sí lo hace, según una encuesta publicada en el diario paceño “Página Siete”. Pero el sondeo también revela que el 73% de los encuestados coinciden que esta hierba trae beneficios para la salud.

No obstante el meollo de la cuestión es que desde que Morales llegó al poder en 2006, los cultivos de la hoja de coca se han incrementado de 25.400 a 31.000 hectáreas, de las cuales sólo 8.000 bastaría para el uso legal y “sostenible” que el mandatario defiende, de acuerdo con un estudio del Centro Latinoamericano de Investigación Científica.

El temor que embarga América Latina ante la hipótesis de despenalizar ciertas drogas es que el “remedio” contra los narcos podría agravar la enfermedad y conllevar a la banalización de las sustancias narcóticas en una región en donde su consumo ha ido en sostenido ascenso, como indican los últimos informes de la Oficina de las Naciones Unidas para el control de las Drogas y el Delito.

Los problemas de corrupción y los vacíos de índole judicial e institucional que afectan de forma casi endémica a Latinoamérica, siembran profundas dudas sobre la viabilidad de la despenalización de las drogas, debido a que la demanda de canabis o la hoja de coca no yace precisamente en la cuestión "ecológica".

La región se encuentra a años luz de implementar las políticas reguladoras y la cultura del “Coffe Shop” de Holanda, usado más por los turistas que por los propios holandeses, lo que ha hecho que la nación de los tulipanes se replantee la efectividad de una iniciativa concebida amortiguar,- no con el éxito esperado-, con el tráfico ilegal de drogas en sus calles.