www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

paso cambiado

[i]Huelga política, puñalada a España[/i]

sábado 31 de marzo de 2012, 12:56h
Al margen de la violencia antisistema en algunas ciudades catalanas, vascas o gallegas, y aunque saquen pecho los sindicatos, la huelga de este jueves resultó bastante discreta, y hubiera sido casi invisible de no haber sido por la obstrucción legal o ilegal al derecho al trabajo, con las presiones a la gran industria, al comercio y a los transportes. Pues toda huelga juega con trampa, y ésta, ni siquiera con ella ha paralizado la actividad. Obviamente, la ha disminuido, porque la huelga genera miedo social, los padres temen llevar a sus hijos al colegio, la gente no quiere salir a la calle porque siempre hay oportunos incontrolados, y los trabajadores no pueden soslayar las acusaciones de esquirol de quienes son sus compañeros pero no dudan en convertirse en sus secuestradores.

Por eso, la principal y esperada consecuencia de la Huelga General Política, el punto culminante del imaginario de la izquierda, no tiene que ver con su éxito o fracaso (indemostrables) en la política doméstica, sino en su impacto externo: el deterioro de la imagen de España, la inquietud de los inversores, la desconfianza de los socios europeos y la exposición en imágenes de que paulatinamente las cosas en España tienden a viajar de lo malo a lo peor. Que vamos hacia Grecia, y que nos mereceríamos lo que pasa allí. Pues para nuestros socios, que a la vez son competidores, nada les produce más placer que ver una foto con barricadas incendiadas y alguien con sangre en la cara, además de muchas banderas rojas, que eso sí resulta tan moderno como la Unión Soviética.

Porque otra cosecha no va a tener, puesto que el Gobierno no cederá en su reforma laboral, y no porque no quiera (que creo que no) sino porque no puede. Es tal la situación de quiebra en España, es tanto el dinero dilapidado, es tanta la diferencia entre lo que hemos gastado (prodigioso bienestar socialista) y lo que ingresamos, que sólo se puede recortar y rezar, y no sé por qué orden. Y con camino a los seis millones de parados, sólo podemos soñar en el cambio del marco laboral, y ni siquiera estamos seguros de a qué plazo serviría.

Según la opinión sindical y de la izquierda, con la asombrosa complicidad de ese PSOE que no tarda un minuto en tirarse a la calle cuando deja el poder, la vía de la conflictividad social es la adecuada para enfrentarse a la crisis. Son unos genios. Si lo hubiéramos sabido antes, quienes discrepábamos del Gobierno socialista y su desbocada gestión hacia la catástrofe hubiéramos hecho ochenta huelgas generales.

Pero no va por ahí la cosa. Lo único que causará la agitación callejera es el retraimiento de las inversiones, del turismo, de la actividad, de la confianza interna y del interés de los empresarios por el riesgo y por el crecimiento. Lo que tendrá como inmediato corolario el aumento del paro.

No se equivocan los sindicatos en la protesta por anticipado. En efecto, de los asistentes a las manifestaciones de ayer, un buen número está abocado a las filas del INEM. Y crecerá con cada huelga, manifestación, algarada, barricada, intimidación, amenaza u obstáculo para la actividad comercial o industrial. La desgracia añadida es que con esa estrategia de confrontación también se condenará a quienes saben que ése no es el camino, sino más bien el de apretarse los dientes y luchar por su trabajo. Y aún más desgracia es que los únicos que se beneficiarán por la huelga, los únicos que cobrarán por haberla hecho, los únicos que resistirán hasta el último momento al despido serán los liberados sindicales, sin contar a los inefables parlamentarios de la izquierda.

Pero, ¿qué importan las consecuencias para España? Hay objetivos muy superiores. Que la izquierda vuelva al poder. Que los deteriorados sindicatos puedan mantener el inmenso chollo de su financiación. Que se pueda ganar un pulso a la derecha recién votada. Que se enteren quien manda aquí, si las urnas o la calle.

Toxo y Méndez son líderes sindicales, pero ello no les hace necesariamente proclives a la ceguera o a la estupidez. Y ellos saben que el Gobierno de Rajoy está condicionado para hacer durísimas reformas, pero no porque se lo imponga Europa, sino porque nos hemos gastado varias veces más de lo que tenemos y porque estamos en el colapso del empleo. Y, puesto que lo saben, solo hay una explicación al pulso callejero y a su amenaza de escalada en el conflicto: ser tenidos en cuenta en las cocinas del poder y facilitar un cambio político a favor de la izquierda. Salvo que realmente los sindicatos quieran hacer de España un país quebrado como Grecia, lo que puede no ser justo decir, pero es fácil de comprobar, porque estamos a un telediario.

Al Gobierno le toca aguantar el pulso con la habilidad que sea necesaria, en su comunicación ante la opinión pública y en su determinación para encontrar salidas al desastre en el que cada vez nos sumergimos más. Tiene pinta de que lo hará, pero también de que cada vez le va a costar más la salida del agujero, porque la izquierda sindicalizada le va a poner todos los palos posibles en las ruedas. Al Gobierno y, de paso a España.

Conviene, para terminar, hacerse algunas preguntas básicas:

Señor empresario: ¿Después de la Huelga General está usted animado a contratar a más trabajadores?

Señor trabajador: ¿Después de la Huelga General está usted más confiado en la salida de la crisis y el mantenimiento de su puesto de trabajo?

Señor parado: ¿Después de la Huelga General cree más cercano encontrar un empleo?

Señor inversor: ¿Después de la Huelga General se siente más motivado para invertir en España?

Señor turista: ¿Después de las imágenes televisivas de la Huelga General, tiene más interés en viajar a España?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios