Los temporeros de la globalización son aquellos ciudadanos que se desplazan fuera de sus fronteras para cumplir contratos limitados, pero que reportan un beneficio que no hallan en su país. Monitor de esquí en Suiza, recolector de fresas en Dinamarca, cuidador de niños en Francia responsable del área de un resort en Canadá. Los expertos ponen en contexto este fenómeno para EL IMPARCIAL y describen cuáles son las más jugosas demandas de cada zona geográfica.
El presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE, José Luis Feito, llamó a aceptar las ofertas de empleo aunque tuvieran lugar en Laponia, declaraciones que más tarde rectificó. El destino que citó no es el habitual, pero centenares de miles de españoles han dicho sí a trabajar fuera de España, con distinta suerte. Ante la dificultad de lograr puestos estables o indefinidos surge, especialmente en la Red, un catálogo de
contratos temporales más allá de nuestras fronteras que no se limitan a la tradicional oferta ligada a la agricultura.
"Muchos de los profesionales españoles que aplican para posicionarse a nivel europeo son perfiles cualificados que, por el contexto económico, aquí no encuentran oportunidades interesantes que se vean compensadas con su formación. Muchos de ellos son perfiles técnicos y también de mando intermedio-alto procedentes de diferentes ámbitos que han trabajado ya en empresas multinacionales o bien que quieren probar una experiencia en el extranjero", explica a EL IMPARCIAL Mireia Huguet,
EMEA account manager de la división TSP Europe de
Talent Search People, consultoría internacional de selección de personal.
Según el más reciente trabajo del CIS, un 27,5 por ciento de los españoles emigraría. De hecho, “vivimos un proceso de emigración en toda regla, como en los 60”, según la Federación de Asociaciones de Españoles Retornados (FEAER) a Europa Press. Constata este hecho el INE, que muestra el primer
saldo migratorio negativo. También, que el número de personas que han abandonado nuestro país desde el comienzo de la crisis ha aumentado en un 25,6 por ciento. Argentina es el lugar que más compatriotas ha recibido.
La pregunta es si estas personas, en concreto los temporeros de la globalización que nos ocupan, encuentran la prosperidad perseguida. Juan de Peñaranda, director de
Michael Page Interim Management, líder mundial en asesoramiento en selección especializada, afirma a este periódico: “La rentabilidad ha menguado mucho con la crisis. No obstante,
frente a alguien que se encuentre desempleado, es una buena salida”. Huguet sostiene que “hay ofertas interesantes para candidatos preparados y con ganas de desarrollarse profesionalmente puesto que muchas multinacionales creen que lo más importante es encontrar el talento, esté donde esté”. Además, apunta esta experta, los puestos se enmarcan en una “banda salarial significativamente más elevada que en España y con interesantes posibilidades de crecimiento interno”. No obstante, puntualiza, la preparación ha de ser alta, así como dominar el idioma.
Las aventuras laborales más breves, pero provechosas, tienen en Internet a un aliado. Los trabajos temporales son escasos, aunque variados en exigencia y en distintos países. Por ejemplo, Dinamarca requiere durante tres meses de personal para recoger fresas. En una sencilla búsqueda también hallamos
demanda de empleo en Reino Unido, especialmente Londres, que requiere de personal para hostelería y turismo en meses de calor y sobre todo durante la celebración de los Juegos Olímpicos. En Francia se exigen cuidadores de niños y los reclamos ofrecen cama en el hogar familiar y comida, además del salario, a negociar. En Noruega, perfiles técnicos como carpinteros, electricistas o fontaneros, con la obligación de hablar inglés.
Fuera de Europa, Canadá busca también cuidadores de niños, pero en mayor cantidad busca recursos humanos para sus numerosos
resorts y parques naturales. Mano de obra cualificada en América Latina, en países como Chile o Argentina, y
un caso muy especial: Brasil. Organiza el próximo mundial de fútbol y los Juegos de 2016 y, además, crece. Requiere incluso de trabajos que en España se destruyen a un ritmo elevado: periodistas y arquitectos. México es también un lugar de escaso riesgo para quien aspire a una ocupación. Centenares de españoles ya son conscientes de esto último.
¿Es capaz el mercado internacional de absorber el número de trabajadores de nuestro país dispuestos a salir? ¿Es todo tan positivo como se dibuja en determinados programas de televisión o reportajes? Mireia Huguet estima importante que los emigrantes calibren su perfil y las exigencias y demanda del país acogedor. Juan de Peñaranda responde taxativo a las mismas preguntas, también pidiendo cautela: “Una cosa es que sea mejor la situación que la nuestra, pero
no existen paraísos para trabajar. Siempre hay que pagar un peaje. Además, en otros países la retribución media es más alta, pero también el coste de la vida”.
Nos encontramos por tanto ante empleos temporales que requieren de alta cualificación en países como Alemania, de carácter más técnico si marchamos al norte de Europa y oportunidades en Reino Unido y Francia, sin olvidar la agricultura. Cruzando el océano, las oportunidades se multiplican exponencialmente, con el coste de estar a miles de kilómetros de casa. Ante un mercado laboral aparentemente cerrado,
crecen las opciones cuando se amplía el ámbito geográfico de búsqueda. Mucho más si, a pesar de desear un trabajo indefinido, se acepta ser un temporero de la globalización. En todo caso, y como mandan los expertos, siempre ha de ser con las ideas claras antes de partir y con la formación adecuada a lo que se quiera alcanzar.