www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Los sondeos y encuestas previas otorgan la mayoría a Javier Arenas en la Junta

El PP, a punto de hacer Historia en Andalucía tras treinta años de Gobierno socialista

viernes 23 de marzo de 2012, 16:03h
Andalucía y Asturias acuden este domingo a las urnas para elegir a sus representantes autonómicos. Mientras en el sur todo parece indicar que Javier Arenas logrará por fin la Junta para el PP después de tres décadas de gobierno socialista, en el norte todo está abierto y apunta a que serán los pactos posteriores los que diriman quién encabezará el Principado.
Fin de semana electoral en Andalucía y Asturias. En el sur, porque ya tocaba después de cuatro años, aunque esta vez no hayan coincidido con las consultas generales; en el norte, por imperativo legal ante el anticipo de unos comicios que ya se celebraron la pasada primavera.

Ambas regiones se presentan con escenarios muy diferentes a este 25-M clave, ya que los andaluces se preparan casi con toda seguridad para el primer Gobierno autonómico no socialista después de treinta años de mandato de izquierdas y los asturianos viven en una incógnita por ver cómo se resuelve la maraña en la que están atrapados Foro de Asturias, Partido Popular y PSOE.

Desde Génova se vaticina una victoria en ambas comunidades y las encuestas respaldan de forma mayoritaria este escenario, mientras que Ferraz da por perdida Andalucía, aunque espera que Arenas no se haga con la mayoría absoluta, y se ve con opciones reales de recuperar el Principado, una región históricamente de izquierdas que en los últimos tiempos, con la reconversión de sus industrias tradicionales, especialmente la minera, ha ido escorándose hacia el centro.

¿Mayoría simple o absoluta?
Hace cuatro años, con la crisis económica llamando a las puertas de nuestro país y la tasa de desempleo en un lejano 14 por ciento, el Partido Popular cerraba las elecciones autonómicas andaluzas con un sabor agridulce. Manuel Chaves volvía a ganar los comicios encadenando la octava legislatura socialista consecutiva, esta vez sin mayoría absoluta, pero Javier Arenas lograba incrementar su número de escaños regionales en diez asientos hasta los 47.

Ya entonces, el líder popular andaluz confirmaba que no iba a arrojar la toalla y que lucharía por culminar la remontada del PP-A en las urnas. Cuatro años después, el panorama se dibuja de colores alegres para Arenas y sus seguidores. Las encuestas publicadas a lo largo de la campaña otorgan a los populares una mayoría inédita, con diez puntos de ventaja sobre los socialistas, que obtendrían el 36 por ciento de los votos.

Hasta los medios más afines al Partido Socialista han tenido que ceder ante la evidencia y señalar a Arenas como el próximo presidente de la Junta, aunque la mayoría simple o absoluta sigue en el aire. Griñán no se lo cree y ha concentrado todos sus esfuerzos en minimizar los daños que pueda sufrir su formación.

La línea roja en los comicios de este fin de semana está fijada en los 55 escaños y todo parece indicar que, de no rebasar esa cifra, el PP-A estará muy cerca de hacerlo, por lo que los pactos con los partidos minoritarios, en especial UPyD, podrían desatascar la IX Legislatura.

Por si no fuera poco, Arenas también le ha dado la vuelta a las tornas en cuanto a valoración personal. Si antaño era Manuel Chaves el líder mejor visto por los andaluces año tras año, esta vez es el líder popular el político con mejor puntuación, ya que obtiene un 4,6, frente al 4 de Griñán o al 3,7 de Diego Valderas, de Izquierda Unida.

El interior, la clave
Las últimas encuestas sitúan al PP-A entre los 53 y los 56 escaños, entre siete y nueve representantes más que en 2008, al límite de la mayoría absoluta. Lo ideal para Génova sería que los mejores presagios se materializaran y Arenas lograra sobrepasar el 50 por ciento de los votos para asegurarse gobernar en solitario.

En las dos últimas elecciones, las autonómicas y municipales de mayo y en las generales de noviembre, los populares han sido la fuerza más votada en el antaño bastión socialista. En primavera, el azul tiñó las ocho provincias andaluzas en una victoria sin precedentes, mientras que en otoño la supremacía de Génova se vio refrendada en casi 400.000 votos de diferencia y ocho diputados nacionales.

