La matanza de Toulouse
martes 20 de marzo de 2012, 07:34h
El asesinato ayer el Toulouse de tres niños judíos y un profesor de hebreo ha conmocionado a la sociedad francesa. A “toda la sociedad en su conjunto”, como se encargaba de enfatizar Nicolas Sarkozy, poniendo así de manifiesto que lo realmente grave es la muerte violenta de personas inocentes, con independencia de sus creencias, origen étnico o procedencia social. Francia es un país tolerante y acogedor, donde tiene cabida cualquier tipo de credo o ideología, siempre y cuando respete los límites mínimos de la convivencia; y otro tanto puede decirse del resto de países europeos.
Sería muy imprudente agitar ahora el fantasma de la xenofobia o el antisemitismo; máxime, cuando la investigación aún acaba de comenzar. Cierto es que el crimen de Toulouse guardan relación con un hecho similar acaecido hace pocas fechas, cuando tres militares franceses de origen magrebí pedían la vida en idénticas circunstancias. Sea como fuere, conviene resaltar que la convivencia no puede quebrarse por la irracionalidad de unos pocos, y que quienes llevan a cabo este tipo de barbaridades sólo se representan a sí mismos. No se trata de judíos o musulmanes, sino de personas, cuyo derecho a la vida está por encima de cualquier fanatismo. En Francia y en cualquier parte. Quienes no estén dispuestos a aceptar este clima y comportamiento de pluralidad y tolerancia que caracteriza a la sociedad europea actual, no debe vivir entre nosotros.