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Crónica económica

Las consecuencias a largo plazo del paro

miércoles 28 de marzo de 2012, 20:19h
El paro es un hecho desgraciado porque la persona que quiere trabajar y no puede se frustra en sus objetivos. Deja de ganar unos ingresos, con lo cual se le reduce su capacidad de cumplir otros planes. Pero las consecuencias pueden ir mucho más allá.
El paro, digámoslo desde el comienzo, es un fenómeno raro en una economía plenamente de mercado. En una economía así, en la que cada parte llega a acuerdos voluntarios con la otra, las variaciones del ciclo, los cambios en los gustos de los consumidores, la aparición de nuevas tecnologías o nuevas ramas de producción, se ajustarían por medio del juego de la demanda y la oferta, y del precio. Un sector decae, por ejemplo, y las contrataciones hacen lo propio. La caída de la demanda de empleo lleva a una caída en los salarios. Los trabajadores ven menos atractivo ese empleo, y buscan emplearse en otros sectores u otras empresas.

Hay modelos de mercados “perfectos”. Son modelos que nada tienen que ver con la realidad. Tampoco son necesarios. Basta con que sean libres. En un mercado libre, con todo, existe la posibilidad de que haya algo de paro. El factor trabajo es a la vez genérico y específico. Pero la inversión en capital humano tiende a hacerlo más específico. Y si el sector para el que está preparado el profesional se viene abajo, le costará más encontrar otro empleo. Además, como explicaba Phillip Whicksteed, hay una “demanda de reserva”, también para el trabajo. Es lo que respondería a la expresión “en esas condiciones, prefiero no trabajar”.

Pero en una economía fuertemente intervenida no es descartable que haya situaciones de brutal descoordinación entre la oferta y demanda de trabajo. Especialmente cuando la regulación específicamente laboral se concibe no para facilitar el juego del mercado, sino para impedirlo. Claramente, es la situación que vive España.

Además de las consecuencias más inmediatas que sufre la persona desempleada, ¿qué otras consecuencias, más a largo plazo, puede sufrir? Economix, el blog del NY Times, se fija en este problema. “La gente que pierde su empleo”, dice el autor del artículo, Binyamin Applebaum, “incluso si al final encuentran otro trabajo, pierden en su potencial para obtener ingresos, en su salud, y en las perspectivas de sus hijos. Aparentemente”, precisa tras haber revisado la reciente literatura, “cuanto más se tarde en encontrar un empleo, más profundo es el daño”.

Cita un estudio de 2009, que le siguió la pista a los trabajadores que perdieron el trabajo en la crisis de comienzos de los años 80’. Éstos, a lo largo de sus carreras, y en comparación con otros trabajadores comparables y que mantuvieron su empleo, perdieron de media un 20 por ciento de sus ingresos a lo largo de su vida laboral.

Otro informe, que parte asimismo de la crisis que tuvo que gestionar Ronald Reagan pero que se centra en el caso de los trabajadores de Pennsylvania, ha encontrado que quienes se quedaron sin empleo a una edad superior a los 40 años, vivieron de media algo más de un año menos que los demás.

Applebaum cita aún otro estudio, que considera “particularmente deprimente”. Es el que hace referencia a que los hijos de los desempleados también sufrían consecuencias de largo alcance. “El estudio siguió los ingresos de 39.000 padres e hijos canadienses durante un período de 30 años, contando desde finales de los años 70”. El estudio concluyó que los hijos de aquéllos que habían perdido su empleo ganaban, de media, un 9 por ciento menos que los demás, siempre utilizando parámetros comparables.

El desempleo es una situación cruel. Pues cada mes que pasa se hace más difícil salir de ella. Basándose en las experiencia de los Estados Unidos durante un período de 30 años, un informe elaborado por el Banco de la Reserva Federal de Chicago encontró que los trabajadores que llevaban un mes en el paro, tenían una probabilidad de encontrar otro en el mes siguiente del 34 por ciento. Pero los que llevaban ya siete meses en el desempleo tenían ya sólo un 19 por ciento de probabilidades de encontrar un puesto de trabajo en el mes siguiente.

La pérdida de contacto con los hábitos del trabajo, la pérdida de oportunidades de adquirir nuevas habilidades, la pérdida de oportunidades de ejercer crecientes responsabilidades… todo ello influye en la capacidad futura de generar ingresos por medio del trabajo. Incluso se pierden habilidades ya adquiridas, como por ejemplo la capacidad de comprensión lectora, según todavía otro informe recabado por Applebaum.

Con todo, el mercado siempre da nuevas oportunidades, y en un momento de cambio de la estructura productiva, como el actual, el paro puede incluso suponer una oportunidad para replantearse la propia carrera profesional, y dar el salto a sectores con un mayor futuro.
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