Huelgas y elecciones previas
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 28 de marzo de 2012, 21:17h
Huelga general. Paralizado el transporte, paralizado todo. Aunque quieras elegir trabajar, si no tienes como acercarte a tu trabajo, la situación es imposible. Con lo cual se multiplica por mil el efecto de la huelga.
Hace una semana, antes de las elecciones, los convocantes tenían cierto susto de que la huelga fuera un fracaso. Hoy, tras “ganar” Andalucía y casi Asturias, la situación psicológica y moral es distinta, más crecida, casi de victoria plena.
Sé bien que estamos instalados en una sociedad que siempre, absolutamente siempre, mira adelante sin reparar en un examen de conciencia de porqué hemos llegado hasta aquí, hasta la situación que se dice luego que hay que superar. Es una sociedad que ha decidido prescindir de la culpa, porque en realidad, lo que quiere es prescindir de la idea de responsabilidad. Se trata de poder hacer cosas, aprovecharse incluso si se puede de la situación, y luego, si se produce un fiasco o simplemente si la situación es la de que no hemos podido atender seriamente a las exigencias de la realidad, máxime si hemos sido beneficiados de ella, que nadie nos pida cuentas.
La idea de responsabilidad es absolutamente capital en un mundo occidental y moderno. Y cuando esto falla, comienzan a quebrarse muchas cosas.
Por eso, quizás, no se suelan pedir explicaciones sobre lo que se hizo en el pasado. Y eso también se aplica a quienes han diseñado toda la estrategia gubernamental de atender primariamente a las exigencias internacionales, alemanas principalmente, y a los mercados, sin adoptar antes criterios de “fortalecerse para competir”.
En efecto, con buena fe y algo de desconexión con la realidad, el Gobierno ha trabajado intensamente en la creación de instrumentos de reforma del mercado financiero, de los deudores hipotecarios, de austeridad en el gasto, también de la reforma laboral.
Pero quizás alguien debió ayudar a pensar que este último aspecto tenía que hacerse por etapas y desde luego en modo alguno abruptamente antes de las elecciones andaluzas (y asturianas). Tenía que haber habido mayor astucia en todo caso y desde luego haber apurado con alguna sabiduría los restos de una tradición de consenso, aunque fuera por última vez. Es claro que si los funcionarios han sentido que se les va a recortar su sueldo y que los ciudadanos ven que el IRPF se les viene encima con mayor presión, sólo cabe ya que se dispare toda la crítica, certera o equivocada (sobre esto hay que enfriar el ánimo y examinar lo que se ha hecho) sobre la reforma laboral para que se caliente una victoria en la huelga general, que por cierto puede ser un desastre para nuestra economía.
Debió quizás actuarse de manera mucho más humilde, convocar incluso en el más alto nivel a los sindicatos, obligarles ante la opinión pública a encerrarse con Gobierno y patronal ( y a ésta igualmente obligarla) y no salir de la sala hasta que se lograra el acuerdo, bien entre las partes, o bien con aceptación de arbitraje gubernamental, pactado o establecido según las circunstancias. Y solo después con el acuerdo entre las partes contratantes y el Gobierno, salir ante la propia opinión pública indicando que se ha llegado a un acuerdo, con foto incluida de los agentes sociales y el Gobierno.
Naturalmente, no habría sido la última reforma laboral, pero es que tampoco ésta lo será. Y desde luego, la tradición o si se prefiere el uso al que hemos llegado ha consistido en realizar reforma tras reforma.
¿Habrían soportado los mercados y la Unión Europea una situación así hasta anteayer? Sin duda habría habido dificultades. Pero si se tiene una fecha tope, final, como teníamos aquí con las elecciones, no veo imposible que se hubiera explicado bien que las reformas habrían tenido al menos dos fases ( y me quedo corto). Que era necesario primero fortalecerse para competir y que eso pasaba inevitablemente por lograr un mapa electoral uniforme y sin graves y grandes focos de resistencia.
Hoy mismo, en EL IMPARCIAL, el Ministro De Guindos, rechaza que España deba acudir al fondo de rescate para sanear la banca. Quiere decirse que, con todos los inmensos esfuerzos, que el Gobierno ha realizado, en esas estamos. Bien explicado que se irá más adelante y con paso firme si se consigue disponer de todos los territorios regionales y que las políticas serán uniformes, los mercados no tendrían por qué haber reaccionado de manera muy distinta. Y ahora, llevar adelante las políticas, como vamos a ver mañana mismo con la huelga, reforzada por la falta de éxito del partido del Gobierno, hará mucho más costosa la implantación de la reforma y en su aplicación será mucho más complicado lograr el éxito.
Hay que hacer examen de conciencia, mirar también con el espejo retrovisor – imprescindible si se quiere ir hacia adelante sin darse golpes – y saber que no se cambia la sociedad por decreto. De eso, también, ha habido mucho en Andalucía y Asturias, por causas culturales distintas, que quizás en otro artículo algún día comentemos.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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