Oriente Medio a vista de pájaro
viernes 23 de marzo de 2012, 21:23h
La primavera es una estación amable y esperanzadora, aunque también inquietante. En esta primavera de 2012, el mundo de Oriente Medio cruje a causa de las tensiones sociales internas que lo torturan. En rigor, en un sobrevuelo por la Región, se perciben esas tensiones con claridad meridiana. Véase si no el panorama actual.
Siria constituye, no ya un campo de polos opuestos, como son el gobierno de Damasco, de una parte, y de otra, el Frente de Liberación (Consejo Nacional), que viene retando al clan Assad, con perseverancia y desorden, desde hace ahora un año. Esta violenta situación interior se ha ido extendiendo desde Homs hasta Idlib, con repercusiones en Alepo, e incluso Damasco. Sin embargo, el aparato militar del Régimen no ha dudado en reprimir el movimiento opositor a sangre y fuego. Puesto que la intervención armada de Occidente no cuenta con el apoyo de Rusia y China en el Consejo de Seguridad onusino, Obama y la secretaria de Estado norteamericana son del criterio de que el aislamiento internacional (retirada de embajadores) y un boicot comercial y financiero estrictos podrían, en plazo previsible, debilitar el Régimen y causarle una fractura letal que daría al traste con sus leales.
No es fácil prever la duración de la resistencia anti-gubernamental en Siria; mientras tanto el éxodo castiga a miles de sirios que encaminan sus vidas hacia las fronteras de Turquía, Jordania e Iraq.
Con este trasfondo de resistencia de la oposición inorgánica y de contrarrevolución gubernamental al inicio de un cambio en Siria, obsérvese de paso el estado de tensión interior que se vive también en el Egipto post-electoral.
Mientras que la sociedad bulle -y no sólo en El Cairo y Alejandría-, los estados mayores de los partidos políticos se adiestran con ahínco para consolidar posiciones; y con el cálculo puesto, además, en los comicios que decidirán, entre mayo-junio del año en curso, qué candidato a la presidencia de la República será el predilecto de las urnas. Dos de ellos, entre varios otros, parece que llevan una clara ventaja de salida: Amr Moussa, ministro de Exteriores durante el antiguo régimen y, hoy, no malquisto por las fuerzas armadas egipcias; y en segundo lugar, Aboud Fotouh, líder político del ala “avanzada” de la Cofradía de los Hermanos Musulmanes, que cuenta con la “bendición” de la personalidad avuncular de la Cofradía: Khairat el-Shater.
La opinión pública internacional sigue pendiente del destino político inmediato del país del Nilo. Así continuará siendo hasta que el Parlamento (bajo la batuta del islamista ¿moderado? Saad al-Katani) cuente con un presidente de la República que le permita a Egipto emprender rumbo hacia la consolidación democrática de las instituciones. Por el momento, largo se aventura el itinerario a recorrer.
Desvíese a continuación la mirada hacia la meseta de Irán, y allí se percibe otro foco de distensión interna “maquillada”, localizado aquél alrededor de la presidencia que encarna el ayatollah Ali Khamenei. El Guía de la nación ha sido respaldado en las elecciones habidas en el país hace escasamente un mes, y el presidente del gobierno, Mahmoud Ahmadineyad, inmerso en el inicio de un ocaso político irreversible, según algún que otro iranólogo acreditado. Más allá del pulso que mantienen estos dos tribunos de Irán, la nación está embarcada desde 1979 en la crisis de sus relaciones exteriores. Pero, ahora, el designio nuclear que acaricia Teherán lo ha colocado en una diana internacional más peligrosa. La percepción alarmista del antagonismo iraní ha avivado la “belicosidad defensiva” en Israel. Una belicosidad que hasta la hora presente contrarresta la diplomacia estadounidense del palo y la zanahoria. Ignacio Rupérez ha centrado cabalmente la doble crisis iraní en un conocido diario español: el pulso interior entre las dos magistraturas político-religiosas, y el pulso exterior de Irán con las potencias del sistema -y contra la pinza americana-israelí particularmente- que intentan impedir su ascenso al ranking de potencia nuclear. ¿Cómo se despejarán los nubarrones que se condensan gradualmente sobre un contencioso nada tranquilizador? ¿Prevalecerá la solución negociada, o se les escapará el tema a los actores del juego?
Llegamos al final del sobrevuelo inicial que propusimos ab initio para contemplar, en bosquejo escueto, las tensiones en Oriente Medio a la altura de una primavera que acabamos de inaugurar.
El topónimo Afganistán y su eco (¡tan, tan!) conduce de inmediato a lo que, desde hace más de un par de años, se ha venido voceando en esta columna de EL IMPARCIAL: la guerra americana desplegada en contra de la insurgencia talibán inmersa en una sociedad tribal sui generis, y gobernada por una casta de sospechosos señores (no tanto de la guerra, como de los negocios opiáceos y armamentistas) ha sido siempre una guerra incierta para Washington y el Pentágono. El respaldo paquistaní a muchos fedatarios afganos que respaldan sin recato la insurgencia; los errores psicológicos que siguen cometiendo encadenadamente las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en suelo afgano; y la necesidad que acucia a Obama para conseguir la desmilitarización de la política exterior de Estados Unidos, con el pensamiento puesto en las elecciones presidenciales que se avecinan a todo galope, constituyen un ensamblaje de factores internos y externos que aconseja la retirada de las tropas aliadas en Afganistán en 2014. La visita reciente de David Cameron a Washington no ha venido sino a visibilizar de nuevo la conjunción anglo-americana en lo que a un final de las guerras americanas en Asia central concierne; cuando, además, Hamid Karzai comienza a poner caras destempladas al aliado americano.
¿Conclusión?, pues ésta es, sin más rodeos: la primavera del año en curso significa -y así será entre mayo-junio de 2012- una estación decisiva para un Oriente Medio en estado de mutación profunda. Una Región, para más señas, que no puede dejar indiferentes a los miembros de la sociedad internacional globalizada por un imperativo doble, energético y estratégico.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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