Por su parte, el PSOE-A ha intentado asegurar sus nichos electorales en las poblaciones menores y en las zonas rurales. El objetivo de Griñán, una vez asumida su derrota en las urnas, es evitar que los populares logren más de la mitad de los escaños. La empresa se antoja difícil y su propia formación podría dejarse hasta 20 escaños (en la actualidad cuenta con 56) y lograr entre 36 y 40 asientos.

A diferencia de las elecciones autonómicas anteriores, el PP-A ha ganado terreno en las capitales de provincia, donde se espera que repitan triunfo, y en las zonas costeras. Todo indica que Arenas logrará imponerse de nuevo en las ocho provincias, aunque Sevilla es la que más dividida se presenta, y revertir los resultados de 2008, cuando el PSOE se impuso en todas las regiones menos en Málaga y en Almería.

Así, la clave para obtener la tan ansiada mayoría absoluta depende del mordisco que pueda hincarle Arenas a Griñán en la Andalucía rural y evitar que el voto de castigo a los socialistas se desvíe hacia Izquierda Unida o el Partido Andalucista. Si bien no entra en los planes del PP-A tener que pactar, puesto que en Génova se da por sentado que lograrán la mayoría absoluta, aunque de puertas para afuera se pide cautela y contención, la llave a una cómoda legislatura podría tenerla UPyD. La formación que encabeza Martín de la Herrán aspira a lograr uno o dos escaños, justo la diferencia que podría echar de menos Arenas para superar la mitad del arco parlamentario.

Izquierda Unida se mueve entre los nueve y diez representantes y su resultado final depende en gran medida del voto de castigo que se le inflija a los socialistas. Por último, el Partido Andalucista peleará por estar presente en la Cámara andaluza y pocos sondeos le dan más de un asiento.

Una campaña en los juzgados
El pasado 8 de marzo, la campaña electoral andaluza arrancaba con la tradicional pegada carteles y con la sensación de que los siguientes diecisiete días se antojaban históricos. Los dos partidos mayoritarios, todavía con la resaca de las elecciones generales de noviembre, se han enzarzado en un continuo cruce de acusaciones, desmentidos, reproches y ataques con el objetivo de presentarse como la formación de los 8,5 millones de andaluces.

Sin embargo, y a diferencia de otras campañas similares, los juzgados han sido una arena diferente y atípica en la que ambas formaciones han tenido que batirse el cobre para no perder votantes. El más afectado ha sido el PSOE-A, que se ha visto salpicado por el escándalo de los ERE irregulares, que han llegado a implicar a las más altas instancias de la Junta y la causa promete sentar en el banquillo a nombres ilustres de la Comunidad.

En un principio, José Antonio Griñán, que ya adelantado que no dimitirá sea cual sea el resultado del domingo, se empeñó en negar las acusaciones de concesiones irregulares en forma de contratos y subvenciones para, poco a poco, ir plegándose a la evidencia y reconocer que se habían cometido ilegalidades. Hasta tres ex consejeros de Empleo han tenido que declarar ante la juez Mercedes Alaya por su implicación en la trama, que incluye compras de droga, cerca de un millar de expedientes irregulares y decenas de implicados, y ha tenido que ser el último día de campaña cuando Griñán ha admitido (antes lo había hecho de forma velada) su culpabilidad, que no su vinculación, en la corruptela, aunque sólo por no haber detectado antes las ilegalidades.

Además, la guerra interna en el seno socialista a cuenta del Congreso Federal trajo un cruento cruce de acusaciones entre el presidente de la Junta y el de la Diputación de Sevilla, José Antonio Viera. Este último tildó de "caciquil" la actitud de Griñán al, supuestamente, forzar a los representantes andaluces a votar por Carmen Chacón como nueva secretaria general del PSOE en vez de a Alfredo Pérez Rubalcaba. El culebrón acabó con la dimisión de Viera a poco días de que Sevilla, el principal baluarte del PSOE-A en Andalucía, se juegue el todo por el todo en las autonómicas.

