Lecturas postelectorales
martes 27 de marzo de 2012, 21:01h
Los resultados electorales del pasado domingo en Andalucía y Asturias han descolocado a muchos. En el último caso, la verdad es que muy pocos pensaban que fuera a cambiar el mapa electoral respecto a las elecciones de hace menos de un año, y las encuestas así lo mostraban. Sólo Francisco Álvarez Cascos confiaba en que los asturianos comprendieran su discurso de que no le dejaban gobernar y que, por lo tanto, necesitaba una mayoría más amplia. El tiro le ha salido al cazador por la culata y ha perdido votos y escaños. Foro Asturias y PP deberían reflexionar sobre si los personalismos no deberían dejarse aparte y pensar más en el interés colectivo de los asturianos. El resultado del PP, tras el fiasco del efímero gobierno de su antiguo exvicepresidente, no ha sido nada bueno. En cualquier caso, a estas horas, todavía no se puede saber quién podrá formar gobierno porque las posibles coaliciones dependerán de si los votos de los residentes ausentes, que se cuentan el miércoles, otorgan un escaño más al PSOE, lo que le permitiría gobernar, como lista más votada, con el apoyo de IU y UPyD. Esta última formación, que se estrena en el parlamento asturiano, puede tener la llave del gobierno, porque también podría con su único voto dar la posibilidad de gobernar a una colación de Foro Asturias y del PP.
En Andalucía, las encuestas se han equivocado y el PP no ha conseguido la mayoría absoluta esperada, que le hubiera permitido formar gobierno a Javier Arenas. A pesar de que ha obtenido el mejor resultado en unas elecciones autonómicas y que ha ganado las elecciones, su cara patética en la noche electoral es la más clara muestra de que en política no gana quien tiene más votos sino quien tiene posibilidades de gobernar. Los más de 425.000 votos perdidos respecto a las últimas elecciones generales junto con el traspaso de 120.000 votos del PSOE a IU son las claves de por qué el monumental hundimiento del PSOE, que ha perdido 9 escaños y casi 600.000 votos respecto a las últimas elecciones autonómicas, no se ha traducido en una victoria arrolladora del PP. En Andalucía, UPyD, que podría haberse convertido en clave de gobierno, no ha sabido ganarse los votos de la desilusión, ni de los desilusionados con el PSOE ni de los desilusionados con el PP. Muchos desilusionados han preferido abstenerse que dar su apoyo a un partido que no acaba de definir bien su posición en el espectro político ni construir un discurso capaz de presentar y transmitir un programa complejo y coherente. El mérito de Rosa Díez es innegable, pero también convendría analizar los deméritos y sus limitaciones.
Las políticas de Mariano Rajoy, por mucho que se empeñen en negarlo desde la sede central del PP y desde la sede andaluza, han influido en el resultado electoral.
Esos más de 425.000 votantes que dieron su apoyo al PP en las generales y que ahora se lo han quitado tendrán razones muy diversas para haber tomado cada uno la decisión que ha tomado, pero no es aventurado pensar que en esas decisiones personales han influido los recortes en los derechos laborales, los recortes en los programas de bienestar y la subida de impuestos con que Rajoy ha empezado su Gobierno, bien es cierto que condicionado por la situación económica y el ambiente internacional, pero en flagrante contradicción con muchas de sus afirmaciones durante la campaña electoral y en el mismo discurso de investidura. Arenas ha paseado por Andalucía a muchos ministros, especialmente a los andaluces, con tan mala suerte de que dos de ellos, Báñez y Montoro, son las cabezas visibles de los recortes de las políticas de Rajoy.
Además, es posible --ya habrá encuestas que lo muestren-- que muchos votantes hayan pensado que dar el poder en Andalucía al PP era otorgarle demasiado poder en el conjunto de España y con una razonable inteligencia han creído oportuno que debía existir algún contrapeso a un poder que podría haber llegado a ser omnímodo.
El PSOE, a pesar de su malísimo resultado electoral en Andalucía, sale mejor parado de las elecciones de este último fin de semana, pero se equivocarán sus líderes si no reflexionan sobre las causas de las pasadas derrotas y no toman medidas eficaces contra la corrupción, como debe hacerlo también el PP. Los buenos resultados de IU pueden forzar al PSOE a hacer un giro a la izquierda, pero éste debiera meditarse suficientemente para no caer en los mismos errores que ya cometió Zapatero en su primera legislatura.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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