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Más de lo mismo en Andalucía

Rafael Sánchez Mantero
lunes 26 de marzo de 2012, 21:47h
El PSOE no desaloja el Palacio de San Telmo, pero tendrá que admitir la convivencia con nuevos inquilinos. Eso es lo que ha dado el resultado de las elecciones andaluzas y así hay que aceptarlo. La más que probable alianza con IU permitirá a los socialistas seguir gobernando Andalucía durante otros cuatro años más. Las encuestas daban la victoria al Partido Popular, y aunque no garantizaban la mayoría absoluta, auguraban una diferencia sustancial con respecto al Partido Socialista. Una vez más, los sondeos han fallado. O los votantes esconden sus intenciones, o las técnicas que utilizan las empresas demoscópicas carecen de rigor. Por eso a algunos les habrá sorprendido el resultado, cuando las previsiones que se habían hecho eran muy distintas. Andalucía, a pesar de los últimos escándalos, de las acusaciones de corrupción que pesan sobre varios de sus dirigentes y de la ininterrumpida melodía que supone nada menos que cuatro décadas de gobierno socialista, sigue votando a la izquierda. Y es que resulta todavía difícil concebir que en las zonas rurales andaluzas se vote a la derecha. El cliché que se tiene de los populares es todavía el de los “señoritos” que antaño mandaban en los pueblos. El PP no ha podido desprenderse de esa pátina clasista que tanto contribuyó a caracterizar a la derecha en épocas pasadas. La política de progreso social y de cambio la ha monopolizado la izquierda de tal manera que no ha dejado espacio para que otros la defiendan. El PSOE ha sabido vender muy bien que el cambio de Rajoy es la vuelta atrás y el regreso a la caverna. Lo demás ha corrido a cargo de la política de subvenciones que ha secuestrado la voluntad de muchos andaluces y de la labor machacona de Canal Sur que, en manos del gobierno autonómico, no ha dejado de enviar mensajes claramente partidistas a una audiencia que lee pocos periódicos y que solo se entretiene con los programas chabacanos y de escasa calidad que reciben en sus pantallas.

Y lo peor no es que Andalucía siga con esa aburrida monotonía de un gobierno que no cambia desde hace tanto tiempo y que no consigue sacarla de su atonía, sino la imagen que transmite esa inmovilidad de los andaluces a quienes la contemplan asombrados desde fuera. ¿Tan felices y satisfechos se sienten sus votantes como para perpetuar a un gobierno que mantiene a su Comunidad en la cola del paro, de la educación y del desarrollo? ¿No estarán demasiado acomodados a esa cultura de la subvención que les permite sobrevivir sin grandes esfuerzos a base de la ayudas que tan generosamente se distribuyen desde la Junta? ¿No será esa la razón de su inmovilismo? De nuevo la indolencia, la pereza y la desgana que han atribuido en el pasado a los andaluces algunos venidos desde fuera y que son hoy el fundamento para que otros los acusen -como recientemente hizo Durán y Lleida- de pasarse todo el día acodados en la barra de la taberna y renunciando a arrimar el hombro para salir de su indigencia. Comentarios se han leído y escuchado ya en este sentido después de conocerse los resultados de las elecciones y no es bueno para nadie crear la sensación de que, en este conocido escenario que se abre a partir del 25 M, de nuevo Andalucía sea la representación de la incuria, del atraso y del conformismo.

Rafael Sánchez Mantero

Catedrático de Historia Contemporánea

RAFAEL SÁNCHEZ MANTERO es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla

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