Mientras tanto, Arenas ha dejado que los ERE fueran haciendo mella en la credibilidad de su rival y se ha mantenido en una posición conservadora, presentándose como la gran alternativa a los treinta años de gobiernos socialistas y llamando al voto útil para cambiar el rumbo de la región. El PSOE-A ha intentado vincularle con el ex presidente balear Jaume Matas, condenado esta semana a seis años de cárcel por el caso 'Palma Arena', para intentar minar su imagen, pero los andaluces parece que no han cedido a la treta y confían en Arenas para ser el próximo presidente de la Junta.

Demasiadas piezas en el puzzle asturiano
Por su parte, los escasos seis meses que ha permanecido Francisco Álvarez-Cascos en el Gobierno asturiano han servido para refrendar lo que no era ningún misterio: que las diferencias políticas entre Foro de Asturias, Partido Popular y PSOE son mínimas.

El pasado mes de mayo, Foro de Asturias se hacía por primera vez con el poder en el Principado con un exiguo margen sobre el PSOE y, ante la imposibilidad de gobernar en coalición con el PP, decidió afrontar la Legislatura en minoría. Este hecho provocó que Cascos no pudiera sacar adelante los Presupuestos regionales el pasado mes de diciembre y se vio obligado a convocar comicios adelantados. Así, se daba por finiquitado el gobierno más fugaz en la historia de la democracia de Asturias.

Seis meses más tarde, poco ha cambiado el escenario de la región. Las tres formaciones mantienen una lucha enconada por hacerse con cada uno de los 45 escaños con los que cuenta la Cámara asturiana. En los comicios de mayo, Foro de Asturias obtuvo 16 representantes, PSOE, 15; PP, 10; e IU, 4. No parece que se vayan a repetir los mismos guarismos este domingo.



Según los sondeos, que varían mucho en función del signo de quien los haga, la victoria se la disputan socialistas y populares, aunque la balanza se podría decantar por uno u otro bando en el último momento. Todo parece indicar que el votante asturiano no quiere que la situación de atasco de mando de Cascos, que ha alertado a los asturianos de un Gobierno "patrocinado" desde Madrid, se vuelva a repetir y castigará en las urnas a Foro de Asturias, que podría llegar a perder hasta cinco representantes.

En todo caso, ninguno de los tres principales partidos parece que vaya a lograr el número de votos suficientes para poder gobernar en solitario y los pactos se antojan inevitables.

Todos con uno, uno con todos
El primer escenario posible que se puede dar el próximo lunes es que el mayor número de votos sea para el PSOE. En tal caso, Javier Fernández lo tendría muy complicado para gobernar, puesto que Álvarez-Cascos y Mercedes Fernández, la candidata popular, ya han expresado su voluntad de entablar negociaciones en pos de un Gobierno de coalición.

Los socialistas sólo contarían con la alianza natural con Izquierda Unida, que crecería respecto a mayo hasta lograr siete escaños, aunque no les sería suficiente para recuperar el Principado.

La segunda opción que cobra fuerza es la de una victoria de Foro de Asturias o del Partido Popular, aunque en minoría. En tal caso, la intención de ambas formaciones es intentar llegar a un acuerdo entre ellas para gobernar en coalición y desbloquear la situación política del Principado. El problema: las rencillas derivadas del bloqueo presupuestario de diciembre y que ninguno de los dos grupos está dispuesto a hacer muchas concesiones de poder a su rival.



Otra de las posibilidades es la que contempla un pacto entre socialistas y populares para 'cortar las alas' a Álvarez-Cascos. De ser así, el partido con mayor número de votos ostentaría la Presidencia y el número de escaños de cada uno dictaminaría la configuración del equipo de Gobierno. Esta opción, arriesgada cuanto menos, ha ido cobrando fuerza en los últimos días, aunque ninguno de los dos Fernández se ha pronunciado al respecto.

La cuarta y última vía podría situar a las formaciones minoritarias bajo el foco. En caso de que alguno de los tres principales partidos lograra una ventaja sustancial el domingo, Izquierda Unida y hasta Unión Progreso y Democracia, que aspira a la representación parlamentaria, podrían jugar sus cartas para 'vender' su respaldo al mejor postor.

La frontera asturiana se sitúa en los 23 escaños y cada voto puede resultar decisivo, ya que lo que sí está claro es que el triunfador de la velada electoral lo será por un margen muy pequeño. Tras el domingo vendrá otra batalla, la de los pactos, y puede que sea aún más cruenta.

Para contactar: [email protected]
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios