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Llega este viernes a México

Política y crisis de fe marcan el viaje de Benedicto XVI a Latinoamérica

viernes 23 de marzo de 2012, 08:35h
El Papa Benedicto XVI comienza este viernes un breve pero intenso periplo apostólico por Cuba y México, dos países con arraigo hacia la fe católica y de fuertes tradiciones "marianas". Sin embargo, mucho ha cambiado el panorama desde la última visita de un pontífice a tierras latinoamericanas.
Benedicto XVI llega este viernes a Guanajuato, México. La primera parada de un breve pero intenso periplo apostólico que concluirá este 28 de marzo en Cuba, y con el cual el Vaticano pretende impulsar un nueva evangelización en Latinoamérica, a fin de exhortar a la reconciliación para luchar contra la violencia y la injusticia que se respira en la región.

La hegemonía de los carteles de la droga, el declive de feligreses o la inamovible perpetuidad de régimen de los hermanos Castro, enrarecen la atmósfera de una visita con matices sacros, que si bien enciende la esperanza entre los fieles “marianos” mexicanos y cubanos, no por ello va a estar exento de expectativas.

México, el segundo país con el mayor número de católicos en el mundo, lleva seis años desangrándose por el auge del crimen organizado y la declaración de guerra a los narcos por parte del gobierno del presidente Felipe Calderón, cobrándose más de 44.000 almas, entre las que se encuentran un importante número de sacerdotes.

Esto sumado al sonado escándalo de la orden de Los Legionarios de Cristo, en donde su fundador, el padre Marcial Maciel, es el protagonista de una lúgubre historia de pederastia, sexo y adicción a la dopamina; ha contribuido a lastrar la fe de muchos mexicanos, provocando un notable declive de la creencia católica en la nación azteca, alimentado a su vez por el aumento de devotos a las iglesias evangélicas y protestantes en ese país.



De acuerdo con el último censo de población en 2010, las las personas declaradas católicas disminuyó a un 83.9% frente al 88% del 2000, lejos del 96% de 1970. Tales cifras indican que el porcentaje de feligreses podría desplomarse a un 67% en las próximas tres décadas, lo que supondría un duro golpe para el Vaticano en uno de sus principales bastiones católicos.

Pero la violencia y la crisis de fe, no son los único desafíos a los que ha de enfrentar el Papa en su paso por tierras latinoamericanas. Cuba pondrá a prueba el liderazgo del longevo pontífice de 85 años, más por su contexto político, que por el alto porcentaje de adeptos a la santería y a sus yorubas del que presume la isla, que según algunos informes demográficos podría situarse en un 70%.

Aún cuando los cubanos aguardan con ilusión la venida de Benedicto XVI para celebrar los 400 años de la aparición de su patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre, ello no le exonera de portar la presión tanto de las expectativas de los disidentes del régimen como de la comunidad internacional, que han instado al Santo Padre a que interceda para que los hermanos Castro cedan al diálogo y así poner un punto y final a cincuenta años de dictadura.

El silencio por parte del Vaticano ha sido la respuesta a una petición que no sólo presenta la firma de la oposición o el exilio cubano en Miami, si no de figuras de peso mundial como el Nobel de la Paz 1983 y expresidente de Polonia, Lech Walesa, que invitó al al pontífice a seguir los pasos de su antecesor, quien en 1979 sembró la esperanza a millones de polacos sumidos en el comunismo a que buscaran su libertad.

A la sombra de Juan Pablo II



Desde que Joseph Ratzinger se puso al frente de Vaticano en 2005, comenzaron las comparaciones con su carismático y admirado Karol Wojtyla, Juan Pablo II.

Pese a los esfuerzos de Benedicto XVI por mantener el legado de su antecesor, sumando un total de 23 viajes en sus siete años de papado, los fieles católicos en especial los latinoamericanos, aún sienten el vacío dejado por el “Papa viajero”. El mismo que además de evangelizar y acercar a los jóvenes a la palabra de Cristo, era visto como un líder mundial a quien incluso se le atribuye haber desencadenado un efecto “Ayatollah” en el colapso del comunismo.

Este es el primer viaje de Ratzinger a dos países por los que Juan Pablo II sentía predilección, sobre todo por México al llegó a visitar en cinco oportunidades.

Sin embargo la presión recae en sobre la postura que asumirá el actual Papa a su paso por la Isla, ahora al mando de Raúl Castro, quien ha flexibilizado la política del régimen laico hacia la Iglesia, lo que ha permitido un renacer del liderazgo religioso cubano que opera de forma muy discreta como actor social.

¿Encuentro con la disidencia?

Desde que se anunció la gira papal a Cuba, la disidencia alberga fuertes esperanzas para que el pontífice lleve su visita más allá de las misas, homilías y bendiciones. Pero los detalles que ha aportado la Santa Sede durante las últimas semanas, apuntan a que Benedicto XVI mantendrá una estricta agenda oficial en la que sostendrá encuentros con las autoridades eclesiásticas locales y el régimen castrista, por lo que se diluye la posibilidad de un encuentro con la disidencia.

Algo que para el periodista y opositor, Guillermo Fariñas, sería interpretado como el apoyo del Vaticano a la dictadura. Una posición apoyada por su colega, la bloguera Yoani Sánchez y la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, quien ha denunciado un aumento de la represión en el marco del viaje apostólico.

Joseph Ratzinger buscará conectar con la nación caribeña con la ayuda de la Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo de unión y fe para millones de cubanos. Justo 14 años después de que su antecesor Juan Pablo II realizará una misa histórica en la Plaza de la Revolución de La Habana en donde pidió que "Cuba se acerque al mundo y que el mundo se acerque a Cuba".?